Benedicto XVI regresa mañana al Vaticano, tras visitar a su hermano

Elisabetta Piqué

ROMA.- Benedicto XVI, papa emérito, que el jueves pasado desafió a sus médicos y, sorprendiendo a todo el mundo, viajó a Alemania para visitar a su hermano mayor Georg, de 96 años, que está enfermo desde hace tiempo, regresará mañana al Vaticano.

Pese a las especulaciones de la prensa alemana de que Joseph Ratzinger, que tiene 93 años y salud frágil, podría quedarse en su madre patria, el vocero de la diócesis de Ratisbona, Clemens Neck, hizo saber que mañana regresará al Vaticano con un vuelo que tomará desde Munich por la mañana.

Con el imprevisto viaje a Alemania para verlo a su hermano mayor - que también es sacerdote, se ordenaron el mismo día, el 29 de junio de 1951-, el papa emérito rompió la auto-clausura que se impuso luego de renunciar al trono de Pedro, el 11 de febrero de 2013. Desde entonces Ratzinger solo había salido del monasterio Mater Ecclesiae, enclavado en los Jardines del Vaticano, donde vive, contadas veces, para ir a la residencia veraniega de Castelgandolfo o al hospital Gemelli.

"Podría ser la última vez que los dos hermanos se ven en este mundo", dijo la diócesis de Ratisbona, que hizo saber que sus cuatro días en su tierra natal fueron muy emotivos. Todos los días Benedicto celebró misa junto a su hermano, que se encuentra en su lecho de enfermo, ciego y con diversas patologías relacionadas con la edad avanzada. Además, estuvo en el cementerio de Ziegetsdorg, donde rezó frente a la tumba de sus padre, María Rieger y Jospeh Ratzinger senior y de su hermana mayor, María Theogona, la mayor de los tres hermanos, que murió en 1991.

Benedicto también visitó Pentling, pueblo de 6000 almas cercano a Ratisbona, donde se encuentra la casa donde vivió desde 1969 y 1977, período en el que dio clases en la universidad, antes de ser nombrado arzobispo de Munich, que se ha transformado en un un centro de documentación del Instituto Benedicto XVI, que conserva su patrimonio teológico.

"Se han vuelto a despertar muchos recuerdos, fue un viaje en el tiempo", dijo Christian Schaller, vicedirector de este instituto. "Tengo la impresión de que esta visita es una fuente de energía para los dos hermanos", agregó, según fuentes de prensa alemanas.

Benedicto, que siempre se llevó muy bien con su hermano mayor, que muchas veces viajó al Vaticano para pasar con él fiestas y períodos de vacaciones y con quien compartía el amor por la música, apareció sonriente ante los fieles que lo esperaron en las calles de Pentling. Habló con los vecinos y se quedó tres cuartos de hora en su vieja casa, conmovido frente a las viejas fotos de su familia y muy pensativo en el jardín.

"El papa emérito está exhausto, pero lleno de alegría. El encuentro de los dos hermanos ha sido conmovedor, un consuelo para ambos", hizo saber la diócesis de Ratisbona, que cuando Ratzinger sorpresivamente llegó, el jueves pasado, pidió a los fieles y a los medios respetar su intimidad, su momento difícil. "Si quieren, recen por ellos", indicó. El viernes, los dos hermanos celebraron juntos misa en la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, informó un comunicado.

Frágil de salud y desplazándose en silla de ruedas, Benedicto, que emprendió este viaje relámpago desafiando a sus médicos, pero con el visto bueno del papa Francisco, se alojó en el seminario de Ratisbona. Y estuvo en todo momento acompañado por su secretario privado, el arzobispo Georg Gansewein, un médico, un enfermero, una de las monjas laicas que lo atienden en el Vaticano y el vicecomandante de la Gendarmería del Vaticano.

El nuncio Alemania, el arzobispo croata Nicola Eterovic, que se reunió ayer con él, contó hoy que tenía la impresion de que Benedicto se sentía "bien" en Ratisbona. Según la diócesis Eterovic agradeció al obispo de Ratisbona, sus colaboradores, a los católicos y vecinos de las ciudad por su "respeto" y amistad hacia él, que hicieron que "el papa emérito se sintiera en casa".