Una cadena humana clama por la paz del puerto colombiano de Buenaventura

Buenaventura (Colombia), 10 feb (EFE).- Miles de personas se unieron este miércoles en una cadena humana para clamar por la paz en Buenaventura, principal puerto de Colombia en el Pacífico y donde la violencia ha provocado en las últimas semanas una oleada de desplazamiento.

La mayoría de manifestantes salieron a las calles de esa ciudad, ubicada en el departamento del Valle del Cauca (suroeste), vestidos con camisetas blancas y llevando carteles con mensajes como "SOS Buenaventura" o "Los niños y las niñas plasmamos nuestras huellas para decir no más violencia".

Uno de los organizadores de la protesta fue el obispo de Buenaventura, monseñor Rubén Darío Jaramillo, quien dijo a Efe que esa ciudad "se levanta y se une por la paz" porque no quieren "más violencia, más muertes, más balas de fusiles".

"Allí donde han rodado tantas lágrimas, tanto dolor, tanta sangre, queremos que se oiga la alegría, la paz", reclamó.

"Queremos el deporte, el desarrollo y eso es lo que estamos haciendo en este día, manifestándonos, que Buenaventura esté unida por la paz, unida en una cadena de 22 kilómetros por la paz de este puerto que tanto la necesita", expresó el obispo, quien agregó que "los violentos no pueden arrodillar a una comunidad que está unida pidiendo a Dios la paz".

La semana pasada los enfrentamientos armados entre bandas y el recrudecimiento de la violencia por el control territorial dejaron más de 30 casas desalojadas, así como impactos de bala en algunas viviendas.

UNA FAMILIA CONSTERNADA

Uno de los últimos crímenes perpetrados en Buenaventura sucedió este lunes cuando fue asesinado a tiros Deiner Castillo, un joven artista, en un ataque perpetrado cerca a la plaza de mercado de Bellavista y en el que resultaron heridas varias personas más.

La madre del joven de 22 años, Sandra Patricia Hurtado, afirmó a Efe que su hijo era un muchacho "de bien, trabajador, que todo lo hacía por su primogénito, que tiene dos años."

"Mi hijo era de bien, él no se metía con nadie y eso lo puede decir todo el mundo acá. Él toda la vida vivió acá, nació acá y acá mismo me lo mataron", recordó la mujer, consternada por la violencia que se cobró la vida de su hijo y que hoy lo despide en una ceremonia junto a sus hermanos y amigos.

Manifestó además que las víctimas últimamente son "los jóvenes, que son inocentes, (que) no tienen que ver en esta guerra", como su hijo.

ENFRENTAMIENTOS ARMADOS

El 29 de enero, la Defensoría del Pueblo emitió una alerta temprana "inminente" por la "situación de riesgo" a la que se enfrentaban varias comunas de esta ciudad, habitada principalmente por población afrocolombiana, y ponía en peligro a 170.500 habitantes.

El riesgo lo generaba, según la Defensoría, "un nuevo rebrote de violencia" por la disputa interna en el grupo de crimen organizado "La Local", que provocó que se disgregara en otras dos bandas ilegales, Los Shotas y Los Espartanos, que ahora luchan por quedarse con el control de la ciudad.

A esta amenaza se suma el conflicto que vive la población semirrural de las afueras por la presencia de otros grupos armados, así como de disidencias de las FARC y el ELN; todos ellos sustentados por actividades ilegales como extorsiones y narcotráfico.

UNA CRUZADA POR LOS DERECHOS

Otro de los líderes de las manifestaciones contra la violencia en Buenaventura es Leonard Rentería, un joven que tomó la vocería entre sus compañeros y que busca que Colombia reflexione y ayude a solucionar lo que está pasando en Buenaventura.

Rentería manifestó a Efe que la cadena humana es "una expresión de la comunidad precisamente para rechazar todos los actos de violencia que están marcando a Buenaventura".

"Constitucionalmente tenemos derecho a la vida, a la seguridad y a la paz, nosotros requerimos que esos derechos se cumplan, sean garantizados de forma constitucional y le permitan a la gente de Buenaventura vivir en paz", afirmó.

El joven lamentó que en esta ciudad se repitan "hechos de violencia que llenan de luto a los hogares".

Buenaventura vivió hace algunos años una profunda crisis de orden público y violaciones de derechos humanos por los casos de desapariciones forzadas y el funcionamiento de las denominadas "casas de pique", inmuebles en los que eran encontrados cuerpos desmembrados de personas que habían sido torturadas y asesinadas.

"Se requiere sobre todo una intervención social que puede incluir la educación para que los jóvenes puedan acceder a otra forma de ver el mundo", expresó Rentería.

En esa línea el sacerdote Carlos Ramos Mosquera, rector del Colegio Seminario de San Buenaventura, cree que "los buenos" son más y pide a los violentos que cesen sus actos.

"Las bandas criminales se han apoderado de nuestro territorio, están sacando a nuestros hermanos y hermanas de sus casas, los están asesinando y nadie es dueño de su vida", lamentó a Efe el sacerdote.

(c) Agencia EFE