Buttigieg, la sorpresa demócrata que busca afianzarse como la carta contra Donald Trump

Rafael Mathus Ruiz

WASHINGTON.- Luego de la victoria electoral de Donald Trump, y antes de entregarle la presidencia, Barack Obama mencionó en una entrevista con la revista The New Yorker a un par de figuras del Partido Demócrata a quienes veía como políticos talentosos con futuro. Entre los nombres había uno ignoto para Estados Unidos: Peter Buttigieg, en ese momento alcalde de South Bend, Indiana, una ciudad de poco más de 100.000 habitantes.

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Esta semana, Buttigieg dio el batacazo al quedar primero en el caótico caucus de Iowa, la primera cita electoral de las primarias presidenciales. Fue el candidato que más delegados obtuvo para la convención partidaria: 13, apenas uno más que el senador socialista Bernie Sanders, que, con todo, se impuso en el voto popular.

Con apenas 38 años, Buttigieg hizo historia: se convirtió en el primer político abiertamente gay en ganar delegados en una primaria presidencial. Egresado de Harvard, estudió filosofía, economía y política con una beca Rhodes en la Universidad de Oxford. Políglota -habla siete idiomas, además de inglés- y veterano de Afganistán, toca el piano y la guitarra, y tiene un apellido impronunciable que se volvió familiar en Estados Unidos, y ahora sus seguidores gritan en actos multitudinarios: "¡But-ech-ech! ¡But-ech-ech!"

"Esta noche, una esperanza improbable se convirtió en una realidad innegable", celebró, junto a su gente, el día de la elección en Iowa, cuando aún se desconocían los resultados, pero ya se sentía ganador.

El recorrido de Buttigieg durante el último año, en el que pasó de ser el alcalde más joven de una ciudad con más de 100.000 habitantes a un candidato ignoto para la mayoría del país a convertirse en la revelación de la interna presidencial demócrata terminó por darle forma a uno de los fenómenos más notables en la historia política de Estados Unidos.

En sus actos de campaña, Buttigieg se presenta como el candidato nuevo que puede cerrar la grieta entre los demócratas, y en el país, una alternativa a la opción entre "revolución" y "statu quo", dice, sin dar nombres, y un alcalde "que sabe cómo hacer las cosas". Su público es eminentemente joven, aunque también se ve en sus actos a personas mayores, algo parecido a lo que ocurre en los de la senadora Elizabeth Warren. La gente suele destacar que Buttigieg es "sangre joven", y que, pese a su edad, transmite serenidad y confianza.

La gran pregunta que pesa sobre su candidatura es la misma que recae sobre los hombros de sus rivales: si puede ensamblar una coalición capaz de vencer a Trump en los comicios del 3 de noviembre próximo. Buttigieg responde con Iowa.

"Pudimos tener éxito en áreas rurales, suburbanas y urbanas, en los condados demócratas y muchos de esos condados que pasaron de votar por Obama a votar por Trump", afirmó en una entrevista televisiva.

"Y si queremos vencer a Trump, y creo que todos, al menos la mayoría de nosotros, queremos asegurarnos de que así sea, ya saben, todos los candidatos vamos por todo el país diciendo: 'Elíjanme a mí, soy el que puede lograr una gran victoria'. Y el proceso para probar eso empezó en Iowa. Es una excelente forma de mostrar que tenemos ese atractivo", cerró el exalcalde.

Pero, en Iowa, Buttigieg tuvo una ventaja: pudo conectar con el votante del Medio Oeste de Estados Unidos al provenir de Indiana, un estado vecino, y con los evangélicos. Buttigieg es episcopal. Una de las debilidades que marcan varios analistas es su bajo respaldo entre los afroamericanos y los latinos, dos pilares de la coalición demócrata.

Las próximas elecciones de Carolina del Sur, donde el electorado negro tiene mucho peso, y Nevada, donde los latinos definen la primaria, servirán para medir mejor su respaldo real.

Sus rivales también le achacan su edad y falta de experiencia. Buttigieg saca del archivo los últimos presidentes demócratas: eran jóvenes, dice, y poco fogueados en la política nacional. Para algunos de sus seguidores, su breve aunque nutrido currículum es un activo: aún no ha sido contaminado por Washington, mencionan.

Otra crítica a Buttigieg: su pasado en McKinsey, y sus lazos con donantes multimillonarios del partido en una campaña donde los vínculos corporativos restan.

Buttigieg conoció a su marido, Chasten, a través de Hinge, una aplicación para concertar citas, cuando ya era alcalde, poco después de "salir del armario" públicamente en una columna en el diario South Bend Tribune. Tres años después, se casaron. El diario The New York Times le dedicó un largo artículo a la pareja. El titular fue "Pete Buttigieg puede ser presidente algún día; ya tiene al primer caballero".