Canadá amaba a su reina, pero no tanto a la monarquía

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Los canadienses estuvieron apegados a Isabel II, su reina, hasta el final pero su relación con la monarquía se ha vuelto cada vez más tensa y su muerte el jueves reavivará el debate sobre el sistema político del país, estiman expertos.

"Canadá es una excepción monárquica en medio de un continente bastante republicano", dijo Marc Chevrier, profesor de política en la Universidad de Quebec, en Montreal.

En unas semanas, tras el período de duelo, "resurgirán los debates en torno a la pertinencia de seguir siendo una monarquía, la caja de Pandora está abierta", agregó.

Para honrar la muerte de quien fuera su "reina durante casi la mitad de la existencia de Canadá", como recordó el primer ministro Justin Trudeau, el país entró este jueves en un período de luto de diez días. En todo el territorio las banderas se izaron a media asta y se planea una ceremonia conmemorativa nacional en la capital, Ottawa, el mismo día del funeral en Londres.

Pero detrás de la pompa oficial, el país tiene una relación cada vez más ambivalente con la monarquía. "Incluso en la Canadá de habla inglesa, el apoyo a la monarquía ha disminuido con los años", dijo Philippe Lagasse, profesor de la Universidad de Carleton en Ottawa y experto en el papel de la Corona en su país.

Según una encuesta de abril, una mayoría de canadienses (que asciende a 71% en la provincia de Quebec, de habla francesa) querría incluso terminar con la monarquía. El 67% dijo que se oponía a que Carlos sucediera a su madre como rey de Canadá y su visita al país en mayo pasado pasó casi desapercibida.

En Canadá, el monarca británico es el jefe de Estado, pero el rol es en gran medida protocolar. Quien detenta el poder es el gobernador general, representante del soberano en el país y nombrado por el primer ministro.

Actualmente ese cargo lo ocupa Mary Simon, una esquimal del norte de Quebec. Es la primera gobernadora general indígena de Canadá.

- Borrar los vínculos con la Corona -

Pero para seguir el ejemplo de Barbados, que en 2021 eligió separarse de la Corona británica y convertirse en república, Canadá tendría que realizar una profunda reforma de sus instituciones.

"La monarquía es la piedra angular de todo el derecho constitucional", explicó Chevrier en referencia al principio fundacional en el nacimiento de Canadá como país, en 1867. Por ejemplo, señaló, "el cargo de primer ministro ni siquiera aparece en la Constitución canadiense, que solo menciona al monarca".

Reformar la Constitución y abolir la monarquía requeriría un esfuerzo titánico y posiblemente años de negociaciones políticas, ya que requiere la aprobación unánime del Parlamento y de los gobiernos de las 10 provincias canadienses.

Y en un Canadá cada vez más dividida políticamente, ese debate probablemente podría encender la polémica.

Según Lagasse, con el tiempo todo el simbolismo asociado a la realeza será discutido y probablemente revisado para seguir borrando los vínculos con la monarquía británica.

El rostro de Isabel II aparece en monedas y billetes de 20 dólares canadienses, por ejemplo.

Ciertos protocolos también tendrían que cambiar, en particular el juramento de ciudadanía. Actualmente, cada nuevo ciudadano canadiense debe prometer su "lealtad a Su Majestad la Reina Isabel II, reina de Canadá, a sus herederos y sucesores".

Esta disposición legal ya fue objetada sin éxito en los tribunales, en 2014, por inmigrantes que argumentaron que violaba sus creencias religiosas y de conciencia.

Para una población canadiense cada vez más diversa y multicultural, pero que a su vez está lidiando con su pasado colonial, el vínculo con la monarquía parece cada vez menos relevante.

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