Busquen lo que ha cambiado aquí en 50 años, a ver si lo encuentran


La fotografía es de esta semana. Pero podría ser perfectamente la de hace un año. O dos, o diez.

O cincuenta.

Porque hace medio siglo todo era igual.

Cambian las caras, pero no las corbatas.

Un hombre junto a otro. Una pajarita al lado de la otra. Una barba junto a una mandíbula perfectamente rasurada.

No busquen a la mujer. No hay ninguna. Como 50 años atrás.
No busquen a la mujer. No hay ninguna. Como 50 años atrás.


En la apertura del año judicial 2019-2020 tampoco hay ninguna mujer. Ni la ha habido nunca. No por falta de ganas de las juezas y fiscales, ni falta de dedicación, ni falta de candidatas. Las mujeres son el 53 por ciento de la judicatura, pero sólo el 27 por ciento en las cúpulas de los órganos superiores. Y, ninguna aparece en lo más alto.

Las asociaciones de juezas promueven desde hace años un feminismo judicial activo: la reivindicación de que ellas también están ahí, que quieren ascender, que codician el poder. Y uso codiciar de manera positiva, como usaríamos el verbo en un hombre. Un hombre que codicia es valiente, voluntarioso y decidido. Sin embargo, una mujer que codicia es una bruja ambiciosa y peligrosa.

Quieren reforzar las posibilidades de que las mujeres lleguen a esos puestos y acabar con el prejuicio de que no hay suficientes mujeres dispuestas. Ni preparadas.

Porque las hay. Pero hace falta verlas. También que ellas se crean que pueden estar en lo más alto. Y alguien las escoja. Y que esto deje de convertirse en corbatas fotografiándose junto a corbatas.