El brote, la peor pesadilla para la multimillonaria industria de los cruceros

LA NACION

NUEVA YORK.- Para las relaciones públicas de las empresas de cruceros, el brote de coronavirus es una pesadilla.

Durante más de una semana, el mundo fue testigo de la puesta en cuarentena del crucero Diamond Princess en el puerto japonés de Yokohama, con sus 3700 pasajeros y tripulantes encerrados a bordo y un número de infectados que trepó hasta alcanzar a por lo menos 218 de ellos.

Mientras tanto, un segundo crucero navegaba a la deriva por el Mar de la China Meridional como una versión moderna del buque fantasma, rechazado uno tras otro por cinco puertos, ante el temor de que alguien a bordo estuviese infectado.

Incluso a miles de kilómetros de distancia, en Nueva Jersey, cuatro pasajeros chinos a bordo de un crucero fueron puestos brevemente en cuarentena, después de que las autoridades de salud norteamericanas revisaran a más de dos docenas de pasajeros. Ninguno de ellos resultó ser portador del virus.

No es la primera vez que las líneas de cruceros enfrentan una crisis, desde la batalla en curso contra el norovirus, capaz de causar gastroenteritis a la totalidad de un barco, hasta el escándalo del hundimiento del Costa Concordia frente a las costas de Italia en 2012, cuyo capitán huyó a tierra firme y dejó morir a 32 personas. Pero el Covid-19 -nombre oficial del coronavirus-, cuyo nivel de propagación todavía está por verse, podría ser el mayor problema que haya enfrentado ese sector de la industria del turismo.

"Cuanto más se ocupe la prensa del Diamond Princess, menos gente pensará que los cruceros son las vacaciones ideales", dice James Hardiman, gerente de Wedbush Securities, empresa de servicios financieros especializada en ese sector de negocios.

Las líneas de cruceros no difundieron datos sobre el impacto del brote sobre ese negocio, que mueve 45.600 millones de dólares anuales a nivel global, pero algunos agentes de viajes dicen que las reservas cayeron entre un 10 y un 15%.

Las empresas, incluidas las más grandes, como Norwegian Cruise Lines y Carnival Corp., que incluye a Princess Cruises, se negaron a comentar al respecto.

No sorprende que los cruceros de Asia y el Pacífico sean los más afectados. Alex Sharpe, CEO de Signature Travel Network, un consorcio de 7000 asesores de viajes, dice que "en este momento la demanda de cruceros es muy baja", y que los cruceros de los próximos meses "probablemente no se vendan".

"Si la industria no toma el control, esta situación puede afectar la confianza de los turistas chinos hacia los cruceros durante mucho tiempo", agrega Hardiman.

Crecimiento

El mercado de turismo chino es uno de los que registraron un mayor crecimiento en los últimos años y según la Asociación Internacional de Líneas de Crucero (CLIA), los viajes en la región Asia-Pacífico representan un 10% del total de esa industria. Además, el número de naves destinadas a las aguas del Pacífico creció un 53% entre 2013 y 2017.

Desde Busan, en Corea del Sur, hasta Lifou, Mare y la Isla de los Pinos, en Nueva Caledonia, cada vez son más los puertos de la región que están prohibiendo el atraco de cruceros, y el puerto de Hong Kong está cerrado desde el 6 de febrero.

Los pasajeros que ya tienen reservas dicen que las empresas, en vez de darles soluciones, se muestran poco comunicativas y serviciales. Maranda Priem, de 24 años, de la ciudad de Washington, y su madre, de 53 años, que vive en Minnesota, deberían estar a bordo del Norwegian Jade, una nave para 2200 pasajeros, que inicialmente debía zarpar de Hong Kong el 17 de febrero, con posteriores paradas en Singapur, Tailandia y Vietnam.

Cuando su preocupación por el coronavirus empezó a crecer, Priem intentó insistentemente comunicarse con la empresa, para ver si podían cambiarla a otro crucero, darle una orden de crédito a futuro o reembolsarle el dinero. Sus pedidos fueron rechazados.

"Tratar con Norwegian es una pesadilla", dice Priem. "La empresa no contesta cuánto nos va a reembolsar y no nos ayuda para nada".

Norwegian Cruise Lines tampoco responde a la requisitoria periodística.

Cuando se modifica el itinerario de un barco, "los pasajeros tienen pocos mecanismos a los que recurrir", dice Jim Walker, abogado especializado en derecho marítimo. "Los cruceros pueden alterar libremente sus itinerarios, y los pasajeros que no contrataron un seguro simplemente se quedan varados. Para colmo, el problema con los seguros es que suelen tener excepciones contra pandemias y cosas por el estilo", añade.

The New York Times