Buscan que Fernández tome la conducción del oficialismo, con el sustento político del PJ

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Obreros armaban esta tarde el escenario de cara a la Plaza de Mayo desde el cual hablará mañana Alberto Fernández.
Hernán Zenteno

Cuando mañana suba al escenario que se armó en la Plaza de Mayo, Alberto Fernández terminará de convalidar un dispositivo interno del Frente de Todos que lo empuja a tomar el control del Gobierno, ya no solo desde el plano institucional, sino también –y especialmente– en el político. La CGT, algunos gobernadores, intendentes del conurbano y funcionarios que le son leales lo presionan para que asuma, de una vez por todas, la conducción del oficialismo.

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“Si no lo hace de motu proprio, tenemos que llevarlo nosotros”, deslizó un referente de la coalición de gobierno. El argumento de estos factores de poder dentro del Frente de Todos para que Fernández de un paso al frente es que en la primera mitad de su mandato el Gobierno estuvo “trabado”, con un liderazgo bifronte (junto a Cristina Kirchner), cuando no tripartito (si se agrega a Sergio Massa), que redundó en una gestión que no será recordada por su eficacia.

Sobre todo, los “albertistas” objetan la injerencia de la vicepresidenta que opaca al primer mandatario, aunque también le reprochan a su jefe esa situación: “Esperemos que no recule más. Todo su gabinete, los gremios, los gobernadores y los movimientos sociales le planteamos que queremos un presidente y un conductor”, aseguró a LA NACION un dirigente que conoce el pensamiento íntimo de Fernández ante el “fuego amigo” del kirchnerismo.

Tras la derrota electoral, que paradójicamente fue recibida con alivio en el Gobierno porque sus principales funcionarios pensaban que el resultado podría ser peor para el Frente de Todos, el Presidente ya emitió dos señales para aplacar esa demanda interna: aceptó la convocatoria al acto de mañana en la Plaza de Mayo –tras las PASO había desalentado una movida similar– y avanzó con el anuncio de un plan para acordar con el Fondo Monetario.

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Entre líneas, no faltan en el oficialismo los que piensan que el paso al frente que está por dar Fernández –que será el único orador en la Plaza– es funcional a la estrategia de Cristina de replegarse ante la inminencia de las negociaciones finales del ministro de Economía, Martín Guzmán, con el staff del FMI, porque para el kirchnerismo implicaría arriar las banderas del desendeudamiento. Un contacto no desmentido entre ambos fogoneó este martes esa especulación.

“El proyecto del plan plurianual está avanzado y escrito, no fue una sorpresa dentro de la coalición”, aseguraron fuentes del Ministerio de Economía, tras la reunión de Guzmán con el jefe de Gabinete, Juan Manzur, este martes en la Casa Rosada. Esa iniciativa, que el Ejecutivo enviará al Congreso, tiene por objetivo conseguir un respaldo legislativo al acuerdo con el FMI. En definitiva, lo que Cristina Kirchner le pidió a la oposición durante la campaña electoral.

Pero ahora que la vicecepresidenta quedó debilitada políticamente, ya que desde el 10 de diciembre no contará con quorum propio en el Senado, un sector del oficialismo busca fortalecer al Presidente. La jugada se verá este miércoles en una Plaza de Mayo repleta por los sindicatos y los movimientos sociales peronistas. La imagen será elocuente: la centralidad la tendrá Fernández, mientras la vice continúa guardando reposo tras la reciente intervención.

El canciller Santiago Cafiero, al ingresar el lunes a la sede nacional del PJ.
Enrique García Medina


El canciller Santiago Cafiero, al ingresar el lunes a la sede nacional del PJ. (Enrique García Medina/)

Tanto la CGT como el Movimiento Evita son refractarios al liderazgo de Cristina. Tampoco se llevan bien con el jefe de La Cámpora, Máximo Kirchner, quien se guardó las manos para no aplaudir el domingo cuando Fernández confirmó la movilización a la plaza histórica. Pero la vice y su primogénito dieron otra muestra de pragmatismo político cuando enviaron al ministro del Interior, Eduardo de Pedro, a sumar al kirchnerismo a la movilización.

“No tenían otra, se quedaban afuera”, comentó por lo bajo uno de los organizadores de la movida. El propio Manzur, tras una reunión con la cúpula de la CGT, dijo hoy que “el movimiento obrero es la columna vertebral del peronismo”. Más allá de la frase hecha, el jefe de Gabinete dejó así en caro que la marcha será encabezada por los sindicatos, algo que dentro del peronismo fue interpretado como una invitación al kirchnerismo a “ir a la cola”.

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Manzur fue adoptado por los “albertistas” como un aliado de peso. El gobernador tucumano en uso de licencia corresponde esa confianza con gestos políticos: el lunes posterior a la elección estuvo en Almirante Brown junto a los ministros Gabriel Katopodis y Juan Zabaleta, para agasajar a otro albertista de la primera hora, el intendente Mariano Cascallares, que en su distrito ganó la elección con una diferencia arrasadora de 120.000 votos frente a Juntos.

El jefe de Gabinete, Juan Manzur, y el ministro de Obras Públicas, Gabriel Katopodis, en una visita el lunes a Almirante Brown.
El jefe de Gabinete, Juan Manzur, y el ministro de Obras Públicas, Gabriel Katopodis, en una visita el lunes a Almirante Brown.


El jefe de Gabinete, Juan Manzur, y el ministro de Obras Públicas, Gabriel Katopodis, en una visita el lunes a Almirante Brown.

Pero Fernández tiene algún recelo con Manzur, lo que explica que Santiago Cafiero siga acudiendo a los encuentros políticos en su representación. El canciller estuvo el lunes en la sede del PJ de la calle Matheu, donde además del acto de mañana se empezó a hablar de la necesidad de “institucionalizar” al Frente de Todos. Casi una forma de decir que el kirchnerismo debe ser uno más de los actores que se sienten a la mesa de las decisiones.

También, una manera de anticipar un escenario de PASO para dirimir las candidaturas en 2023. Como si se diera por sentado que habrá una línea interna que le dará batalla a Cristina desde el PJ y de la cual Fernández debe decidir si la encabezará, como le reclaman sus adherentes, o si se mantiene prescindente como hasta el momento. La diferencia no es menor.

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