La cámara infrarroja revela una amenaza invisible que fomenta el cambio climático

Hiroko Tabuchi
Planta procesadora de gas de DCP Pegasus en el oeste de Texas, una de las miles de instalaciones en la vasta Cuenca Pérmica, tomada el 5 de noviembre de 2019. Enormes cantidades de metano se escapan de las instalaciones de gas y petróleo en todo el país, lo que empeora el calentamiento global, al mismo tiempo que el gobierno de Trump modera las restricciones para los infractores. (Jonah M. Kessel/The New York Times).

A simple vista, no hay nada fuera de lo común en la planta de procesamiento de gas DCP Pegasus en el oeste de Texas, la cual es una de las miles de instalaciones en la enorme Cuenca Pérmica que han convertido a Estados Unidos en el mayor productor de gas y petróleo del mundo.

Pero una cámara muy especializada ve lo que el ojo humano no alcanza a ver: una emisión importante de metano, el principal componente del gas natural y un potente gas de efecto invernadero que está contribuyendo a calentar el planeta a una velocidad alarmante.

Dos periodistas de The New York Times detectaron esto desde un pequeño aeroplano, repleto de equipo científico, que volaba en círculos sobre las instalaciones de gas y petróleo esparcidas en la Cuenca Pérmica, un yacimiento de petróleo más grande que Kansas. En tan solo algunas horas, los instrumentos del avión identificaron seis instalaciones que liberaban emisiones de metano extraordinariamente altas.

El metano no se regula de manera muy estricta, es difícil de detectar y está aumentando en forma considerable. El sobrevuelo del Times y la investigación de campo, junto con un análisis de las actividades de cabildeo de las empresas propietarias de las instalaciones, muestran la forma en que la industria de la energía está buscando y ganando regulaciones federales menos estrictas para el metano, una sustancia que contribuye de manera importante al calentamiento global.

Los operadores de las instalaciones identificadas por el Times están precisamente entre las empresas que han presionado al gobierno del presidente estadounidense, Donald Trump, ya sea de manera directa o a través de organizaciones de comercio, para que disminuya las regulaciones sobre el metano, reconsidere la documentación reglamentaria, las minutas de las reuniones y la asistencia a los eventos de rendición de informes. Estas empresas locales, junto con grupos de presión de la industria del petróleo que representan a las empresas de energía más grandes del mundo, están oponiéndose a las reglas que los obligarían a corregir emisiones como estas de manera más enérgica.

Es posible que el próximo año, el gobierno siga adelante con un plan que en efecto elimine los requisitos de que las empresas petroleras instalen la tecnología para detectar y reparar las fugas de metano en las instalaciones de gas y petróleo. De acuerdo con los propios cálculos de la Agencia de Protección Ambiental (EPA, por su sigla en inglés), esta disminución de las regulaciones podría aumentar las emisiones de metano en 370.000 toneladas para 2025, lo suficiente como para abastecer de energía a más de un millón de hogares durante un año.

Desde el aire, los reporteros del Times estudiaron un área dentro de dos condados y sus alrededores en el corazón de la Cuenca Pérmica con la ayuda de especialistas en la detección de metano.

“Estas instalaciones en definitiva tienen filtraciones”, señaló Paolo Wilczak, científico y piloto del aeroplano de dos plazas, mientras el monitor de una computadora portátil conectada al equipo registraba una irregularidad en los niveles de metano. “Y esas también”.

Los reporteros condujeron a las instalaciones con equipo de video infrarrojo que mostraba nubes de metano que emergían de tanques, se filtraban por las tuberías y salían flotando de antorchas brillantes diseñadas para quemar el gas pero que en ocasiones no logran hacerlo por completo. En unas instalaciones, un trabajador sin protección caminó directamente hacia una columna de metano.

Tim Doty, un alto exfuncionario de la Comisión de Calidad Ambiental de Texas que está capacitado en la detección de fugas por medio de rayos infrarrojos, estudió y ayudó a analizar estos hallazgos. “Esa es una cantidad inaudita de emisiones”, afirmó. “Hay que hacer algo de investigación, pero se puede ver con una cámara infrarroja”.

