Buttigieg tiene razón: Las carreteras de Estados Unidos son racistas. Ted Cruz y Tucker Carlson fingen no entenderlo

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Otro día, otra indignación de derecha debido a la historia ded racismo sistémico de Estados Unidos. El lunes, la corresponsal de la Casa Blanca para The Grio April Ryan preguntó al secretario de Transporte, Pete Buttigieg, cómo el proyecto de ley de infraestructura "deconstruirá el racismo que se construyó en las carreteras". El secretario Buttigieg, que ya ha hablado de este tema antes, dio una respuesta que incendiaría el lado derechista de Twitter en una rabia candente.

El senador Ted Cruz (Republicano de Texas) tuiteó de manera sarcastica: “Las carreteras son racistas. Debemos deshacernos de las carreteras". El presentador de Fox News, Tucker Carlson, quien provocó la crítica del público durante el año pasado por hacer eco a la teoría del” Gran Reemplazo” de la supremacía blanca, tuiteó un segmento de video donde se burlaba de los comentarios del secretario Buttigieg, y agregó: “Los objetos inanimados, como las carreteras, no pueden ser racistas. Eso parece obvio, aunque al parecer Pete Buttigieg no lo sabe".

En realidad, Buttigieg sí lo sabe, y también lo saben todos los demás que han señalado de manera legítima la historia del racismo sistémico en la infraestructura de Estados Unidos. Es una estrategia típica de las figuras de derecha subestimar en toda manera posible la inteligencia de sus votantes e impulsar la explicación más simple de un tema determinado. Claro que es obvio, los objetos inanimados como las carreteras no pueden ser racistas, pero la intención y la estrategia que se aplica a la forma en que se construyen algunas carreteras pueden ser, y fueron, absolutamente racistas.

El ejemplo que citó el secretario Buttigieg sobre el paso subterraneo demasiado bajo vino desde The Power Broker, la famosa biografía de Robert Caro de 1974 sobre el funcionario de la ciudad de Nueva York, Robert Moses. Esta afirmación específica ha sido objeto de escrutinio durante décadas y Thomas J. Campanella de Bloomberg la confirmó en 2017, como señaló Philip Bump de The Washington Post en su artículo acerca de los comentarios del secretario Buttigieg.

La anécdota de Buttigieg no solo es respaldada por evidencia, sino que el alcance de este problema también va mucho más allá de Robert Moses. El tema del racismo sistémico en las carreteras de Estados Unidos es bien conocido. Deborah N. Archer, profesora de la Facultad de Derecho de la Universidad de Nueva York, ha escrito mucho acerca de este tema. En un extenso artículo que describe cómo se puede promover la equidad racial a través de la reconstrucción de carreteras, la profesora Archer da una mirada en profundidad a cuántas carreteras en todo el país se construyeron con intenciones racistas, escribe: “En los estados de todo el país, la construcción de carreteras desplazó a los hogares negros y cortó el corazón y el alma de las prósperas comunidades negras mientras se destruían hogares, iglesias, escuelas y negocios. En otras comunidades, el sistema de carreteras fue una herramienta de una agenda segregacionista, donde se erguió como un muro que separó a las comunidades blancas y negras y protegía a la gente blanca de la migración negra”.

Las carreteras son solo la punta de este iceberg racista sístemico. También se pintan líneas roja, que es la práctica racista de décadas en la que los bancos negaron préstamos a las familias negras para comprar o renovar viviendas según su raza o el lugar donde vivían. Alguna vez estuvo respaldado por el gobierno. Esto aumentó la segregación de los vecindarios estadounidenses, y todavía al día de hoy estamos lidiando con sus ramificaciones.

Pintar estas líneas también afectó qué vecindarios recibieron fondos para proyectos locales porque facilitó a los funcionarios del gobierno determinar quién vivía y dónde. Como podemos ver con nuestros propios ojos al caminar por vecindarios de diferente riqueza y demografía racial, está claro que las áreas más ricas y blancas tienen calles más limpias y una infraestructura mejor cuidada.

Además está el tema de las ciudades sundown, o ciudades de anochecer. The Associated Press las describió de manera concisa en su inmersión profunda en los impactos modernos de esta práctica racista: “Las reglas de una ciudad sundown eran simples: A los negros se les permitía pasar durante el día o ir a comprar o trabajar, pero tenían que desaparecer al anochecer. Cualquiera que rompa las reglas podría correr el riesgo de ser arrestado, recibir una paliza o algo peor".

¿Cómo es todo eso relevante y cómo puede la infraestructura tener impactos racistas? Estas prácticas racistas afectaron el lugar donde vivían las personas negras, dónde podían trabajar, la forma en que se desplazaban al trabajo, la accesibilidad de los servicios, dónde podían comprar, cómo podían viajar y la calidad general de sus vidas. “Todavía me sorprende que algunas personas se sorprendieron cuando señalé el hecho de que si se construyó una carretera con el propósito de dividir un vecindario de blancos y negros, o si se construyó un paso subterráneo de tal manera que un autobús que transportaba, o que transportaría, a niños negros y puertorriqueños en su mayoría a una playa en Nueva York fue diseñado demasiado bajo como para que pasara, lo que refleja el racismo obvio que entró en esas opciones de diseño”, dijo el secretario Buttigieg.

Una vez más, todos hemos tenido la gran oportunidad de elevar la realidad objetiva frente a la desinformación y el negacionismo histórico. En la actualidad, los republicanos abogan por la prohibición de ciertas enseñanzas de racismo sistémico en las escuelas. Su respuesta ignorante a las declaraciones precisas del secretario Buttigieg sobre el racismo en la infraestructura de Estados Unidos acaba de demostrar por qué es tan importante enseñar esto.

Aquellos que reconocen la historia de racismo sistémico de Estados Unidos no odian a Estados Unidos. Por el contrario, nos encanta lo suficiente como para señalar estas verdades incómodas para que podamos perseguir esa unión que parece que nos esquiva, pero es más perfecta. ¿Cómo podemos hacer mejoras si tantos estadounidenses niegan la existencia de estos defectos? Es hora de que nos pongamos en la misma página.

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