Ante la caída de precios, productores de té en Kenia buscan la diversificación

Nick PERRY
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Una pequeña productora recoge hojas de té en una plantación para distribuirla a la fábrica Gitugi, en Nyeri, Kenia, el 27 de septiembre de 2019

Una pequeña productora recoge hojas de té en una plantación para distribuirla a la fábrica Gitugi, en Nyeri, Kenia, el 27 de septiembre de 2019 (AFP | Tony Karumba)

En una ruidosa fábrica en las tierras altas de Kenia, el té recogido a mano se seca y se muele para producir las delicadas hojas que han deleitado a los fanáticos durante generaciones, desde Londres hasta Lahore.

Pero el famoso té negro de Kenia ya no alcanza los precios de antaño. Y Kenia, el mayor proveedor mundial de la bebida más consumida del mundo, se ve obligada a diversificar su oferta.

En las colinas que rodean la ciudad de Nyeri (en el centro del país), los trabajadores de la compañía Gitugi están experimentando ahora con diferentes tés, olvidando décadas de tradición para abrirse a nuevos clientes y protegerse contra la inestabilidad de los precios.

Durante mucho tiempo, como la mayoría de los productores de Kenia, Gitugi utilizó el proceso industrial conocido como CTC para moler, triturar y enrollar, una secuencia perfecta para bolsas de té en todo el mundo.

Pero ahora, no lejos de las cintas que transportan bolsas pesadas hechas de té CTC, sus trabajadores, recién entrenados en el llamado método "ortodoxo", observan cilindros grandes que mezclan cuidadosamente las hojas verdes.

La planta fabril de Gitugi, ubicada en Nyeri, 85 km al norte de Nairobi, ha estado experimentando desde junio con esta técnica que produce una hoja entera, con sabores más complejos y una fabricación más lenta.

Cambiar a este método fue una revolución cultural y también costó mucho, reconoce Antony Naftali, director de operaciones de Gitugi.

Pero la empresa tenía pocas opciones. Los precios de las subastas de té CTC cayeron un 21% en 2018-2019 en comparación con el año fiscal anterior, lo que destaca la necesidad de diversificar y obtener más de cada arbusto.

"Durante tantos años, hemos confiado en el método tradicional de CTC. Pero los precios han bajado. Queremos reducir la presión (...), pero también explorar este nuevo mercado", dice Naftali a AFP.

- Mercados en crisis -

Desde entonces, los precios se han recuperado más o menos, pero las fluctuaciones se sienten fuertemente en Kenia, el principal exportador mundial de té CTC.

El té ocupa un lugar central en la cultura de Kenia y es también un pilar de su economía. Una de cada 10 personas depende de la industria del té, según la Agencia de Desarrollo del Té de Kenia (KTDA), que representa a 650.000 pequeños productores.

Los escasos ingresos obtenidos este año por estos pequeños productores han provocado ira en las granjas de té y las compañías han sufrido pérdidas importantes.

La sobreproducción es, en parte, la causa del problema. Los altos precios de los últimos años llevaron a un aumento de la inversión. En 2018, Kenia produjo 493 millones de kilos, un récord para el país.

Pero Kenia también ha dependido durante mucho tiempo de muy pocos compradores, ya que exporta el 70% de su producción a solo cuatro mercados.

En ese escenario, tres principales clientes -Pakistán, Egipto y el Reino Unido- experimentaron recientemente una fuerte depreciación de su moneda, lo que encareció las importaciones de té.

Otros grandes importadores, como Irán, Sudán y Yemen, han experimentado problemas de solvencia.

"Nuestros principales mercados están en crisis", dice Lerionka Tiampati, director general de Agencia de Desarrollo del Té (KTDA).

"Cuando no puedes controlar el precio, no hay mucho que puedas hacer. Pero lo que estamos tratando de hacer es diversificar el producto", apunta.

El método ortodoxo abre la puerta a mercados donde los precios de estos tés más procesados son más elevados, señala Grace Mogambi, a cargo de productos especiales en la KTDA, quien ha viajado por el mundo para comprender lo que atrae a los aficionados al té.

- "Los gustos cambian" -

Mientras estudia muestras en la sala de degustación de Gitugi, Mogambi expone lo que cada nación espera de su té: a los rusos les gustan las hojas enteras, los alemanes prefieren las puntas, los sauditas exigen un té negro intenso y en Sri Lanka detestan las mínimas ramas.

"Los gustos de los consumidores cambian. Saben mejor qué tipo de té prefieren", observa Mogambi, vestida con una bata blanca de laboratorio, antes de disfrutar un sorbo de té y luego escupirlo.

"Si gasto más dinero en una taza de té, prefiero que ciertas características estén presentes", explica.

Pero el método ortodoxo y los productos especiales representan solo una pequeña fracción de las exportaciones de Kenia y las voces críticas creen que la KTDA, que representa el 60% de la producción de té del país, tardó mucho en adaptarse.

En el año 2000 su comité directivo decidió lanzar una gama ortodoxa, pero a fines de 2019, apenas 11 de sus 69 fábricas podían producir algo más que té CTC.

Algunas, como Kangaita, una fábrica ubicada en el flanco sur del monte Kenia, elaboran té morado, una especialidad de la región. Otras variedades cuidadosamente cultivadas incluyen el té blanco premium, hecho de hojas simplemente marchitas y desecadas, envuelto en lujosas bolsitas de té piramidales.

Estos productos atraen a un público más joven, que forma un mercado en crecimiento pero que exige algo más que el té negro común.

"Los jóvenes bebedores de té sin duda buscan bienestar y salud", dice Gideon Mugo, presidente de la Asociación de Comercio de Té de África Oriental (EATTA).

Otras marcas importantes que no pertenecen a KTDA también se dirigen a este segmento juvenil. Kericho Gold ofrece una gama de "tés de actitud", que se venden en cajas de colores brillantes, que incluyen un té llamado "Love" y otro, presentado como capaz de curar una resaca.