Los británicos se plantan ante su pasado más oscuro

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Londres, 12 jun (EFE).- Como efecto dominó, la ira por el escalofriante asesinato de George Floyd llegó al Reino Unido, donde miles de ciudadanos, especialmente jóvenes, han salido a la calle para denunciar su pasado más oscuro: la esclavitud del siglo XVIII.

Cada vez son más las voces que piden retirar de su pedestal a las figuras de comerciantes de esclavos o emprendedores coloniales que se erigen por doquier en plazas o esquinas del Reino Unido, reflejo del Imperio británico donde nunca se ponía el sol.

Pero el asesinato de Floyd en EE.UU., a manos de un policía blanco el pasado mayo, ha dado pie, no solo a protestas en muchos países, sino a un intenso debate en el Reino Unido sobre si el país ha pasado página a su implicación en el comercio de esclavos o si todavía hay racismo y discriminación en la sociedad.

El Gobierno de Boris Johnson salió en defensa del espíritu antirracista de estas manifestaciones, aunque denunció las pintadas o los destrozos provocados en EE.UU. y el Reino Unido, después de que la escultura del comerciante de esclavos Edward Colston (1636-1721) fuera arrancada en Bristol, arrastrada por las calles y arrojada en el puerto de esta ciudad del oeste de Inglaterra.

"Somos una sociedad mucho menos racista de lo que éramos pero, francamente, también tenemos que reconocer que hay mucho más por hacer para erradicar los prejuicios y crear oportunidades", afirmó un portavoz de la residencia oficial de Downing Street.

Además de Colston, hubo pintadas sobre las estatuas del exprimer ministro Winston Churchill (1874-1965) en la plaza del Parlamento, en Londres, y de la reina Victoria (1819-1901) en el céntrico Hyde Park, donde se han podido leer palabras como "racista" o "asesina".

Las peticiones para retirar a quienes en su día fueron considerados héroes o constructores de la riqueza británica no cesan, como es el caso de los estudiantes de la Universidad de Oxford que piden sacar del colegio Oriel la estatua de Cecil Rhodes (1853-1902), defensor de la política de expansión territorial del siglo XIX, por considerarlo un símbolo de racismo y del pasado imperial del país.

La vicerrectora de Oxford, Louise Richardson, advirtió del error de "ocultar nuestra historia" y pidió, en cambio, que los británicos "afronten su pasado y aprendan de él".

"Necesitamos entender esta historia y el contexto en que tuvo lugar y por qué la gente pensaba entonces de esa manera", agregó.

En la Universidad inglesa de Cambridge, activistas antirracistas que piden se retire un vitral conmemorativo del biólogo Ronald Fischer (1890-1962), hicieron este viernes pintadas en la entrada del colegio Gonville & Caius donde está ese cristal.

"La eugenesia es genocidio. Fisher tiene que caer", reza el mensaje, ya que el biólogo fue el fundador de la Sociedad Eugenesia de la Universidad de Cambridge y argumentaba que la población está dividida genéticamente entre personas inferiores y superiores.

Más al norte de Inglaterra, en Liverpool, la universidad de esta ciudad acordó la retirada de William Gladstone (1809-1898), un político liberal que en su día respaldó los intereses de los comerciantes de esclavos, entre ellos su padre, John Gladstone.

Para la historiadora Olivette Otele, de la Universidad de Bristol, la retirada de Colston puede dar una impresión equivocada de que los problemas raciales han desaparecido en el país.

"Lo que necesitamos es tener un fuerte diálogo y hablar sobre estas cosas porque si simplemente las sacamos (esculturas), entonces la gente pensará que este es el fin del racismo, la discriminación y todas esas cosas, (pero) todo esto seguirá una vez que las estatuas hayan sido retiradas", agregó.

Otro historiador, Simon Schama, se muestra, en cambio, a favor, por ejemplo, de tumbar la estatua de Rhodes en Oxford.

"Si por mi fuera, lo quitaría pero creo que el problema es que sería un espectáculo improvisado" y el debate debe centrarse en "por qué a esta gente se le hizo una escultura", declaró Schama.

Además de colonizadores, se erige la estatua del político William Wilberforce (1759-1833), en Hull (norte de Inglaterra), que hizo una fuerte campaña en contra de la trata de esclavos, lo que llevó finalmente al Parlamento a aprobar en agosto de 1833 la llamada Ley de la Abolición de la Esclavitud, que puso fin a esta actividad en todo el Imperio Británico.

El caso de Floyd, no obstante, no es aislado. El Reino Unido pasó por un suceso similar en 2011 cuando el joven afrocaribeño Mark Duggan perdió la vida después de que la Policía le disparase en un incidente en el barrio de Tottenham (norte de Londres). Posteriormente se supo que Duggan no estaba armado cuando los agentes lo tirotearon.

Ese caso provocó protestas antirracistas y disturbios, con incendios en comercios, que se extendieron por varias ciudades y pusieron de manifiesto cuán dividida estaba la sociedad británica.

Viviana García

(c) Agencia EFE

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