Antes y después: ¿Qué cambios le hicieron a la casa usurpada en Cariló?

Darío Palavecino
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CARILÓ.- Hasta el nombre le habían cambiado a la casa. Casi una exageración para quienes con tibieza intentaron defender posesión y legalidad de su permanencia allí con una cesión de derechos floja de papeles. Desde ese cartel en el acceso hasta cambios en la terraza que da el golf, con varias transformaciones avanzaron durante casi diez meses los ocupantes de una casa desalojada ayer por la Justicia en el marco de una causa caratulada como "usurpación de inmueble".

La fachada que encontró Viviana Villena, presidenta de la sociedad que es titular de este inmueble de Leñatero 565, era bien distinta a la que había visto por última vez el 5 de enero, cuando radicó la primera denuncia en la Fiscalía N°5 de Pinamar al advertir que su propiedad estaba habitada por una pareja de adultos mayores.

A esa casa de la que se había hecho cargo hace poco más de dos años y medio le sacó algunas fotos para acompañar la presentación ante la Justicia. Allí se advierten sus paredes pintadas en tonos entre madera y pardo, en una gama de marrones repetida entre las construcciones de esta localidad balnearia.

Este lunes, cuando volvió al destino, inmersa en esa franja de bosque que rodea al Cariló Golf Club, advirtió cómo se destacaba la vivienda con paredes exteriores a puro tonos de rojo. De aquella versión original solo mantuvo los vivos blancos que acompañan el perímetro de cada una de las aberturas.

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Sobre el parque, bien cerca de la calle, esa denominación que es propia de quien se siente dueño: "Volver a vivir", habían bautizado quienes se habían instalado en el lugar. Que ya no era aquella pareja de ancianos sino un grupo más amplio y joven, con vitalidad para andar durante el día entre chapuzones en la pileta que da al Hoyo 7.

También sobre el parque habían instalado una cascada compuesta por tres semiesferas superpuestas. Un detalle que a nadie pasaba desapercibido, sobre todo durante la noche, cuando ese sector quedaba bien iluminado, según contaron algunos de los pocos vecinos que residen en la zona.

Villena también advirtió a LA NACION que se habían incorporado sistemas de aire acondicionado que la casa no tenía la última vez que ella la había utilizado y tampoco cuando estuvo en enero último. Los equipos se ven con claridad sobre la fachada, uno a cada lado por sobre la puerta de ingreso principal.

Vista al golf

La otra modificación importante la percibió sobre la cara que da a los fondos. El sector que durante las tardes tiene una luminosa vista al golf, con todo el sol de frente hasta el atardecer. Allí está la piscina, que ayer mismo seguía funcionando con sus equipos de inyección y rotación de agua.

Sobre la terraza que está a poco más de un metro por encima de ese espejo de agua existía una galería con laterales ventilados. Los ocupantes durante estos meses, quizás tentados de disfrutar el lugar en las más crudas tardes de invierno, cerraron esas aberturas con vinílicos transparentes. Así dieron forma a un literal jardín de invierno.

Puertas adentro los propietarios esperaban advertir más modificaciones. Un anticipo tuvieron con imágenes difundidas por LA NACION, todas correspondientes a la ejecución del desalojo. Allí se podían advertir gran cantidad de bebidas alcohólicas -por centenares y en su mayoría de etiquetas reconocidas y de alto valor-, reservas para varios días en frutas y verduras frescas dispuestas en cajones como llegan desde mercados de abasto y hasta un cuadro de Néstor Kirchner y Cristina Fernández. La fotografía, bien importante en tamaño, lucía colgada sobre la chimenea del living.

Villena esperaba anoche la autorización de ingreso, ya que la orden judicial ejecutada ayer disponía el desalojo del inmueble, pero dejaba una ventana de apelación de los ocupantes que de alguna manera intentaron justificarse como víctimas de una estafa o engaño.

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"El lanzamiento es una medida cautelar, que no tiene resuelta la cuestión de fondo", explicó a LA NACION una fuente judicial y aclaró que, al menos hasta el momento, no está resuelto si hubo un delito de usurpación en los términos del artículo 181 del Código Penal. El fiscal Eduardo Elizarraga citaría recién la semana próxima a los tres mayores que estaban dentro de la vivienda cuando se realizó el operativo.

Lo que sí quedó claro para el juez David Mancinelli, que hizo lugar al pedido de desalojo, es que había verosimilitud en el derecho que presentó la víctima. En cambio, los ocupantes defendían su postura con un boleto de cesión de derechos.

"El que está en temas de usurpaciones y conflictos posesorios entiende bien esto", insistió la fuente judicial para destacar este instrumento jurídico que parece habitual en hechos como este. El mismo informante lo dijo luego con más claridad: "El que cede derechos no es más que un estafador".