Café especial, una estrategia para reactivar el deprimido sector en Cuba

En la Sierra del Escambray, en el centro de Cuba, Jesús Chaviano cosecha ocho variedades de café de alta calidad. Su sueño es entrar al selecto grupo de productores de cafés especiales, una novedad en la isla caribeña que podría ayudar a reactivar al deprimido sector.

Chaviano, de 46 años, aspira a sumar alguna de sus "almendras" a los primeros cinco cafés cubanos que ya fueron certificados como especiales y serán presentados en diciembre en Santiago de Cuba durante la primera edición del Cuba-Café, una gran fiesta científico-técnico de cafetaleros.

"Pienso que para nosotros el camino sea ese: buscar cafés especiales. No grandes cantidades", sino "pequeños lotes, para poderlos vender bien", declara a la AFP Chaviano,  mientras trabaja en el cafetal de ocho hectáreas que levantó con sus "propias manos", en el macizo montañoso Guamuaya, un área donde las condiciones de altitud, clima y suelo favorecen al cultivo.

Hasta ahora, Cuba, con una tradición cafetalera de casi 300 años, no contaba con partidas de café de especialidad. Este término engloba a pequeños lotes de la especie arábica, de origen único y un sabor particular, que revolucionaron el interés mundial por los cafés de alta gama en los últimos 20 años y dispararon sus precios.

Los organizadores del evento Cuba-Café mantienen en secreto el origen y la marca de los cinco primeros cafés especiales del país.

"Estamos dando los primeros pasos firmes en valorizar ese café" que, "con sus mismas producciones, con su mismo rendimiento, sería comercializado a un precio muchísimo más alto", afirma el director científico del Instituto Agroforestal, Ramón Ramos.

El precio de 1.000 kilogramos de café comercial oscila en el mercado "entre 4.000 y 5.000 dólares", pero un kilogramo de un café especial, como el Geisha producido en Panamá, ha logrado venderse "hasta en 10.000 dólares", precisa Ramos.

Destaca que el mercado de estos super-cafés mueve anualmente "unos 27.000 millones de dólares".

Para ser especial, un café debe superar los 80 puntos en una escala de 100, según los criterios de la Asociación de Cafés Especiales (SCA, siglas en inglés). Esa prueba es realizada por catadores certificados como Q Graders, los más calificados del sector, con lo cual el puntaje recibido incide en el precio de venta.

- Ponerle "corazón"-

"Es el futuro", enfatiza Chaviano que construye su casa a la antigua usanza de los colonos franco-haitianos que impulsaron el cultivo del café en Cuba en el siglo XVIII. La vivienda se levanta en medio de la finca, donde sus cafetos crecen a 800 metros sobre el nivel del mar y a la sombra de aguacates, plátanos, cedros y nogales.

En plena cosecha, su plantación familiar abarca 42.000 cafetos cargados de cerezas de color rojizo brillante. En 2021, alcanzó rendimientos de una tonelada de café verde por hectárea, unas cuatro veces el promedio nacional.

Cuba, que llegó a producir en 1960 más de 60.000 toneladas de café, cosechó el año pasado unas 11.500 (menos de la mitad de su consumo), y exportó 1.365, según cifras oficiales.

Según los expertos, la baja en la producción se debe al impacto del cambio climático, la reducción sustancial de las áreas de cultivo --66.000 actualmente--, y al éxodo de la fuerza laboral.

"¿Por qué el país en un momento produjo bastante café y ahora no se puede producir café?", cuestiona Chaviano. "Estoy enfrascado en hacerlo bien y en demostrar que sí se puede producir café y café de calidad", pero "hay que poner todo lo que lleva y el corazón, que es lo fundamental", acota.

A unos 25 km de su finca, los investigadores de la Estación Agroflorestal Jibacoa, encargada de capacitar y proveer de tecnologías a los productores, trabajan para aumentar los rendimientos.

Su director, Ciro Sánchez, explica que hay dos líneas para el desarrollo del café en Cuba, cuya meta es alcanzar las 30.000 toneladas en 2030.

Una estrategia es recuperar las plantaciones en zonas llanas, con variedades más productivas y resistentes al cambio climático.

Y la otra es el cultivo de montaña. "Existe un nicho que es el fundamental (...) la producción de café arábica en lugares de buena altitud", con "altos estándares de calidad", señala Sánchez.

Chaviano es optimista en que alguna de las variedades que cultiva logre entrar al exclusivo club de los cafés de especialidad. "Sí se puede llegar, lo que hay es que trabajar", concluye.

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