Se buscan señales tempranas de demencia en la manera de conducir y en las evaluaciones crediticias

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Para saber cuáles son las probabilidades de padecer demencia en algún momento --una inquietud apremiante para muchas personas, sobre todo para quienes tienen antecedentes familiares-- es necesario realizar pruebas médicas y consultar con los especialistas. (Sally Deng/The New York Times)
Para saber cuáles son las probabilidades de padecer demencia en algún momento --una inquietud apremiante para muchas personas, sobre todo para quienes tienen antecedentes familiares-- es necesario realizar pruebas médicas y consultar con los especialistas. (Sally Deng/The New York Times)

Para saber cuáles son las probabilidades de padecer demencia en algún momento —una inquietud apremiante para muchas personas, sobre todo para quienes tienen antecedentes familiares— es necesario realizar pruebas médicas y consultar con los especialistas. Pero ¿qué tal si el comportamiento cotidiano, como omitir un par de pagos de la tarjeta de crédito o frenar a menudo al conducir, pudieran predecir ese riesgo?

Se está realizando una serie de experimentos para explorar esa posibilidad, lo que refleja la creciente concientización de que las patologías vinculadas a la demencia pueden iniciar años o incluso décadas antes de que aparezcan los síntomas.

“La detección temprana es muy importante para poder hacer algo, justo en la etapa en la que podría ser más eficaz”, señaló Sayeh Bayat, autora principal de un estudio sobre la conducción al volante financiado por los Institutos Nacionales de Salud y realizado en la Universidad de Washington en San Luis.

Según los investigadores, dichos trabajos podrían ayudar a identificar a posibles voluntarios para las pruebas clínicas y ayudar a proteger a la gente mayor de la explotación económica y de otros peligros.

En los últimos años, muchos medicamentos que se consideraban prometedores para tratar la demencia, sobre todo la enfermedad de Alzheimer, han fracasado en los ensayos. Según los investigadores, tal vez una razón sea que ya se administran demasiado tarde para ser de utilidad. Detectar antes los riesgos, cuando el cerebro no ha sufrido tanto daño, podría proporcionarnos una reserva de posibles participantes que tuvieran la enfermedad de Alzheimer en una fase preclínica con los cuales se podrían poner a prueba tratamientos preventivos.

Es posible que esto también mejore la vida cotidiana. “Se podría aumentar la capacidad de las personas para que conduzcan durante más tiempo y que las calles fueran más seguras para todos”, mencionó Bayat como ejemplo.

Por el momento, la búsqueda de personas mayores con probabilidades de desarrollar alzhéimer o algún otro tipo de demencia tiene lugar principalmente en los contextos de investigación, donde los pacientes se enteran de su nivel de riesgo gracias a una combinación de pruebas genéticas, punciones lumbares o tomografías por emisión de positrones (PET, por su sigla en inglés) que detectan amiloide en el cerebro, así como mediante preguntas relacionadas con los antecedentes familiares.

“La idea es hallar a las personas lo suficientemente rápido como para tomar cartas en el asunto y evitar o retrasar la aparición de la enfermedad”, comentó Emily Largent, especialista en ética médica e investigadora en política sanitaria en el Centro de Investigación sobre la Memoria de Pensilvania, en Filadelfia, en el cual se realizan muchos estudios de ese tipo.

Se vislumbran otros tipos de pruebas de predicción, como los análisis de sangre sin prescripción médica que detecten la proteína Tau, otro biomarcador del alzhéimer, pero todavía faltan muchos años para que sean una realidad, comentó Largent.

Eso nos deja solo las técnicas invasivas, como las punciones lumbares, o las costosas, como las tomografías de PET. No es posible usar estos métodos para estudiar a grupos de muchas personas. “No están disponibles en todas partes”, explicó Bayat. “No están muy accesibles ni son muy adaptables”.

Sin embargo, un dispositivo GPS en el auto podría monitorear de manera casi continua y a bajo costo el comportamiento al volante, lo cual proporcionaría los llamados biomarcadores digitales. “Los estudios han demostrado que las personas que padecen alzhéimer sintomático cambian su manera de conducir”, comentó Bayat. “Pero algunos cambios se presentan incluso antes”.

El estudio de la Universidad de Washington reclutó a 64 adultos mayores con alzhéimer en fase preclínica, según se determinó por medio de punciones lumbares (los participantes no recibieron los resultados) y 75 cuyo nivel cognitivo se consideró normal.