Las empresas de gas y petróleo estaban comprometidas con reducir las emisiones “al tiempo que le proporcionaban energía costeable y confiable a las familias estadounidenses”, comentó Howard Feldman, director general de asuntos regulatorios y científicos del Instituto Estadounidense del Petróleo, un importante grupo de presión de la industria. Sin embargo, sus miembros pensaban que se deberían mejorar las regulaciones para ofrecer transparencia a las empresas, evitar duplicar las reglas estatales e impulsar la innovación de la industria, señaló.

La disminución de las regulaciones que pretende la industria energética es el capítulo más reciente en el esfuerzo histórico del gobierno por moderar las regulaciones ambientales y climáticas al mismo tiempo que ataca a la ciencia climática de manera general.

Los científicos dicen que, al moderar las reglas, el gobierno de Trump subestima los efectos globales que tiene el metano en el cambio climático. También descalifica las investigaciones que sugieren que las emisiones de metano procedentes de la infraestructura de gas y petróleo son mucho mayores de lo que se había calculado con anterioridad.

Estos descubrimientos resuelven el misterio que hay detrás de los niveles crecientes de metano en la atmósfera. Los niveles de metano han aumentado desde 2007 por razones que todavía no se entienden por completo. Pero el primer sospechoso es la producción de gas natural por fracturación hidráulica, la cual se aceleró al mismo tiempo que aumentaron los niveles de metano.

Según los científicos, las filtraciones de metano debidas a la producción de gas y petróleo amenazan con reducir la ventaja que tiene el gas natural sobre el carbón de satisfacer las necesidades mundiales de energía. Cuando se quema para generar electricidad, el gas natural produce aproximadamente la mitad del dióxido de carbono que produce el carbón. Pero si el metano no se quema cuando se desprende, puede calentar el planeta 80 veces más que el dióxido de carbono en un periodo de veinte años.

El metano también contribuye a la producción de ozono al nivel del suelo, el cual, cuando se inhala, puede provocar asma y otros problemas de salud.

“Cada vez es más evidente que la producción de combustibles fósiles ha aumentado de manera drástica las emisiones de metano a nivel global”, señaló Robert Howarth, científico del sistema Tierra en la Universidad Cornell y autor de un estudio que calcula que la producción de gas de esquisto de Norteamérica tal vez sea la responsable de aproximadamente una tercera parte del aumento de las emisiones de metano a nivel global durante la década pasada.

En el curso de unas cuatro horas de vuelo, encontramos al menos seis instalaciones con altas lecturas de emisión de metano, que iban de cerca de 135 kilogramos a casi 500 kilogramos en una hora, incluyendo DCP Pegasus, misma que es copropiedad de la gigante de la energía Phillips 66.

Es muy probable que esas lecturas ubiquen a esas instalaciones en la categoría de “superemisoras”, término empleado por los científicos para describir las descargas a gran escala que son responsables de una cantidad exageradamente alta de emisiones de metano procedentes de las instalaciones de gas y petróleo. En un estudio de 2017 del esquisto de Barnett en Texas, las descargas de metano de aproximadamente 27 kilogramos o más por hora fueron clasificadas como superemisoras y conformaban solo el uno por ciento de las instalaciones, pero representaban casi la mitad de las emisiones totales.

En tierra, la Cuenca Pérmica es un paisaje de campos de algodón resecos, conectores de bombas que aparecen de repente y carreteras polvorientas que se extienden por kilómetros. Salimos a fotografiar las emisiones que habíamos detectado desde el aire con una cámara infrarroja especial equipada con una lente de metal, no de vidrio.

En la planta DCP Pegasus, al sur de Midland, la cámara transformó una tranquila escena en un horno. Columnas calientes de gas eran lanzadas hacia la atmósfera. El humo se tragaba las estructuras.

La cámara ve muchos tipos de gases, que incluyen el metano y el etano, ambos de efecto invernadero, así como contaminantes llamados compuestos orgánicos volátiles. Es probable que cualquier emisión contenga una mezcla de gases. Doty, quien ahora dirige una consultoría, señaló que parecía que las emisiones provenían de cámaras de combustión de vapor, compresoras y tanques de almacenamiento.

