Brasil llega a COP25 ofuscado por la creciente deforestación en la Amazonía

Agencia EFE

Sao Paulo, 27 nov (EFE).- Brasil llega a la cumbre del clima (COP25) ofuscado por la creciente deforestación en la Amazonía, la mayor en una década, y por las polémicas propuestas de su presidente, Jair Bolsonaro, a quien los ecologistas culpan del avance de la motosierra en el mayor bosque tropical del planeta.

Con Bolsonaro ausente en la gran cita del clima, el ministro de Medio Ambiente de Brasil, Ricardo Salles, estará al frente de la delegación brasileña en Madrid, adonde acudirá dispuesto a exigir recursos a los países en desarrollo para combatir la destrucción del pulmón verde del planeta.

Este territorio ha perdido 9.762 kilómetros cuadrados de vegetación -cerca de 10.000 campos de fútbol- desde agosto de 2018 hasta julio de 2019, un 30 % más respecto al mismo periodo del año anterior.

Las organizaciones medioambientales han apuntado el dedo hacia Bolsonaro, a quien acusan de estimular la destrucción de la selva con su retórica incendiaria y sus iniciativas para ampliar la actual frontera agrícola y permitir la explotación de minerales en reservas indígenas.

Bolsonaro, capitán de la reserva del Ejército, niega, sin embargo, que las políticas promovidas por su Gobierno sean la razón de ese aumento y atribuye el avance de la deforestación a fenómenos "culturales" que relaciona con las prácticas de tala y quema que muchos habitantes de la Amazonía utilizan tradicionalmente.

Bolsonaro ha admitido que la deforestación "no acabará", pero los alarmantes números sobre la destrucción de la Amazonía han presionado al Gobierno a buscar medidas para frenar la tala de árboles en este territorio, considerado fundamental en el combate contra el cambio climático debido a la gran cantidad de dióxido de carbono que absorbe.

Para ello, el Gobierno ha anunciado que solicitará en la COP 25 los recursos extranjeros "que fueron prometidos" y exigirá una definición sobre la partida que le corresponde de un fondo de 100.000 millones de dólares anuales, creado para costear iniciativas en países emergentes en la preservación del medioambiente a partir de 2020.

El pedido de recursos por parte de Brasil se produce en un momento delicado para el Gobierno de Bolsonaro, centro de críticas de numerosos países extranjeros por el giro dado en política medioambiental.

Noruega y Alemania llegaron a anunciar la suspensión de las partidas destinadas al Fondo Amazonía, creado para recaudar donaciones para combatir la deforestación, mientras que Francia objetó al acuerdo que anunciaron la Unión Europea (UE) y el Mercosur tras los incendios en la región amazónica, que en agosto y septiembre fueron los más extensos de la última década.

Acorralado, Bolsonaro ha enarbolado la bandera de la "soberanía" de Brasil sobre la Amazonía y ha dejado de lado la diplomacia para cargar contra todos aquellos que han cuestionado su política.

Mandó a la canciller alemana, Ángela Merkel, a usar los fondos para "reforestar Alemania", reprochó a Noruega por "matar ballenas" y "extraer petróleo del Polo Norte" y se enzarzó en una batalla dialéctica con el presidente francés, Emmanuel Macron.

BOLSONARO, EN PIE DE GUERRA CONTRA EL "ACTIVISMO AMBIENTAL CHIITA"

Desde que llegó al poder, el pasado 1 de enero, el líder de la ultraderecha brasileña ha emprendido una cruzado contra el "activismo ambiental chiita" y ha puesto en su punto de mira a las organizaciones no gubernamentales, a quienes llegó a acusar de estar detrás de los incendios en la Amazonía.

Bolsonaro ha echado un pulso a los ecologistas y, siguiendo los pasos de Estados Unidos, llegó a amenazar durante la campaña electoral con abandonar el Acuerdo de París sobre cambio climático, pero acabó retractándose debido a la presión comercial que llegaba desde Europa.

Pese a las críticas, el ministro de Medio Ambiente, Ricardo Salles, considera que Brasil, que en 2018 rechazó ser sede de la COP25 por razones presupuestarias, está cumpliendo con los compromisos nacionales que permitirán alcanzar las metas del Acuerdo de París, que prevé limitar el calentamiento global a 1,5 ºC en relación a la era preindustrial.

"Brasil está yendo bien (en las metas), ya avanzó mucho en la reducción de la deforestación" desde 2005, afirmó recientemente el ministro, pese a que la destrucción de la Amazonía viene aumentando desde 2012, aunque a un ritmo menor.

Alba Santandreu

(c) Agencia EFE