Con la caída de casos y muertes, Uruguay comienza a ver el efecto de la vacunación avanzada

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Un grupo de futbolistas se despiden al marcharse del Estadio Centenario de Montevideo, donde recibieron la vacuna de Sinovac contra el Covid
Un grupo de futbolistas se despiden al marcharse del Estadio Centenario de Montevideo, donde recibieron la vacuna de Sinovac contra el Covid

MONTEVIDEO.- Hace poco más de un mes, Uruguay atravesaba su peor momento en la pandemia de Covid-19, alcanzando la peor tasa de mortalidad del mundo. Sin embargo, desde principios de junio, el escenario fue cambiando: solo en las últimas dos semanas, los nuevos diagnósticos han caído un 52% y las muertes un 40%. La ocupación de camas de cuidados intensivos también disminuye progresivamente, incluso sin la imposición de una cuarentena.

Según especialistas, la mejora de la situación epidemiológica es una señal de que la campaña de vacunación uruguaya, una de las más ágiles del mundo, está comenzando a tener efecto. Hasta el martes, el 63% de la población había tomado una dosis y el 45,4%, ambas. Todas las personas mayores de 12 años ya pueden programar la vacunación en el país.

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“En este momento, no hay explicación para esta caída que no pasa por vacunación” dijo a O Globo Henry Albornoz, profesor de la Universidad de la República y presidente de la Sociedad Uruguaya de Infectología Clínica.

Uruguay tiene mayoría de dosis de Sinovac
Uruguay tiene mayoría de dosis de Sinovac


Uruguay tiene mayoría de dosis de Sinovac

Ante el buen escenario, el país, a partir del 5 de julio, retomará espectáculos públicos, fiestas y eventos sociales. Sin embargo, a pesar de la caída exponencial, la situación de la pandemia uruguaya aún está lejos de la tranquilidad que prevaleció durante la mayor parte del año pasado.

El país sigue teniendo la sexta tasa más alta de casos diarios por cada 100.000 habitantes en el mundo y la séptima tasa más alta de nuevas muertes, según el sitio web Our World in Data, de la Universidad de Oxford. Y la posible llegada de la variante delta más contagiosa es motivo de preocupación.

Durante casi todo el año 2020, el país de casi 3,5 millones de personas fue un oasis y un ejemplo mundial de control de virus: se registraron poco más de 2000 casos y 48 muertes entre enero y octubre. El gobierno de Luis Lacalle Pou se apresuró a cerrar fronteras y limitar las aglomeraciones. La cuarentena no era obligatoria, pero la población más envejecida de América Latina se adhirió bien a las restricciones.

Una buena comunicación oficial, señala Albornoz, fue la clave para esto, así como pruebas masivas y un excelente rastreo de contactos. Bastaba que aumentara la circulación, con la reanudación de clases y la reapertura de comercios, teatros y cines, para que los casos subieran a partir de octubre, a pesar de las medidas restrictivas. Hoy, el país acumula casi 367.000 casos y 5500 muertes.

Una trabajadora de la Salud recibe una inyección de la vacuna Sinovac contra el Covid-19, al comienzo de la campaña en marzo
Matilde Campodonico


Una trabajadora de la Salud recibe una inyección de la vacuna Sinovac contra el Covid-19, al comienzo de la campaña en marzo (Matilde Campodonico/)

La primera ola visible en el país coincidió con las festividades de fin de año, cuando regresaron muchos expatriados, un volumen menor que en las temporadas no pandémicas, pero aún significativo. En enero, sin embargo, perdió fuerza: sin clases y en pleno verano, buena parte de los uruguayos se fueron de vacaciones, reduciendo la circulación en Montevideo, donde se concentra la mayoría de la población del país.

Los casos, aun así, nunca volvieron al bajo nivel de 2020 y bastó con volver a la rutina, en la segunda quincena de febrero, para que crecieran exponencialmente -y, esta vez, con la variante Gamma, la P.1, originalmente descubierta en Manaos, en la mezcla-. Entre la segunda quincena de marzo y mediados de abril, el país vio el promedio móvil de muertes diarias pasar de ocho a más de 60. A pesar de tomar medidas como la suspensión de clases y actividades en organismos públicos, no impuso cuarentenas.

