Córdoba, el distrito donde el kirchnerismo sacó el peor resultado y no da señales de reacción

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Schiaretti y De la Sota, una sociedad rota por una fatalidad
Schiaretti y De la Sota, una sociedad rota por una fatalidad

CÓRDOBA.- El 10,48% de los votos recogidos por el Frente de Todos (FdT) este domingo en Córdoba posiciona a la provincia como la que peor resultado le dio al oficialismo nacional en el país. Con más participación que en las PASO, el kirchnerismo sacó medio punto menos. “Hay que integrar a Córdoba al país” les pidió el presidente Alberto Fernández a sus candidatos y dirigentes una semana antes de la elección. Quedó más “desintegrada” que nunca.

Carlos Caserio perdió la banca de senador que tenía -a la que había accedido por el peronismo cordobés- y Martín Gill logró una para Diputados; debe decidir si asume o sigue como secretario de Obras Públicas de la Nación. El kirchnerismo cordobés está en silencio después de los resultados.

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¿Es la “base estructural” de Córdoba (territorio productivo) la que explica la conducta electoral reactiva al kirchnerismo? Para los analistas consultados por LA NACION, no es necesariamente así. Se inclinan más por el “peronismo cordobés”, que logró no ser penetrado.

En la historia de las elecciones legislativas en Córdoba, la vez que mejor se posicionó el kirchnerismo fue en 2011, cuando el Frente para la Victoria consiguió cuatro bancas. Fue el año en que José Manuel de la Sota decidió bajar la lista de diputados del PJ en un “gesto” a Cristina Kirchner. La resolución fue en medio de las intensas negociaciones que el entonces gobernador saliente, Juan Schiaretti, mantenía para cobrar una deuda de la Nación.

Ya el vínculo entre la Nación y Córdoba era tenso porque -en medio del conflicto con el campo por la resolución 125- De la Sota y Schiaretti acompañaron los reclamos de los productores, un sector con el que mantienen una alianza desde la organización de lo que fuera Unión por Córdoba y Hacemos por Córdoba.

El presidente Alberto Fernández junto al gobernador Schiaretti en una visita institucional.
Presidencia


El presidente Alberto Fernández junto al gobernador Schiaretti en una visita institucional. (Presidencia/)

En ese 2011, la lista de Diputados logró 633.868 votos frente a los 205.581 de ayer (el peronismo cordobés sumó 490.235 este domingo). Nunca más en una legislativa el kirchnerismo rozó ese nivel, quedó en alrededor de la mitad hasta el piso de las últimas sobre la menor participación histórica de electores. Para las presidenciales, en 2019, Fernández se quedó con el 30% de los votos.

El resultado de ayer no sorprendió. El sociólogo y analista Marcos Novaro interpreta que la “brutalidad” de los dichos del Presidente sobre Córdoba se fundamentan en una “traición histórica real”. Efectivamente, en términos electorales, es territorio “hostil”, más allá de lo desafortunado de la expresión. “La provincia tiene una identidad bien diferenciada, un espíritu de desacople”, agrega Novaro.

A su criterio, si la razón de ese “despegue” fuera la “base estructural”, lo mismo podría haberse dado en Santa Fe, un distrito muy parecido a Córdoba, o en muchos municipios de Buenos Aires. “Tanto Néstor como Cristina hicieron varios intentos para entrar en Córdoba, incluso algunos burdos. Siempre fracasaron”, aporta Novaro.

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Recuerda que en diciembre de 2013, en medio de una huelga policial y de saqueos, la entonces presidenta Cristina Kirchner demoró el envío de la Gendarmería. “El conflicto compete de forma exclusiva y excluyente a la provincia de Córdoba”, afirmó Jorge Capitanich, entonces jefe de Gabinete.

“Los liderazgos de De la Sota y Schiaretti generaron un peronismo más reactivo al kirchnerismo; tuvieron también capacidad de coordinación -añade Novaro-. Por ejemplo (Omar) Perotti fue más permeable. A la luz de los resultados, los cordobeses parecen estar dispuestos ratificar: ‘Mantengámonos lejos de esta gente aun pagando después los costos”.

El politólogo Gustavo Marangoni apunta a que el resultado de ayer en Córdoba muestra que la política es “más que recursos” y está integrada por “capitales simbólicos”. Es la respuesta al razonamiento de que “ningún Presidente le dio tanto” a la provincia como Fernández, que fue el planteo de los candidatos en el distrito. Es cierto que esta gestión, hasta ahora, no discriminó a la jurisdicción.

Marangoni sostiene que tal vez el kirchnerismo, para avanzar en Córdoba, debería buscar una estrategia más similar a la del peronismo cordobés. “Es obvio que el Presidente no puede decirse cordobés, pero debe tener otras señales, no solo para esta provincia -repasa-. Dijo que iba a gobernar con los 24 gobernadores y terminó recostado en un lenguaje del kirchnerismo y rodeado de 24 intendentes del Conurbano. El color del mapa electoral es el resultado de praxis y discurso político”.

Para el analista Ignacio Liendo, más allá de que el peronismo cordobés y el kirchnerismo “han compartido” funcionarios, gestiones y proyectos, “el local siempre marcó una diferencia en las prácticas”.

También interpreta que un “parte aguas” fue el conflicto con el campo de 2008 y que la decisión de no enviar a la Gendarmería en 2013 fue un “hito crítico” que dejó explícitamente expuesta la fractura. “Dejaron desamparada a la sociedad, más allá de los errores del gobernador”, afirmó.

Liendo sí considera que la característica de “productiva” de la provincia, el estar ligada “al trabajo, a la innovación”, tiene efecto en rechazar “todo formato político que no tenga a esos elementos como centrales”.

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