Así lograron mantener a raya el Covid en este campus universitario

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Shynell
Shynell "Nelly" Moore, un estudiante de tercer año de la Universidad de Colorado Mesa, quien contrajo COVID-19 el otoño pasado y estuvo en cuarentena en el dormitorio COVID, en Grand Junction, Colorado, el 26 de marzo de 2021. (Eliza Earle/The New York Times).

Un fin de semana de agosto pasado, Shynell Moore despertó con dolor de cabeza y garganta. Moore, quien en aquel entonces estaba a unas pocas semanas de haber iniciado su tercer año de la carrera en la Universidad de Colorado Mesa (CMU, por su sigla en inglés), sacó su teléfono y abrió una aplicación llamada Scout, la cual rastrea síntomas.

Unos segundos después de haber ingresado sus síntomas, la pantalla cambió a color rojo: tal vez tenía COVID-19, según la aplicación. De inmediato, recibió la llamada de un administrador de la escuela y, antes de que acabara el día, ya había empacado algunas prendas de ropa y su pez Betta, Dumbo, y se había mudado a una vivienda para pasar la cuarentena. Se enteró pronto de que su prueba de COVID-19 había sido positiva.

Después de varios días en cuarentena, Moore quiso percibir el olorcillo maloliente que suele tener la comida de Dumbo. “No podía oler”, comentó. “Y luego me tomé un poco de jarabe para la tos y no me sabía”. Moore abrió Scout y dio clic en una opción: “Perdí el gusto o el olfato”.

Cada vez que ingresaba un síntoma, la información era transmitida a Lookout, el tablero digital de la universidad para la COVID-19. Durante los meses siguientes, Lookout evolucionó hasta convertirse en un sistema sofisticado para rastrear los síntomas de la COVID-19 y los casos en todo el campus, registrar los contactos de los estudiantes, mapear los brotes de casos, desentrañar las cadenas de transmisión viral y monitorear la propagación de nuevas variantes.

“Colorado Mesa tiene el sistema más sofisticado del país para rastrear brotes”, comentó Pardis Sabeti, una genetista del Instituto Broad del Instituto Tecnológico de Massachusetts y la Universidad de Harvard, quien ha ayudado a autoridades sanitarias de todo el mundo en su respuesta frente al ébola, la fiebre de Lassa y otras enfermedades infecciosas. “En definitiva es el tipo de datos analíticos de los que la gente habla, pero a los que en realidad nadie tiene acceso de esta manera”.

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Estudiantes de Ingeniería de la Universidad de Colorado Mesa transportan muestras de aguas residuales en Grand Junction, Colorado, el 26 de marzo de 2021. (Eliza Earle/The New York Times).
Estudiantes de Ingeniería de la Universidad de Colorado Mesa transportan muestras de aguas residuales en Grand Junction, Colorado, el 26 de marzo de 2021. (Eliza Earle/The New York Times).

Lookout es el producto de la sociedad entre la CMU —una escuela de tamaño mediano que se encuentra en el desierto alto del oeste de Colorado y se enorgullece de dar servicio a estudiantes desfavorecidos— y el Instituto Broad, un innovador centro de investigación genómica en Cambridge, Massachusetts.

Juntos han convertido el campus de más de 10.000 alumnos de la CMU en un laboratorio epidemiológico en tiempo real y del mundo real, donde se experimenta con enfoques creativos para el manejo de pandemias.

Mapear datos

En 2016 y 2017, hubo brotes de paperas en todo Massachusetts que saltaron de un campus universitario al otro. Sabeti trabajó de cerca con investigadores estatales de salud pública y los observó mapear a mano los brotes de casos y registrar la información en hojas de cálculo de Excel cada vez más difíciles de ordenar. Era un trabajo meticuloso y laborioso y la información analizada era “realmente el fruto de un arduo esfuerzo”, comentó.

