Cambio climático: Greta Thunberg zarpó a Nueva York en el velero de Pierre Casiraghi

LA NACION

PLYMOUTH, Gran Bretaña.- Dispuesta a pasar dos semanas en alta mar, nutriéndose a base de alimentos veganos deshidratados y usando un balde de plástico como inodoro, Greta Thunberg, la joven sueca que lucha contra el calentamiento global, zarpó hoy desde Plymouth, en Gran Bretaña, en el velero de competición de Pierre Casiraghi, el hijo de la princesa Carolina de Mónaco, el único medio de transporte a su alcance capaz de llevarla a Nueva York sin generar emisiones de carbono.

Casiraghi le ofreció un barco de forma gratuita para poder recorrer las 3000 millas naúticas y llevar su mensaje al otro lado del Atlántico, a la cumbre mundial de la ONU el clima prevista para septiembre próximo en la ciudad norteamericana.

En Estados Unidos, "mucha gente no entiende y no acepta la ciencia", dijo antes de su partida Thunberg, que dio origen a un movimiento mundial de huelgas escolares a favor del clima.

"Haré lo que siempre he hecho: ignorarlos y decir solo lo que dice la ciencia", afirmó Thunberg, que viajará junto a su padre, Svante.

Su objetivo es "crear un movimiento internacional para que la gente se una y presione a los poderosos", señaló.

El Malizia II, un velero de 18 metros de longitud capitaneado por Pierre Casiraghi y por el marinero alemán Boris Herrmann, está equipado con paneles solares y turbinas submarinas que permiten generar la electricidad que alimenta los instrumentos de navegación, el piloto automático, los desalinizadores y un laboratorio para medir el nivel de CO2 de las aguas.

El único consumidor de energía fósil a bordo de la embarcación es un hornillo a gas para calentar agua y así poder rehidratar los paquetes de comida vegana liofilizada con los que se alimentarán.

El yate, concebido para la competición, puede alcanzar una velocidad de 35 nudos (70 km) por hora, pero el capitán prevé navegar más despacio. "El objetivo es llegar sanos y salvos a Nueva York", dijo Hermann mientras ultimaba los preparativos del viaje en el puerto inglés de Plymouth, donde este miércoles el Malizia II soltó amarras.

Su quilla pivotante de 4,5 metros hace difícil que la embarcación dé una vuelta de campana.

Hasta esta aventura, Thunberg nunca había navegado. En un trayecto de prueba el lunes frente a las costas de Plymouth se mareó, pero aseguró no estar preocupada por la travesía, durante la cual las comodidades serán muy básicas.

Para dormir se instalaron cuatro camas superpuestas, para Greta, su padre, Svante, y un cineasta que realiza un documental sobre su combate. Hermann y Casiraghi se turnarán para usar la cuarta de ellas.

"No se puede pedir mucho cuando cruzas gratis el Atlántico", señala Thunberg, que pasó horas recorriendo Europa en tren para difundir su mensaje. "Estoy agradecida por lo que tengo".

Viernes por el Futuro

La joven activista sueca descubrió el impacto del cambio climático a una temprana edad y logró sumar a miles de personas a su causa, generando tanto esperanza como ciertas críticas sobre su figura.

En menos de un año, la humilde "huelga por el clima" de esta adolescente, se convirtió en un movimiento mundial y ha hecho que su nombre suene como candidata para el Premio Nobel de la Paz de 2019.

Su combate comenzó en agosto del año pasado, cuando empezó a faltar a clase los viernes para apostarse a las puertas del Parlamento sueco con un cartel y la consigna "Huelga escolar por el clima".

Suecia, un país poco habituado a las huelgas, estaba entonces inmersa en la campaña electoral para las legislativas, y los medios no prestaron mucha atención al mensaje de Thunberg.

Desde entonces, la adolescente, con sus dos largas trenzas características, continuó su protesta semanal con diligencia hasta su graduación.

"Planeo continuar hasta que Suecia se conforme al Acuerdo de París sobre el clima, y eso puede llevar un tiempo", dijo a finales de 2018 a las puertas del Parlamento.

Su combate, bautizado "Fridays For Future" (Viernes por el Futuro) se expandió después por todos los continentes, y miles de jóvenes activistas celebraron sus propias protestas. Thunberg dio discursos ante líderes mundiales y fue portada de revistas como Time y Vogue, no sin generar ciertas críticas.

"No están obligados a escucharnos, después de todo solo somos niños", ironizó durante un discurso ante el Parlamento francés en julio, en respuesta a quienes ponían en duda su legitimidad para encarnar el combate contra el cambio climático, que la tacharon de "profetisa en pantalones cortos" y "Justin Bieber de la ecología".

Una familia movilizada

A Greta Thunberg le llegó el interés por el cambio climático en la escuela, cuando tenía "ocho o nueve años".

"Mis profesores me dijeron que debía ahorrar papel y apagar las luces. Les pregunté por qué y me dijeron que porque había algo llamado cambio climático y calentamiento global, provocado por los humanos", contó Thunberg a la AFP.

Se trataba de un concepto desconocido para Thunberg, quien creyó que, si eso era cierto, la gente "no debería estar hablando de otra cosa".

Entonces dejó de comer carne, beber leche y comprar cosas nuevas, a no ser que fuera "absolutamente necesario".

Toda la familia de la joven, que vive en un espacioso y acogedor apartamento en el centro de Estocolmo, se adaptó a su nuevo estilo de vida. Su madre, Malena Ernman, una cantante de ópera que solía viajar por todo el mundo, dejó de tomar aviones y ya solo actúa en los países nórdicos.

La familia Thunberg fue consciente de lo mucho que le atormentaba la cuestión climática cuando, con 11 años, cayó en depresión. La adolescente dejó de comer, empezó a faltar a clase e incluso dejó de hablar.

Un diagnóstico que le dio fortaleza

A los 12 años, se le diagnosticó síndrome Asperger, un trastorno del espectro autista. "Mi cerebro funciona un poco diferente, así que veo el mundo desde otra perspectiva", explicó Thunberg a la AFP.

"Soy muy directa, digo las cosas como son y cuando decido hacer algo, lo hago sin dudar", añadió, considerando que su diagnóstico es una fortaleza.

La activista, que terminó la educación secundaria obligatoria en junio, tuvo que seguir sus estudios desde el extranjero debido a sus numerosos viajes. Pero eso no le impidió obtener las mejores notas en todas las asignaturas, salvo educación física y economía del hogar.

"Si no hubiera hecho huelga y viajado tanto, habría tenido la mejor nota en todas las asignaturas", declaró al periódico Dagens Nyheter en junio. "Pero mereció la pena", aseguró.

A finales de mayo, anunció que se tomaría un año sabático para viajar a América para una serie de encuentros sobre cambio climático a lo largo de varios meses.

"Tenemos que aprovechar para actuar ahora porque dentro de un año podría ser demasiado tarde", alertó en diciembre.

Agencia AFP