Camisa manchada de sangre, drogas y navajas entre la evidencia policial probablemente arruinada en Opa-locka

Charles Rabin/crabin@miamiherald.com

La Policía de Opa-locka se trasladó a las oficinas del recién construido Ayuntamiento hace más de cuatro años, dejando atrás una sede infestada de moho en Ali Baba Avenue. Pero también dejaron atrás cosas importantes: como 230 artículos de evidencia que van desde cargadores de baterías y bicicletas hasta ropa ensangrentada con agujeros de bala.

A principios de este mes, la dependencia se puso en contacto con la Fiscalía Estatal de Miami-Dade y preguntó a los fiscales qué hacer con la evidencia recogida en docenas de casos que permaneció en una sala húmeda y sin aire acondicionado durante casi media década y que probablemente se han contaminado y no tienen valor para un juicio.

En el correo electrónico, el sargento Lowrie Simon de Opa-locka dijo que el viejo edificio cerrado va a ser demolido el año próximo y que se cree que la evidencia almacenada en la “sala de sangre” está contaminada.

“Estos artículos están en bolsas de papel que no tienen los requerimientos para una infestación como el moho”, escribió Simon. “Dicho esto, creemos que la evidencia en ese lugar está contaminada y no es apta para un juicio”.

El portavoz del fiscal fstatal Ed Griffith dijo que los investigadores de su oficina están trabajando con la Policía de Opa-locka para determinar si alguna de la evidencia contaminada afecta a algún caso en curso.

“Una vez que el departamento haya vinculado cada evidencia con casos penales específicos, evaluado la condición de esa evidencia y adoptado las medidas apropiadas para preservarla para su uso en el tribunal, estaremos mejor capacitados para evaluar el impacto general de la situación”, dijo Griffith.

Un inventario de los artículos en el obsoleto almacén, proporcionado al Miami Herald por Opa-locka, muestra que hay 230 artículos que van desde lo mundano como ropa y teléfonos móviles y bolsos y carteras hasta lo más preocupante como navajas, bates de béisbol, una camisa ensangrentada con un agujero de bala, pantalones con sangre, pistolas paralizantes y cartuchos de municiones y seis máquinas de juego y una mesa de poker.

También hay material curioso como Life Savers y Peanut M&Ms.

Lo que la lista enviada por Opa-locka no proporciona es información complementaria que explique dónde o cómo se obtuvo la evidencia. Sí enumera cuáles son los números de casos.

El jefe de la Policía de Opa-locka, Scott Israel, no se aventuró a suponer si alguna de la evidencia posiblemente contaminada procedía de algún caso que siga abierto. Pero dijo que estaba bastante seguro de que la gran mayoría de ellos se cerraron hace tiempo. Dijo que la mayoría de los delitos graves que ocurren en Opa-locka —como agresión sexual y homicidio— son investigados por la Policía de Miami-Dade, que reúne su propia evidencia.

“No hemos puesto ninguna evidencia en ese edificio en años”, dijo Israel. “Pero hemos pedido al fiscal estatal que nos haga saber si algún caso sigue activo. Y si dicen que no, cómo debemos destruir el material y seguir adelante. Si un caso está activo, verificaremos si la evidencia cumple las normas de la fiscalía”.

Según Israel, toda la evidencia recogida por la Policía de Opa-locka en los últimos cuatro años se han almacenado en una sala de evidencia limpia, climatizada y segura en el Ayuntamiento, donde ahora se reúne la Policía. Israel, quien fue nombrado jefe en mayo, dijo que no tenía idea de por qué la evidencia no se trasladó hace cuatro años cuando el departamento desalojó el edificio más antiguo.

El asediado Departamento de Policía de Opa-locka ha estado lidiando con problemas de dinero y escándalos durante décadas. Un artículo de 2018 del Miami Herald sobre el cierre del viejo edificio de la policía estaba lleno de quejas de agentes de policía molestos con el bajo salario, el equipo anticuado y los viejos vehículos policiales usados. La agencia se vio obligada a despedir a cerca de una cuarta parte de su personal en 2016 cuando una junta estatal de supervisión financiera impuso medidas de austeridad para tratar de salvar el presupuesto de la ciudad.

Aunque la ciudad ha comprado varios autos de policía nuevos desde entonces y los agentes están ahora en unas instalaciones más nuevas, siguen existiendo debilitantes disputas políticas y escándalos. Israel es el quinto jefe de Policía de la ciudad desde que James Dobson fue despedido en 2020 por no aplicar las reformas recomendadas por un asesor. Uno de los funcionarios de más alto rango de la ciudad fue suspendido con sueldo durante varios meses y otro fue suspendido después de ser transferido a supervisión del código de la ciudad.

La dependencia también está siendo investigada por la Policía Estatal de la Florida (FDLE) por un incidente ocurrido en 2020 en el que se grabó a agentes arrastrando de forma muy brusca a un adolescente atado, y que sufría una enfermedad mental, por unas escaleras. La familia de Jafet Castro, quien ahora tiene 21 años, presentó una demanda de derechos civiles en un tribunal federal contra los agentes y la ciudad.