La otra cara del Camino de Santiago es la más necesaria

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ESPAÑA-CAMINO DE SANTIAGO (AP)
ESPAÑA-CAMINO DE SANTIAGO (AP)

En medio de los vastos cultivos de España se erige una iglesia medieval que monta guardia sobre un puñado de casas de adobe en las que habitan unas 50 personas. Y donde el doble de viajantes pernoctan durante su recorrido del Camino de Santiago.

Terradillos de los Templarios, y decenas de pueblos similares, se construyeron para albergar a los peregrinos medievales que recorrían el trayecto de 800 kilómetros (500 millas) que atraviesa España hacia la tumba del apóstol Jaime en Santiago de Compostela. Los peregrinos de hoy en día están evitando su desaparición.

“Esto es vida para los pueblos”, dijo Nuria Quintana, quien administra uno de los dos hostales para peregrinos en Terradillos. “En invierno, cuando no pasan peregrinos, puedes dar 200 vueltas y no ves a nadie”.

En este caserío que lleva el nombre de una orden medieval fundada para la protección de los peregrinos, y a lo largo del trayecto, el regreso de los viajantes después de las restricciones causadas por la pandemia, está ayudando a restaurar el estilo de vida y la vitalidad de los poblados, los cuales pierden empleos, población, e incluso su estructura social, de forma constante.

“Si no fuese por el camino, no habría ni un café. Y el bar es adonde se encuentra la gente”, dijo Raúl Castillo, un agente de la Guardia Civil, la agencia española encargada de vigilar los caminos y poblados. Castillo tiene 14 años apostado en Sahagún, a 13 kilómetros (8 millas) de distancia, desde donde los agentes resguardan 49 aldeas.

“Los pueblos al lado, sin el Camino, te echan a llorar, no ves a nadie, casas caídas, la hierba por las aceras”, añadió.

Desde los Pirineos en la frontera con Francia, y a lo largo de cientos de kilómetros de planicies españolas bañadas por el sol, hasta las colinas nubladas de Galicia que dan hacia el Atlántico, los alguna vez prósperos poblados de granjeros y rancheros comenzaron a sufrir una hemorragia de población en las últimas décadas.

La mecanización redujo drásticamente la necesidad de jornaleros. A medida que los jóvenes se mudaban, las tiendas y cafeterías comenzaron a cerrar.

A menudo, también las majestuosas iglesias repletas de arte invaluable, la herencia de artistas medievales y renacentistas que fueron traídos por los burgueses, señaló Julia Pavón, historiadora de la Universidad de Navarra, en Pamplona, la primera gran ciudad en el Camino.

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