Por qué los caminos de las zonas rurales de Estados Unidos podrían parecerse a Cuba en 20 años

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Un hombre se apresura para evitar una infracción por estacionarse en un lugar prohibido con su auto clásico en La Habana, el 20 de marzo de 2016. (Mauricio Lima/The New York Times)
Un hombre se apresura para evitar una infracción por estacionarse en un lugar prohibido con su auto clásico en La Habana, el 20 de marzo de 2016. (Mauricio Lima/The New York Times)

Todas esas historias sobre los cubanos que siguen manejando antiguos autos estadounidenses son totalmente ciertas. Es por necesidad: los embargos comerciales evitan que los autos y las partes de Estados Unidos lleguen hasta la isla y los autos extranjeros disponibles —tanto nuevos como usados— están completamente fuera del alcance financiero de todos los cubanos, menos de los más ricos. Debido a esto, son los mejores recolectores, fabricantes y mecánicos de vehículos.

En un viaje a La Habana en enero de 2018, nuestra guía para la semana fue una mujer afable que conducía un Chevrolet de los años cincuenta con unos interiores preciosos. Una tarde, para ir a cenar, nos subimos a un enorme Chevy amarillo y comenzamos a avanzar a gran velocidad por la calle. Una cuadra más tarde, se le cayó la transmisión.

El conductor llamó a un taxi y llegamos a nuestra comida, sin la certeza de quién nos iba a recoger cuando hubiéramos dejado limpios los platos. Casi dos horas más tarde, nos sorprendió ver al Chevy amarillo que nos esperaba en el estacionamiento, su transmisión funcionaba sin problemas.

En Estados Unidos, una reparación tan veloz tan solo habría ocurrido si una transmisión completamente compatible hubiera estado en un garaje determinado, lista para ser instalada a las primeras de cambio (o de transmisión). Aquí, un escenario como ese habría sido muy poco común, pero es un cuento diferente en Cuba.

Vehículos eléctricos a la vista

“Conozco gente que tiene cada una de las partes de remplazo en su garaje en caso de que se le descomponga el auto”, comentó Paolo Spadoni, profesor titular de la Universidad de Augusta en Georgia especializado en los asuntos cubanos.

Mientras los autos del mundo se vuelven eléctricos, podría ser lógico suponer que la magia mecánica que se necesita para reparar en dos horas un clásico auto de combustión interna se convertirá en una habilidad profundamente menospreciada. Después de todo, el presidente Joe Biden ha anunciado que para 2030 le gustaría que los vehículos eléctricos representaran el 50 por ciento de todas las ventas de autos nuevos en Estados Unidos. Los vehículos completamente eléctricos representan más o menos el dos por ciento de las ventas de autos nuevos en Estados Unidos.

Aunque la causa no sean los embargos comerciales, sino, más bien, este próximo cambio generacional hacia los autos eléctricos, los expertos aseguran que es posible que los caminos estadounidenses se parezcan a Cuba durante un tiempo, pues los autos más viejos con motores de gasolina se mantendrán en circulación mucho más tiempo del que comúnmente se les habría tenido antes de cambiarlos por otro modelo que queme combustible.

Autos clásicos en La Habana, el 18 de diciembre de 2014. (Meredith Kohut/The New York Times)
Autos clásicos en La Habana, el 18 de diciembre de 2014. (Meredith Kohut/The New York Times)

“Creemos que se parecerá a Cuba, en especial en las zonas rurales de Estados Unidos”, comentó Michelle Krebs, analista ejecutiva en Cox Automotive.

Avances necesario en las baterías

Los avances en las baterías serán cruciales para que haya progreso en la cantidad de autos eléctricos en los caminos, agregó.

“Las distancias son realmente importantes para la gente que vive en lugares remotos; debes manejar largos trayectos tan solo para ir al supermercado”, mencionó Krebs.

En pocas palabras, en los próximos nueve años, deben pasar muchas cosas para que el objetivo de Biden sea remotamente alcanzable:

  • Los autos eléctricos necesitan ser más asequibles. 

  • La duración de las baterías debe aumentar con rapidez. 

  • Las estaciones de carga deben ser tan comunes como las gasolineras. 

  • Y el tiempo que tome cargar un auto eléctrico debe ser más cercano a lo que tarda el llenado de un tanque de gasolina.

Mientras tanto, los cubanos están limitados a rentar el Chery Arrizo 5e con mano de obra china, según Carla Bailo, directora ejecutiva del Centro de Investigación Automotriz en Ann Arbor, Míchigan.

