¿Cómo va esa canción? Esta ave no la conoce

Mike Ives
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Machos del ave mielera regente en Capertee Valley, en Nueva Gales del Sur, Australia. (Lachlan Hall vía The New York Times)
Machos del ave mielera regente en Capertee Valley, en Nueva Gales del Sur, Australia. (Lachlan Hall vía The New York Times)
Un ave mielera regente hembra en el Parque Nacional de Capertee, en Australia. (David Stowe vía The New York Times)
Un ave mielera regente hembra en el Parque Nacional de Capertee, en Australia. (David Stowe vía The New York Times)

Parece que todo el mundo se sabe la canción, menos tú…

Los humanos que cantan en karaokes saben lo que se siente. Al parecer, también las aves y es un gran problema para una especie aviar en Australia.

Conforme la población del mielero regente se fue desplomando a lo largo de los años al punto de ahora ser una especie en peligro crítico de extinción, algunas de las crías de esta ave ya no encontraban a otros individuos mayores que les enseñaran a trinar, de acuerdo con un estudio nuevo. Como resultado, estos pájaros no han logrado aprender los cantos que necesitan para los rituales de apareamiento y otros asuntos evolutivos.

Intentan compensar su desconocimiento imitando canciones de otros tipos de aves. Pero, puesto que las hembras de los mieleros regentes no se conmueven fácilmente con melodías desconocidas, el ritual de apareamiento queda destinado a fracasar.

“Descubrimos que algunos machos se la pasan todo el día cantando en busca de una compañera si no tienen pareja”, afirmó Ross Crates , autor principal del estudio y becario posdoctoral de la Universidad Nacional Australiana en Camberra .

Uno o dos amoríos fallidos no serían un problema reproductivo en una población saludable, pero para una especie con aproximadamente de 200 a 400 miembros dispersados en un área del sureste de Australia que es mayor que el Reino Unido, la pérdida de la cultura de sus cantos podría ser lo que los investigadores han llamado un “precursor de la extinción”.

El estudio fue publicado el miércoles en la revista académica Proceedings of the Royal Society B. Se analizaron los avistamientos de mieleros regentes salvajes de julio de 2015 a diciembre de 2019 y grabaciones de campo de estos animales desde los años ochenta hasta la actualidad.

Los investigadores encontraron que el 12 por ciento de los mieleros regentes macho en el estudio no lograron aprenderse ningún gorjeo específico de su especie. Alejarse de la “norma cultural de la región” estuvo asociado con un menor éxito reproductivo y aprender a cantar los gorjeos de otras aves no ayudó.

“Es un trabajo exquisito que narra una historia terrible”, David Watson, profesor de Ecología en la Universidad Charles Sturt en Australia, quien no participó en la investigación, comentó sobre el nuevo estudio.

“Es ciencia que se realizó con cuidado, inferencias razonables y basadas en evidencia que, en unas cuantas páginas, describen el sonido de la extinción de una especie”, escribió Watson en un correo electrónico. “No es un estruendo, sino un gimoteo sosegado y paulatino”.

Estos hallazgos resaltan la importancia de considerar la diversidad cultural de los animales en los estudios de conservación, opinó Kristina Paxton, investigadora posdoctoral en la Universidad de Hawái, campus Hilo, que ha estudio el canto de las aves de los bosques hawaianos, pero no participó en la investigación de Australia.

“Este estudio se suma a la comprensión cada vez mayor de que en muchos animales, como en los humanos, la pérdida de la identidad cultural puede tener efectos de largo alcance en su capacidad para persistir”, añadió.

Los mieleros regentes son una especie social que antes se desplazaba en bandadas y se alimentaba de los eucaliptos en flor y árboles de muérdago en una zona de Australia que más o menos se extiende de Melbourne a Brisbane. Estas aves trinan no solo para aparearse, sino también para marcar su territorio y comunicar consejos sobre dónde encontrar alimento.

Pero a medida que se han desforestado zonas de bosque templado en toda Australia en las últimas décadas, la población de estos pájaros también se redujo: pasó de unas 1500 aves a finales de los años ochenta a una quinta parte de esa cifra más de dos décadas después, según datos del gobierno. Esta especie también empezó a perder batallas territoriales con sus competidores, como el minero ruidoso, otro pájaro mielero conocido por su comportamiento agresivo.

Hace un siglo “había muchos mieleros regentes que podían hacerle frente a los mineros ruidosos”, dijo Mick Roderick , gerente de programa en el grupo de defensoría Birdlife Australia. “Pero ahora, puesto que literalmente solo hay un par aquí y un par allá —son muy escasos— son blancos fáciles”.

Un mielero regente por lo general hace un gorgorito similar al de un pavo pequeño y “aplauden” con el pico mientras cantan, explica Crates. Pero cuando los machos jóvenes no encuentran mentores de los que aprender, intentan imitar los gorjeos de otras especies, incluyendo uno que suena “metálico” y otro que es como un silbido repetitivo.

Crates dijo que una analogía humana apropiada sería la de las sociedades indígenas de Australia y Estados Unidos, cuyas lenguas se han perdido porque la población disminuyó tanto que ya no fue posible conservarlas.

“Es bonito poder hablar dos idiomas, pero si eso es en detrimento de tu capacidad de comunicarte en tu lengua materna y no puedes relacionarte con tus amigos y familiares, ni con cualquier persona con la que quieras salir, tiene un precio”, comentó.

This article originally appeared in The New York Times.

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