De acuerdo con los registros regulatorios de Texas, se ha informado que DCP ha presentado más de 250 casos de emisiones no permitidas este año en la Cuenca Pérmica y está entre los mayores emisores del área. Las normas del estado permiten que las instalaciones arrojen emisiones irregulares sin que haya sanción alguna.

Sarah Sandberg, vocera de DCP, que opera varios oleoductos y casi 50 plantas de procesamiento de gas a nivel nacional, comentó que tenía “muchas dudas acerca de la precisión de su evaluación y sus conjeturas”. No respondió a las numerosas solicitudes para que ofreciera comentarios.

Phillips 66 se negó a hacer comentarios.

En la planta de procesamiento de gas EagleClaw Midstream, justo al sur de Pecos, descubrimos emisiones que se diseminaban desde la parte superior de un depósito de aguas residuales. El gerente de la planta, Justin Bishop, se acercó a ver lo que estábamos grabando. “No sabíamos que se estaba filtrando”, dijo.

Un trabajador fue a revisar el depósito después de subir algunas escaleras y dirigirse hacia la columna.

Dijo que las emisiones solo eran vapor de agua. “No hay problema”, afirmó. “No lo vamos a reportar”.

Sin embargo, Doty, el exregulador de emisiones de Texas, señaló que el vapor de agua hubiera sido visible a simple vista. “Eso no es agua”, afirmó. “Es una gran cantidad de emisiones”.

En un comunicado, EagleClaw señaló que sus trabajadores habían descubierto que la válvula del depósito necesitaba mantenimiento y que el problema se había solucionado en 30 minutos.

“Nuestros expertos determinaron que la cantidad de gas que se filtraba estaba muy por debajo de cualquier límite legal que se debiera reportar”, dijo en un correo electrónico Todd Carpenter, el director de cumplimiento de la empresa. Añadió que la protección y la seguridad de los empleados de EagleClaw, y de la población “eran el interés primordial”. Esta empresa no ha presentado ningún reporte de emisiones este año.

Desde marzo de 2017 (unos meses después de la toma de posesión del presidente), las empresas de combustibles fósiles se comunicaron con el gobierno de Trump para defender una disminución de las reglas relacionadas con las emisiones de metano.

Sostuvieron varias reuniones con los funcionarios federales, incluyendo con uno importante en noviembre de 2018, cuando los cabilderos de DCP, EagleClaw y otras empresas petroleras se reunieron con funcionarios de la Agencia de Protección Ambiental para hablar de un tema fundamental: emisiones de metano no intencionales o “fugitivas”.

De acuerdo con los registros de regulación que revisó el Times, los representantes del grupo de cabilderos, GPA Midstream, sostenían que la EPA no debería ser tan estricta en el control de los requisitos de las emisiones fugitivas en las instalaciones de recolección y compresión. GPA Midstream se reunió con funcionarios del gobierno de Trump al menos tres veces para tratar ese tema.

Las empresas se encontraron con un gobierno dispuesto a escuchar. Antes de su nombramiento al puesto de administrador adjunto en supervisión de la contaminación del aire de la EPA, William L. Wehrum cabildeó en representación de los productores de gas y petróleo, incluyendo los procesadores de gas y las refinerías de petróleo.

Wehrum renunció a la agencia en junio y está siendo investigado por sus vínculos con antiguos clientes. Su exjefe, Andrew Wheeler, el administrador de la EPA, también cabildeó en favor de las empresas energéticas al inicio de su carrera.

Para agosto de este año, la EPA había propuesto una amplia disminución de las regulaciones, que incluía anular por completo las regulaciones directas de las emisiones de metano. Los compuestos orgánicos volátiles, una categoría independiente pero relacionada de gases, seguirían siendo regulados, lo que tendría como efecto secundario la limitación de algunas emisiones de metano.

En un comunicado, el vocero de la EPA, Michael Abboud, señaló que el metano era un recurso valioso, así que la industria “ya tiene un incentivo para reducir al mínimo las filtraciones”. Añadió que los miembros del personal de la EPA trabajan con funcionarios dedicados a la ética “para garantizar que estén cumpliendo todas las reglas éticas”. Wehrum no contestó a la solicitud de ofrecer comentarios.

This article originally appeared in The New York Times.

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