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Paralelamente, realizó su campaña de vacunación. La mayoría de las dosis aplicadas en Uruguay provienen de Sinovac. A menor escala, el país también utiliza Pfizer y AstraZeneca.

Se sabe que las dosis chinas, elaboradas a partir de un virus inactivado, son menos eficaces para contener la transmisión que el ARN mensajero, como las dosis de Pfizer. Esto, sin embargo, no significa que sean peores: solo muestra que es necesario vacunar a una porción mayor de la población para que su impacto en la curva de contagio se sienta con más fuerza.

Según un estudio preliminar difundido a fines del mes pasado por el Ministerio de Salud Pública de Uruguay, la Sinovac logró frenar el contagio en el país en el 57% de los casos, pero evitó los ingresos en cuidados intensivos en el 95% de los vacunados y la muerte en el 97%. Las estadísticas de Pfizer, en comparación, fueron 75%, 99% y 80% respectivamente. Según Albornoz, solo el 2% de los nuevos ingresos en cuidados intensivos son personas que ya han tomado las dos dosis durante más de 14 días.

“Hemos documentado que Sinovac genera una respuesta inmune y tenemos evidencia de que es efectiva para reducir la ocurrencia de casos moderados y severos, hospitalizaciones y el riesgo de muerte”, dijo Albornoz. “Esta caída que vemos es muy difícil de explicar sin tener en cuenta la efectividad de Sinovac. La mejor vacuna es la que está disponible”.

Desde antes de la crisis del coronavirus, Uruguay contaba con un sistema de salud fuerte para atender a toda su población.
Desde antes de la crisis del coronavirus, Uruguay contaba con un sistema de salud fuerte para atender a toda su población.


Desde antes de la crisis del coronavirus, Uruguay contaba con un sistema de salud fuerte para atender a toda su población.

Variante delta

Sin embargo, lo que viene causando preocupación es la llegada de delta, la variante descubierta originalmente en la India. La cepa es responsable de nuevos brotes en Europa y del aumento de casos en Israel que, a pesar de haber aplicado ya la segunda dosis al 57% de su población, vio crecer las nuevas infecciones un 1049% en 14 días.

Por el momento, la mutación no se detectó en suelo uruguayo, pero, dada su propagación global, el propio gobierno reconoce que su llegada es inminente. El ministro de Salud Pública, Daniel Salinas, anunció el viernes pasado que todas las personas que ingresen al país deben someterse a una prueba de PCR 72 horas antes del embarque y otros siete días después del primer examen. La otra opción es hacer una cuarentena de 14 días.

“Es una medida de adaptación en respuesta a la variante Delta”, dijo Salinas, y añadió que es necesario mirar la situación con “realismo”. “Debemos estar alerta, ser proactivos, pero no dramatizar la situación”.

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Albornoz cree que la cepa debería comenzar a circular a mayor escala en Uruguay a partir de agosto, cuando las vacaciones de invierno lleguen a su fin: Estados Unidos, donde la mutación está dando grandes pasos para convertirse en predominante en las próximas semanas, es un destino particularmente popular entre los uruguayos. La extensa frontera con Brasil y sus ciudades fronterizas sin divisiones, como sucede en el Chuy y en Rivera, también ayudan a incrementar la circulación internacional.

La expectativa, sin embargo, es que la vacunación avanzada será suficiente para contener un brote de la magnitud de la vista a principios de año. “Uruguay está bien blindado con la vacunación que tiene”, dijo al diario El País el infectólogo Eduardo Savio.

“La llegada de la variante delta es problemática, sin duda, pero estamos bien posicionados”, añadió Silva, y dijo que cree que esa cepa, más contagiosa, puede anticipar la necesidad de dosis de refuerzo, dependiendo de la duración de la inmunidad de las dos originales.

O Globo/GDA

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