Cambio climático contribuye a generar conflictos y violencia

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PEPILLO SALCEDO, República Dominicana (AP) — En una bahía de aguas azules en la frontera entre Haití y la República Dominicana, los pescadores de ambos países ventilaron sus reclamos recientemente en un inusual encuentro hecho posible por el biólogo marino Jean Wiener.

La reunión, vigilada por oficiales de la Armada dominicana, fue un gran logro para Wiener, quien se ve obligado a velar por la preservación de diversa biología de esta zona a la distancia --desde su casa en Bethesda, estado norteamericano de Maryland--, debido a la violencia que vive Haití, su patria.

Ahora, este renombrado biólogo hacía frente al calor del Caribe en la entrada al “Río de la Masacre”, tratando de generar un diálogo entre los dos bandos y de resolver una situación que no solo puede salvar su fuente de ingresos sino también recursos marinos vitales en una región vulnerable al cambio climático.

“Una pesca excesiva ha diezmado todo el ecosistema”, dijo Rodolfo Jiménez, director de un proyecto agrícola fronterizo en la República Dominicana.

Los pescadores haitianos, parados frente a Jiménez en una playa, asintieron. Pero dijeron que los daños sufridos por el Parque Nacional Montecristi, en el noroeste de la República Dominicana, no habían sido causados por ellos.

El trabajo de Wiener ha ganado importancia con el correr de los años, en buena medida por los vendedores de carbón de leña de Haití, que cortan árboles para disponer de leña para cocinar y, en tiempos recientes, empezaron a cortar manglares, una vegetación tropical que es una barrera natural que protege de los destructivos huracanes del Caribe.

Fue el primer viaje de Wiener, director de la Fundación de Protección de la Biodiversidad Marina (Foundation for the Protection of Marine Biodiversity) desde noviembre del 2021. No había regresado desde entonces por la violencia de las pandillas que azotan la capital haitiana. La escasa presencia del estado disminuyó más todavía tras el asesinato del presidente Jovenel Moise y se hace poco por contener la delincuencia.

Por años, Wiener visitó Haití casi todos los meses, pero ahora lo hace unas pocas veces al año porque el país es muy peligroso. Sigue haciendo su trabajo remotamente, delegando más responsabilidades en su equipo, con gente por todo el país.

Cuando viene, como hizo durante algunas semanas en marzo, recorre Haití en una avioneta. Hacerlo por tierra es demasiado riesgoso.

Es un dilema que enfrentan Jean y otros como él en todo el mundo. El cambio climático contribuye a generar conflictos, los cuales a su vez dificultan la investigación científica y los proyectos ambientales que buscan combatir los efectos del cambio climático. La organización ambientalista Global Witness emitió un informe el año pasado según el cual en el 2020 hubo una cantidad sin precedentes de ambientalistas asesinados en todo el mundo. Contabilizó 227 muertes, la cifra más alta jamás registrada por segundo año consecutivo. Colombia es el país con más asesinatos, con 65, seguida por México, con 30.

“Estados fallidos dificultan el trabajo de la comunidad científica y hacen que resulte más difícil resolver estos problemas”, declaró Peter Gleick, presidente emérito y senior fellow del Pacific Institute, una organización de Oakland que estudia temas relacionados con el agua.

En varios informes difundidos en octubre, Estados Unidos dijo que el cambio climático será vital en las estrategias de seguridad. Uno de los estudios identificó a 11 países que generan “la mayor inquietud”, porque son particularmente vulnerables al cambio climático y no pueden hacer frente a los problemas que enfrentan. Haití fue uno de ellos.

Haití tiene la alerta de viajes más alta del Departamento de Estado por los secuestros, la delincuencia y la agitación civil. Hay “secuestros generalizados y con frecuencia afectan a ciudadanos estadounidenses”, según el Departamento de Estado.

El secuestro es un viejo flagelo, pero aumentó tras la partida de una misión de paz de las Naciones Unidas en el 2017. En octubre, un grupo de misioneros fue secuestrado por una poderosa banda, que pidió un rescate.

La reunión de marzo se produjo en la boca de un río cuyo nombre evoca un sangriento episodio histórico en la isla de la Hispaniola: La Masacre del Río, también conocido como el río Dejabón. Si bien hubo una matanza previa, se lo conoce mayormente por un incidente en el que soldados dominicanos ejecutaron a miles de haitianos y de dominicanos de ascendencia haitiana en 1937.

La animosidad hacia los haitianos perdura hasta nuestros días, al punto de que el presidente dominicano Luis Abinader propuso construir un muro de 190 kilómetros (118 millas) a lo largo de la frontera.

Al final de cuentas, el viaje de marzo a Haití resultó tranquilo, aunque merodeó el peligro.

Cuando Wiener visitó el sudoeste del país, su chofer se enteró de que manifestantes planeaban irrumpir en el aeropuerto local. La acción tuvo lugar pocos días después de que Wiener se fuese. La gente llegó a la pista y quemó una avioneta.

Durante su visita al norte del país, Wiener dio una clase de buceo. Estando en el agua, apareció un pez globo. Wiener recogió al espinoso animal con ambas manos, dio unos pocos pasos y lo tiró de nuevo al océano.

“Todos podemos hacer algo”, comentó Wiener más tarde, en su hotel. “Pero es vital que la gente salga, toque y vea el medio ambiente”.

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Trenton Daniel informó desde Nueva York.

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La cobertura de la Associated Press de temas asociados con el clima y el medio ambiente recibe apoyo de varias fundaciones privadas. La AP es la única responsable del contenido.

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