Calles de CDMX ya se alistan para la temporada decembrina

CIUDAD DE MÉXICO, noviembre 13 (EL UNIVERSAL).- En las calles del Centro Histórico de la Ciudad de México ya se comienza a percibir el espíritu navideño, este año sin restricciones por la pandemia.

Las flores de cempasúchil que hace unas semanas decoraron las jardineras se marchitan y en los comercios aledaños al primer cuadro los fantasmas, calaveras y calabazas no decoran más los aparadores; sí lo hacen renos, adornos de Santa Claus, flores de nochebuena y coronas de Adviento.

"Ya hay muchos adornos y ya se ve más bonito. Es como ya de fiesta, hay muchísima gente […] hay que adornar con tiempo", dijo la señora Luz María Montiel, quien se adelantó a comprar los adornos que usará en su casa el próximo diciembre.

En las panaderías de la calle 16 de septiembre hay letreros que le recuerdan a sus clientes que, a poco más de un mes, ya pueden ir apartando el horneado de sus pavos para las cenas de Navidad y Año Nuevo.

En Madero, las camiserías, tiendas de zapatos y cafés, donde lo último que queda de los filtros sanitarios son botellas de gel antibacterial y letreros que piden uso de cubrebocas en el interior, se exhiben promociones entre cajas de regalos y los clásicos pinos escarchados.

"Ya huele a Navidad. Se siente bien que ya volvamos a lo mismo de hace tres años, a la normalidad", aseguró doña Mariana Aguilera, ella acudió al centro a checar precios de productos de temporada.

El comercio informal no se quedó atrás y también llegó temprano a la vendimia prenavideña a esta parte de la ciudad: sobre las aceras, antes de llegar a la plancha del Zócalo, hay quienes venden el suéter rojo para el perro o el gato de la casa, calcetines y botas afelpadas con copos de nieve bordados de donde Santa Claus tomará las cartas este 2022.

En las calles que rodean Palacio Nacional, como Moneda y Corregidora, no es la excepción. Ahí se escucha el tintineo de otro Santa que escala una cuerda que cuelga del toldo de un local, más árboles de Navidad de todos colores y tamaños y, por supuesto, negocios llenos de series de luces que encienden y apagan al ritmo de Jingle Bells.