Brasil supera a Estados Unidos al lograr que su población reciba el esquema completo de vacunación

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Un trabajador de atención médica administra una vacuna contra la COVID-19 en un centro de vacunación desde el auto en el estadio Pacaembú en São Paulo, el 11 de febrero de 2021. (Victor Moriyama / The New York Times).
Un trabajador de atención médica administra una vacuna contra la COVID-19 en un centro de vacunación desde el auto en el estadio Pacaembú en São Paulo, el 11 de febrero de 2021. (Victor Moriyama / The New York Times).

RÍO DE JANEIRO — Aunque alguna vez fue un lugar de alto contagio durante la pandemia, ahora Brasil superó a Estados Unidos en la misión de vacunar por completo a su población contra la COVID-19, pues logró que más del 60 por ciento de los brasileños recibiera el esquema completo de vacunación.

El logro contrasta con el manejo tan grotesco de la pandemia por parte del gobierno del presidente Jair Bolsonaro, quien se negó a vacunarse. También refleja el nivel de confianza pública en un sólido sistema de atención médica con un historial de responder rápidamente ante las crisis.

Bajo el mandato de un gobierno que desestimó una y otra vez la amenaza del virus, Brasil enfrentó una falta de pruebas de coronavirus, cubrebocas, camas de hospital e incluso oxígeno. En ocasiones, esta escasez contribuyó a elevar su cifra diaria oficial de fallecidos hasta ser la más alta del mundo. Se sabe que más de 600.000 brasileños murieron de COVID-19, un número eclipsado solo por Estados Unidos.

En Estados Unidos, el 59 por ciento de la población cuenta con las dos dosis de la vacuna. A principios de este año, al comenzar la campaña para vacunar a los estadounidenses, millones fueron inoculados cada día. Pero desde mediados de abril, la vacunación ha sido más baja en comparación, en parte debido a la oposición política o los temores sobre la seguridad de las dosis disponibles.

El despliegue de la vacunación en Brasil ha sido mucho más lento que en Estados Unidos, y los críticos de Bolsonaro dicen que fue una consecuencia de la resistencia del gobierno hacia las vacunas.

“Algunas personas dicen que estoy dando un ejemplo terrible”, dijo Bolsonaro en julio acerca de los detractores que le reclamaron por su negativa a recibir la vacuna. “Si alguien se transforma en un caimán, es problema suyo”.

Sin embargo, su escepticismo no sofocó el entusiasmo de los brasileños por las vacunas. A medida que las dosis comenzaron a estar disponibles, las redes sociales se inundaron con fotos de brasileños que recibían las inyecciones en sus brazos mientras mostraban carteles que alababan la salud pública y criticaban al gobierno. Muchos se disfrazaron de caimanes para la ocasión, como una manera de burlarse del presidente.

Incluso los parientes cercanos de Bolsonaro y sus aliados cedieron. “Recibí la vacuna en secreto”, aseguró Luiz Eduardo Ramos, su exjefe de personal, según consta el registro que se hizo en una reunión privada en la que participó. “Maldición, quiero vivir como cualquier ser humano”.

Daniel Soranz, quien dirige el Departamento de Salud Pública de Río de Janeiro, dijo que su ciudad podría haber vacunado a sus ciudadanos tres veces más rápido si las dosis hubiesen llegado antes. Su actual tasa de vacunación, del 70 por ciento, es más alta que la de la ciudad de Nueva York.

“La gente en Río está luchando para conseguir la vacuna”, dijo. “Este discurso antivacunas de verdad no tiene efecto en la gente de aquí”.

Soranz y otros expertos dicen que el sistema de salud pública de Brasil y su programa de inmunización que funcionó por décadas, hicieron una diferencia en la implementación de la vacuna, incluso cuando el plan del gobierno nacional para combatir la pandemia se sumió en el caos. El país tiene decenas de miles de centros de vacunación permanentes, y los funcionarios de la ciudad coordinan campañas de inmunización cada año.

Muchos creen que un gobierno que no hiciera caso omiso de la experiencia científica habría hecho un mejor trabajo, tal como lo hicieron otros países latinoamericanos, como Chile y Uruguay. Cuatro ministros pasaron por el Ministerio de Salud de Brasil durante la pandemia y las continuas luchas políticas internas han dejado al programa nacional de inmunización de Brasil sin un líder durante meses.

José Gomes Temporão, un exministro de Salud, dijo que el gobierno había intensificado sus esfuerzos para comprar vacunas después de que una investigación del Congreso comenzó a indagar de manera incisiva. Hace poco, el grupo de legisladores que supervisa la investigación acusó a Bolsonaro de crímenes contra la humanidad por su respuesta a la pandemia.

No obstante, los estados más pobres siguen luchando por vacunar a las personas. Muchos estados en la Amazonía brasileña, donde a algunas ciudades solo se puede llegar en barco, tienen tasas de vacunación por debajo del 50 por ciento.

A pesar de eso, muchos en Brasil piensan que lo peor de la pandemia ya pasó. Por ejemplo, Río de Janeiro se está preparando para grandes celebraciones en los próximos meses. Soranz dijo: “Estamos planeando el mayor carnaval en nuestra historia”.

© 2021 The New York Times Company

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