Y ese no es el único problema.

“La electricidad en Cuba está en crisis, pues Venezuela le está suministrando la menor cantidad de petróleo hasta ahora”, comentó Jorge Salazar-Carrillo, originario de Cuba y el director del Centro de Investigación Económica de la Universidad Internacional de Florida. “Que yo sepa no hay ningún cargador eléctrico en Cuba”.

En Estados Unidos, Colorado es uno de los estados más progresistas en el tema del suministro de estaciones de carga en lugares remotos. No obstante, un artículo reciente de The New York Times sobre un viaje en auto eléctrico en ese estado detalló un fin de semana de preocupación constante sobre el siguiente lugar para conectarse.

Planificación necesaria

“Ansiedad del alcance: es un problema real que la gente debe analizar cuando sale de viaje”, comentó Jason Courter, director de operaciones en Bellevue Honda en Washington y expresidente de la Asociación Internacional Estadounidense de Concesionarios de Automóviles.

“De verdad debes planear tu viaje cuando conduces un vehículo eléctrico”, agregó Courter. “Debemos tener una mayor infraestructura de carga: convertir las paradas en estaciones de carga. El tiempo promedio en una gasolinera es de diez minutos. Para tener solo un chorrito de carga, son de veinte minutos a más de media hora, con menos oportunidades de encontrar estaciones”.

Durante este cambio a lo eléctrico, los autos tal vez no sean clásicos de las décadas de los cuarenta y cincuenta, pero pronto podrían empezar a mostrar su edad.

“El vehículo promedio en las calles estadounidenses se está volviendo más viejo, no más joven, así que la gente se está aferrando más tiempo a sus vehículos”, comentó Krebs. “Los vehículos impulsados por gasolina estarán en circulación un buen tiempo, aunque lleguemos al 50 por ciento en 2030”.

Salazar-Carrillo recordó su propio viaje incómodo en un vehículo eléctrico con un colega docente de la Universidad de Vermont.

“Tuvo que calcular porque no había muchas estaciones eléctricas”, mencionó Salazar-Carrillo, quien agregó que una parada para cargar tardó casi una hora. “Creo que los autos de motor de combustible van a desaparecer más lento de lo que la gente cree. Aún habrá algunas familias y algunos negocios que regresarán a los autos impulsados por gasolina. A los autos normales tal vez les pase cómo a las cosas que se ven en Cuba”.

Tanto Salazar-Carrillo como Courter cuestionan qué tan verdes son los vehículos eléctricos, al señalar su potencial de sobrecargar las redes eléctricas de por sí abrumadas, así como al proceso de fabricación de las baterías.

“A mucha gente le preocupa cómo van a sobrecargar la red eléctrica, en especial con las caídas regulares de tensión en California”, comentó Courter. “Parte del mensaje detrás del cambio a lo eléctrico es que es limpio. Pero, ¿qué se necesitó para fabricar esa batería? Todavía se necesitaron fábricas y minado, que, según todo lo que he leído, no es el proceso más limpio”.

La fuente de energía es un elemento central.

“Si una planta que funciona con carbón a unas cuadras es la que le da energía a ese auto eléctrico, no vale tanto la pena”, opinó Ty Monroe, gerente de Northern European Auto Recyclers en Seattle, donde pareciera que los Tesla se están multiplicando como conejos. “Pero es una ganancia neta aquí en el noroeste porque tenemos energía hidroeléctrica”.

La chatarrería de Monroe se especializa en salvar y arreglar Volvos viejos, pero Volvo es un fabricante que ha prometido ser completamente eléctrico para 2030. Por lo tanto, Monroe tiene un interés adquirido en ver que los autos viejos permanezcan en las calles lo más que se pueda. No obstante, cree que la electrificación es inevitable.

“Los días del motor de combustión interna están contados”, comentó. “Tiene sentido que Volvo se quede con su linaje y quiera ser amigable con el medioambiente y estar a la vanguardia. Si estas partes se vuelven más difíciles de encontrar, tan solo sube el valor de tener un ‘muscle car’ de los años sesenta y tener partes que te permitan sacarlo a la calle. Cuando todo se vuelva más eléctrico, habrá un auge a corto plazo, pero, en 100 años, necesitarás suerte al ir a una chatarrería y encontrar una parte para un auto impulsado por gasolina”.

© 2021 The New York Times Company

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