Breves de espectáculos

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"Yo no quise, pero me bajaron" del escenario: Ignacio López Tarso

CIUDAD DE MÉXICO, mayo 1 (EL UNIVERSAL).- "No hay más que esperar", dice convencido Ignacio López Tarso, al considerar lo que debe hacer un actor para adaptarse durante la pandemia.

Él mismo lleva más de un año sin pisar un escenario, pues se encontraba presentando con su hijo la obra "Mi vida en teatro", cuando por la Covid-19, todos los espacios para espectáculos en vivo fueron cerrados para evitar contagios.

Desde septiembre sólo ha participado en puestas en escena virtuales, lo que para mucho es una reinvención de los artistas.

"Recuerdo las palabras de mi maestro de teatro en la Academia de Bellas Artes que me dijo: si te vas a subir a un escenario, ten cuidado, no te bajes nunca. Tengo 96 años de edad, 73 como actor, y es la primera vez que no me bajo, yo no quise, pero me bajaron", dice bromista el actor de "Macario".

"Es una época terrible para el espectáculo, para la humanidad entera, una época espantosa y ojalá pase pronto, ojalá que ya todos estemos vacunados y de alguna manera inmunes, para volver a un mundo normal, todo mundo busca de dónde obtener dinero, el dinero se ha escondido, la vida es muy difícil ahora, más difícil que siempre", subraya.

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Mi vida gira en torno a mi bebé: Fer Lozada

CIUDAD DE MÉXICO, mayo 1 (EL UNIVERSAL).- "Cuando veo que hace algo nuevo mi hijo, lloro muchísimo", expresa el exparticipante de "Acapulco Shore", Fernando Lozada, quien hizo a un lado las fiestas descontroladas para vivir una nueva etapa como padre.

"Mi esposa me dice 'Gancito', porque dice que por fuera me veo así todo tatuado, ando en moto y por dentro soy diferente; yo veo que hace algo nuevo mi hijo y lloro muchísimo, en las películas infantiles, en todo. Se sienta y lloro, se para y lloro; el otro día me soltó un beso y me solté a llorar, me acuerdo y se me corta la voz", expresa con emoción Lozada.

Comenta que antes que naciera Leandro no sintió la paternidad, ni la curiosidad del proceso de maternidad de su esposa Triana, pero todo cambió en cuando escuchó su primer llanto.

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La muerte y la enfermedad vistas a través de la mirada infantil

CIUDAD DE MÉXICO, mayo 1 (EL UNIVERSAL).- La enfermedad y la muerte son dos experiencias de vida difíciles de afrontar para los seres humanos. Pero, ¿cómo viven las infancias esos procesos complejos? La directora y dramaturga Andrómeda Mejía plantea en la obra "Un conejo para la luna", la historia de Ángel y Larissa, dos hermanos que han crecido con su abuelo, con quien han compartido el amor y los juegos. Hasta que un día, frente a la enfermedad, la dinámica familiar se transforma en dolor, los tratamientos médicos y el cuidado de su ser amado.

La muerte, dice Mejía, es un tema recurrente en el arte y en la literatura, pero los procesos de enfermedad, no. La complejidad de los cuidados de un ser amado, agrega, no sólo exigen una entrega total, también plantea un camino hacia la compasión.

"Es la historia de una familia que se enfrenta a la enfermedad y al duelo por un ser amado, en este caso, el abuelo. La obra la relatan sus nietos, nos cuentan sus emociones y los cambios que viven alrededor de la enfermedad. Es un texto que había escrito previo a la pandemia, pero en este momento creo que cobra otra importancia, de hecho hice varios ajustes para llevarla a escena. Son tiempos que nos orillan a pensar y a hablar sobre la enfermedad y el duelo porque implican muchos cambios y muchos procesos de confrontación, es tan importante expresar las emociones", dice en entrevista.