En los años siguientes, Sabeti y su becario posdoctoral Andrés Colubri trabajaron con una firma local, Fathom Information Design, para desarrollar una aplicación que rastreara contactos y monitoreara síntomas a fin de usarla en brotes futuros. Se imaginaron un escenario en el cual un estudiante universitario pudiera reportarse con fiebre y luego ser informado que dos estudiantes en su mismo pasillo acababan de desarrollar el mismo síntoma. “La llamábamos la aplicación de Facebook para los brotes”, comentó Sabeti.

Cuando azotó la COVID-19, seguían desarrollando la aplicación, la cual se convirtió en Scout. “Los planes a cinco años se volvieron planes a seis meses”, mencionó Sabeti. Fathom se apresuró a terminar la aplicación, mientras que Sabeti buscaba un lugar para probarla.

Sabeti acababa de empezar a asesorar universidades de todo el país sobre sus respuestas frente al coronavirus, pero de inmediato le llamó la atención la CMU, con sede en Grand Junction, Colorado. “Estábamos buscando un lugar que fuera combativo, ambicioso y estuviera listo para actuar”, señaló Sabeti. “Y consideramos que ahí había una necesidad”.

Como sucedió con muchas escuelas, la CMU suspendió de manera abrupta sus clases presenciales a mediados de marzo de 2020. Los estudiantes universitarios de todas partes enfrentaron la misma interrupción educativa. Sin embargo, los administradores de la CMU estaban preocupados de que un semestre, o más, totalmente en línea pudiera causar que su alumnado, dos terceras partes del cual eran estudiantes de color, de bajos ingresos o los primeros en su familia en ir a la universidad, abandonaran sus estudios.

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Por lo tanto, la administración tomó una decisión: en el otoño, iba a regresar a los estudiantes al campus. A todos. “Nos dimos cuenta casi de inmediato de que esto era un imperativo moral”, comentó John Marshall, el vicepresidente de la institución. “Teníamos que encontrar una manera de regresar”. (Marshall, quien es exalumno de la CMU, hace poco fue nombrado el nuevo presidente de la universidad, a partir del 1.º de julio).

Marshall y Amy Bronson, quien dirige el programa de asistentes médicos de la CMU, se volvieron copresidentes de la respuesta del campus frente al coronavirus. Cuando se pusieron en contacto por primera vez con Sabeti en el verano de 2020, le contaron sobre el espíritu comunitario y entusiasta de la CMU, así como de su decisión de que este año no fuera menos provechoso para los estudiantes.

Pantalla verde

Poco tiempo después de que los equipos comenzaron las conversaciones, no hubo lugar a dudas de que su colaboración iba a ir más allá de las pruebas de una aplicación. Trazaron estrategias relacionadas con las pruebas, planearon para lidiar con los peores escenarios posibles e idearon nuevas experiencias de aprendizaje, incluido un seminario con créditos curriculares: “Dar un paso al frente: el liderazgo en la época de una pandemia”.

“La CMU tenía este deseo muy audaz de regresar y revivir la educación presencial”, comentó Kian Sani, asesor de proyectos especiales de Sabeti. “Así que realmente respaldamos esta misión con todo nuestro equipo y esfuerzo”. Los equipos simplemente conectaron muy bien, comentó Sani. “En esencia, fue como si todos nos tomáramos de las manos… sin hacerlo de verdad, porque es una pandemia”.

Cuando los estudiantes regresaron en agosto, Scout se volvió el pasaporte de bienestar del campus. Todos los días, usaban Scout para informar sobre los síntomas de COVID-19 o si habían salido de la zona últimamente. Si no tenían ningún síntoma ni habían realizado un viaje reciente, la pantalla se ponía verde. Esta pantalla verde era su boleto de entrada a los salones de clase, la cafetería y otros edificios del campus. En poco tiempo, se volvió un nuevo hábito diario de los estudiantes.

La información se ingresaba a Lookout, el tablero que Fathom había desarrollado para darles una visión holística a los administradores de lo que estaba ocurriendo en el campus: “En esta población de 10.000 alumnos, en realidad, ¿cómo vamos en el día a día?”, mencionó el fundador de Fathom, Ben Fry, quien creó Scout y Lookout con su colega Olivia Glennon.

