Una cápsula impresa en 3D enciende el debate sobre el suicidio asistido

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Una fotografía proporcionada por Sarco muestra el prototipo de la cápsula de suicidio asistido de la empresa en la bienal Venice Design en 2019. (Sarco vía The New York Times)
Una fotografía proporcionada por Sarco muestra el prototipo de la cápsula de suicidio asistido de la empresa en la bienal Venice Design en 2019. (Sarco vía The New York Times)

Durante años, una elegante máquina para suicidarse en forma de cápsula llamada Sarco ha sido una atracción llamativa en museos y convenciones funerales.

Ahora, el creador de la cápsula asegura que está listo para sacarla de la sala de exposición y ponerla a disposición para ser impresa en 3D el próximo año en Suiza, donde hay leyes permisivas relacionadas con el suicidio voluntario asistido.

El anuncio del inventor, Philip Nitschke, ha inquietado incluso a algunos de los defensores más apasionados del derecho a morir, lo cual ha encendido el debate.

Este mes, Nitschke, un doctor australiano que ha sido un partidario del suicidio voluntario asistido durante décadas, señaló que esperaba empezar a compartir el programa de impresión en 3D de la máquina, la cual está diseñada para provocar la muerte cuando se llena de nitrógeno tras remplazar el oxígeno en el interior.

Nitschke mencionó que quería introducir la máquina en Suiza a inicios de 2022 después de que un abogado contratado por su organización sin fines de lucro, Exit International, no encontró ningún conflicto con la ley suiza. No obstante, el anuncio, el cual Nitschke realizó en entrevistas y en el sitio web de la organización, se sumó a un debate creciente en torno a si la distribución en línea de información y materiales sobre el suicidio fomenta que la gente termine con su vida cuando, si no la hubiera, no buscaría hacerlo.

En el Reino Unido, donde se está revisando un proyecto de ley de muerte asistida en el Parlamento, Stephen Duckworth, fundador de Disability Matters Global, escribió en The Independent que la Sarco lo había “horrorizado”.

Duckworth, quien ha presionado por leyes seguras que enfaticen la decisión personal y el control del proceso de defunción, agregó que no podía darle su apoyo “ni tampoco sé de otros defensores confiables de la muerte asistida que la apoyen”. En una entrevista, Duckworth dijo que la Sarco iba a “privar a los usuarios de una conexión humana y la remplazará con una solitaria experiencia de realidad virtual”.

Duckworth también mencionó su inquietud sobre la seguridad. “¿Y si alguien que no está en su sano juicio tiene acceso a ella?”, cuestionó. “¿O si es un niño? ¿O si se usa para abusar de otras personas? ¿Y si el resultado no es una muerte inmediata y tranquila y el individuo se queda solo sin ningún recurso para pedir ayuda?”.

Charles Blanke, oncólogo y profesor del OHSU Knight Cancer Center en Portland, Oregon, quien ha estudiado datos sobre la muerte asistida por un médico, comentó que respirar nitrógeno provoca una muerte rápida. Sin embargo, advirtió que no se ha probado el método, ni siquiera como una alternativa para la inyección letal en la pena capital.

“No queda claro si la inhalación de nitrógeno producirá una muerte tranquila”, comentó Blanke, contrario a lo que asegura Nitschke, que la muerte llega rápido después de una breve euforia.

La ley en Suiza, donde en 2020 unas 1300 personas buscaron ayuda de organizaciones que defienden el derecho a morir, requiere la confirmación que la persona que busca ponerle fin a su propia vida está en su sano juicio y llegó a la decisión sin presión de nadie con motivos “egoístas”. Luego, un doctor escribe una receta de pentobarbital, el medicamento letal que se utiliza en ese país.

La Sarco eludiría ese paso porque no necesita una receta para un medicamento.

Algunas organizaciones en favor del derecho a morir han puesto tierra de por medio con la Sarco. Exit, la cual ofrece testamentos en vida, asesoría y atención para terminar la vida y no está afiliada con la organización sin fines de lucro de Nitschke que tiene un nombre similar, comentó que no considera a la Sarco como una alternativa para el suicidio asistido por un médico. Otra agrupación, Lifecircle, declaró que “este método no tiene calidez humana”.

Dignitas, una clínica cerca de Zúrich, comentó que el pentobarbital “recibe la aprobación y el apoyo de la gran mayoría del público y de los políticos”. Pegasos Swiss Association señaló que estaba en pláticas con el equipo de la Sarco, pero quería que se le explicara mejor el dispositivo.

Otras personas que han estudiado la ética del suicidio voluntario asistido recibieron con beneplácito el debate que ha inspirado la Sarco. Thaddeus Pope, bioético de la Escuela de Derecho Mitchell Hamline en St. Paul, Minnesota, comentó que el debate en torno a la Sarco podía generar una nueva manera de ver las opciones para ponerle fin a la vida, incluso para los legisladores.

“Eso podría ser más grande o más importante que la misma Sarco”, comentó y agregó que Nitschke estaba “ilustrando las limitaciones del modelo médico y obligándonos a pensar”.

“Hay mucha gente que vive con enfermedades o padecimientos con los que no quiere vivir, pero donde vive no califica para una muerte asistida por un médico”, señaló Pope. “Si en verdad sigue con ello, esto le podría dar más atención al enfoque no médico para acelerar la muerte”.

Nitschke, de 74 años, tiene una larga experiencia en el suicidio asistido. En la década de 1990 en Australia, desarrolló una máquina que permitía que sus pacientes terminales iniciaran su propia muerte administrándose un medicamento letal con solo tocar la tecla de una computadora. Esto fue en la misma época que Jack Kevorkian estaba promoviendo un dispositivo de suicidio asistido en Estados Unidos (y lo estaban procesando por ello).

Nitschke comentó que se inspiró a crear la Sarco tras la muerte en 2012 de Tony Nicklinson, un hombre británico que sufría del llamado síndrome de enclaustramiento y a quien un panel de jueces le rechazó una solicitud de ayuda para ponerle fin a su vida.

En 2017, Nitschke trabajó con diseñadores de los Países Bajos, donde vive, para producir un prototipo de la Sarco que desde entonces se ha exhibido en museos y ferias funerales de Ámsterdam y Venecia.

En la actualidad, hay un modelo en el Museo de Cultura Sepulcral en Kassel, Alemania, como parte de una exposición sobre el suicidio. La curadora, Tatjana Ahle, comentó que la mayoría de los visitantes se sentían incómodos con la idea de usar una cápsula futurista para suicidarse.

Ahle dijo que “parecían sentir que era inapropiado y una manera peligrosa de estetizar la muerte y trivializarla en su alcance”.

Si tienes pensamientos suicidas; en Estados Unidos, llama a la Línea Nacional para la Prevención del Suicidio al 800-273-8255 (TALK) o visita SpeakingOfSuicide.com/resources donde encontrarás una lista de recursos adicionales.

© 2021 The New York Times Company

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