A lo largo de un año, los investigadores estudiaron el comportamiento de ambos grupos al volante —con qué frecuencia aceleraban o frenaban de manera repentina, si excedían el límite de velocidad o manejaban muy por debajo de él, si hacían movimientos bruscos— y su “perfil de conducción” (cantidad de recorridos, distancia promedio, destinos inusuales, recorridos en la noche). “Solo porque ahora contamos con esta tecnología, podemos hacer este tipo de investigaciones”, señaló Bayat.

En el estudio se descubrió que el comportamiento al volante y la edad podrían predecir el alzhéimer en fase preclínica un 88 por ciento del tiempo. Es posible que esos hallazgos incentiven reclutamientos para pruebas clínicas y permitan que se pueda hacer algo —como hacer sonar alguna alarma cuando el auto se desvía— a fin de ayudar a que los conductores se mantengan en su camino. En áreas en las que no hay un buen transporte público (la mayoría), eso podría contribuir con la independencia de las personas mayores.

Jason Karlawish, un geriatra y codirector del Centro de Investigación sobre la Memoria de Pensilvania, calificó ese estudio como “provocativo” y bien diseñado. “Los resultados indican que monitorear un comportamiento importante a nivel cognitivo en el mundo real puede ayudar a detectar las señales más tempranas y sutiles de un deterioro cognitivo incipiente”, escribió en un correo electrónico.

De manera similar, en un estudio en el que se analizan los antecedentes clínicos y los informes crediticios de más de 80.000 beneficiarios de Medicare se demostró que era mucho más probable que las personas mayores que en algún momento eran diagnosticadas con alzhéimer se retrasaran en sus pagos de tarjetas de crédito que quienes pertenecían a una población parecida, pero que nunca recibieron ese diagnóstico. También era más probable que tuvieran evaluaciones crediticias de alto riesgo.

“Nos motivaron las anécdotas en las que las personas descubren la demencia de algún familiar mediante un acontecimiento financiero catastrófico, como el embargo de la casa”, comentó Lauren Nicholas, la autora principal y economista sanitaria en la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Colorado. “Esta podría ser una manera de identificar a los pacientes que están en riesgo”.

Los problemas se presentaron antes, cuando omitieron al menos dos pagos consecutivos hasta seis años antes del diagnóstico y obtuvieron un crédito de alto riesgo de incumplimiento dos años y medio antes. Aunque estudios más pequeños han señalado la relación entre una mala gestión financiera autonotificada y la demencia, este es el más grande y el primero en usar información financiera verídica, añadió Nicholas.

En Japón, los científicos han desarrollado una herramienta de aprendizaje automático que analiza las conversaciones telefónicas para detectar señales de alzhéimer en fase preclínica. Mediante el uso de archivos de audio grabados el año pasado durante algunas entrevistas, compararon las características vocales de los pacientes sanos —tono, intensidad, intervalos de silencio— con las de los de pacientes con alzhéimer y descubrieron que estos modelos podían predecir el nivel cognitivo.

Los investigadores de IBM han captado un riesgo elevado en pruebas de escritura y han descubierto que los patrones y el uso de las palabras pronosticaron un diagnóstico posterior de alzhéimer. Algún día se podría usar cualquiera de estos hallazgos para realizar un diagnóstico temprano.

Sin embargo, estos métodos plantean problemas sobre la privacidad. “¿A la gente no le incomoda que su banco o el seguro de su auto tenga esa información y la comparta?”, cuestionó Largent. “Llega a ser información médica que pasa a manos de personas que no son médicos”.

En el Centro de Investigación sobre la Memoria de Pensilvania, donde la información realmente está en las manos de los profesionales de la salud, “después de las pruebas en la clínica, algunas personas con deterioro cognitivo expresan que les gustaría que las monitorearan”, afirmó. “Otras consideran que eso es algo en verdad intrusivo”.

Durante años, los especialistas en bioética han abordado el tema de informar a los pacientes sobre los riesgos más altos que los normales de padecer alguna enfermedad aterradora para la cual aún no existe un tratamiento eficaz. Los estudios han demostrado que, en las situaciones de investigación, se pueden compartir los resultados de manera segura y eficaz. Sin embargo, sigue existiendo el temor de sentirse discriminados y estigmatizados.

En muchos estudios, Largent ha analizado lo que sucede cuando se les revela a los pacientes y a sus familiares las posibilidades de padecer demencia y descubrió que alrededor de una tercera parte de los pacientes reaccionan modificando su comportamiento referente a la salud, realizan algunas planeaciones legales y financieras o toman otras medidas de preparación. “Hacen cosas como actualizar su testamento, redactar instrucciones de previsión, practicar más ejercicio, quizás mudarse a vivir más cerca de algún hijo adulto”, mencionó.

© 2021 The New York Times Company

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