Además de agregar los datos de los síntomas, Lookout también toma resultados cada hora del sitio para pruebas del coronavirus de la universidad, la cual creó una estrategia de pruebas escalonadas. Inspirada en la mascota de la escuela, Maverick, la CMU les pidió a los estudiantes que se organizaran en unidades familiares, o “mavilias”, que incluyeran a sus contactos cercanos regulares.

Lookout también despliega un mapa de calor geográfico de los casos, una vista de los dormitorios con mapas de los resultados negativos y positivos de las pruebas por habitación y datos de un nuevo sistema de vigilancia de aguas residuales, el cual monitorea los niveles de coronavirus en el drenaje que circula desde varios dormitorios (las heces de la gente con COVID-19 contienen el virus). “Cuando agregamos Lookout, nos empezó a ayudar a tener una perspectiva visual de esta red tan complicada de datos y a comenzar a encontrarle sentido”, comentó Marshall.

Datos cruciales

Los datos del drenaje han demostrado ser cruciales. Por ejemplo, a finales de septiembre, el equipo se percató de un aumento repentino en los niveles virales de las aguas residuales desde Grand Mesa, una residencia estudiantil con suites. La respuesta estratégica fue realizar pruebas a un subconjunto de residentes, garantizando que al menos hubiera uno de cada suite o mavily. Encontraron dos casos positivos, rastrearon sus contactos y pusieron en cuarentena a los estudiantes infectados.

A largo plazo, Sabeti y sus colegas esperan crear versiones de Scout y Lookout que se puedan usar en escuelas, empresas, gobiernos locales y otras organizaciones de todo el mundo para hacer frente a los brotes de enfermedades infecciosas.

La CMU también está viendo a futuro, por medio de propuestas sobre cómo adaptar Scout para el otoño, cuando muchos estudiantes estarán vacunados, y si se pueden usar sus nuevas herramientas para detener la propagación de otras enfermedades infecciosas, como la influenza.

Con la graduación programada para este fin de semana, Marshall, quien pronto será el presidente de la CMU, se siente satisfecho del transcurso del último año. “Lo considero un éxito y no uno pequeño”, admitió. “Creo que recordaremos este año como uno de esos momentos definitorios para nuestra universidad”. En efecto, tuvieron casos de COVID-19, señaló Marshall, pero también tuvieron 881 alumnos de primer año que fueron los primeros miembros de sus familias en ir a la universidad, y que de verdad pudieron ir a la universidad.

“El objetivo nunca fue detener un virus”, comentó Marshall. Más bien, agregó, el desafío era: “¿Cómo llevar tu vida mientras enfrentas una pandemia? Y en ese aspecto, yo diría que hemos hecho lo mejor”.

Fuente de inspiración

En un inicio, Lucas Torres, un estudiante de Biología que se graduará el sábado, estaba nervioso de regresar a la CMU durante una pandemia mortal. Además, resulta que fue un año de adversidades enormes para él: durante las vacaciones invernales, él y varios familiares tuvieron COVID-19. Su madre contrajo neumonía y su abuela murió a causa de la enfermedad.

La escuela resultó ser algo positivo. Torres aseguró que la respuesta de la CMU lo “inspiró”: “Gracias a ella los estudiantes tuvieron un propósito. Hubo una responsabilidad, una responsabilidad compartida al volver al campus”.

Poco tiempo después de recuperarse de la COVID-19, Torres le propuso matrimonio a su novia (ella dijo que sí). Torres está a punto de tomar su examen de certificación EMT y espera entrar a una escuela de medicina.

“Pude aprovechar al máximo mi tiempo en la CMU y me alegra que me lo hayan permitido”, comentó Torres. “Aunque no fue lo mismo que si no hubiera habido COVID-19, fue mejor que sentarme en casa enfrente de una pantalla”.

This article originally appeared in The New York Times.

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