Brasil, antes un líder en materia de cambio climático, se queda corto en Glasgow

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Trabajadores medioambientales brasileños intentando evitar que un incendio arda fuera de control son acompañados por soldados para protegerlos, cerca de Río Pardo en el estado brasileño de Rondonia, en septiembre de 2019. (Victor Moriyama/The New York Times)
Trabajadores medioambientales brasileños intentando evitar que un incendio arda fuera de control son acompañados por soldados para protegerlos, cerca de Río Pardo en el estado brasileño de Rondonia, en septiembre de 2019. (Victor Moriyama/The New York Times)

RÍO DE JANEIRO — Brasil, líder global en materia del clima convertido en delincuente medioambiental durante la presidencia de Jair Bolsonaro, se acercó a la conferencia sobre el clima de las Naciones Unidas en Glasgow, Escocia, listo para demostrar que estaba cambiando de rumbo, con compromisos para crear un programa de empleos ecológicos, reducir las emisiones de carbono y frenar la deforestación.

Sin embargo, incluso cuando John Kerry, el enviado de Estados Unidos para asuntos del clima, dijo en Twitter que esas medidas daban un “impulso crucial” a la lucha contra el cambio climático, los ecologistas argumentaron que los planes carecían de ambición y de los detalles que los harían creíbles.

Y la notoria ausencia de Bolsonaro en la cumbre planteó dudas sobre su compromiso con el cambio.

Una semana antes del inicio de la conferencia, Bolsonaro dijo en una entrevista que no asistiría por razones “estratégicas”, sin aclarar a qué se refería. Días después, el vicepresidente Hamilton Mourão insinuó que Bolsonaro quería protegerse de la exposición.

Bolsonaro, que asumió el cargo en 2019, ha supervisado un aumento de la deforestación de la Amazonia y un descuido generalizado de las regulaciones medioambientales, por lo que se ha convertido en el blanco de condenas dentro y fuera del país.

Si el presidente asiste a la cumbre, “todo el mundo le tirará piedras”, comentó Mourão a los periodistas. En cambio, dijo, “habrá allí un equipo robusto con capacidad para llevar a cabo la estrategia de negociación, por ejemplo”.

Días antes de la conferencia, el gobierno brasileño anunció una política para crear puestos de trabajo ecológicos al tiempo que preserva los vastos bosques del país. Luego, el lunes, Brasil se comprometió a reducir las emisiones a la mitad para 2030, lograr la neutralidad del carbono para 2050 y acabar con la deforestación ilegal para 2028, un paso más allá de su promesa del año pasado.

En un video compartido en uno de los actos paralelos de la cumbre, Bolsonaro calificó a Brasil de “potencia ecológica” y declaró que “en la lucha contra el cambio climático, siempre hemos sido parte de la solución, no del problema”.

El martes, Brasil se unió a más de cien países en un compromiso para reducir las emisiones de metano en un 30 por ciento para 2030. En el pasado, Brasil se resistió a asumir ese tipo de compromisos porque la mayor parte del metano es vertido por el sector agrícola, uno de los principales motores de la economía brasileña.

Aun así, la ausencia de Bolsonaro va en contra del argumento de que Brasil está cambiando de rumbo, comentó Natalie Unterstell, la presidenta del Instituto Talanoa, un grupo de expertos en política climática.

“Es una gran contradicción”, afirmó. “En el momento en que debería confirmar que quiere ser más ambicioso en materia climática, no está presente”.

Los ecologistas y los opositores políticos en Brasil también se apresuraron a señalar las fallas en los anuncios del gobierno. El plan de crecimiento ecológico carecía de detalles para hacerlo creíble, dijeron, y los compromisos sobre las emisiones incluían una importante salvedad, revelada al examinar los aspectos técnicos de la propuesta.

En 2015, como parte del Acuerdo de París, Brasil había prometido reducir las emisiones de carbono en un 43 por ciento. Ahora se ha comprometido a reducir las emisiones en un 50 por ciento. No obstante, lo que parece una mejora en realidad no lo es, según los expertos. La cifra base utilizada para el cálculo en ambos casos —las emisiones de Brasil en 2005— se ha ajustado desde el primer compromiso. Así que cada compromiso se traduce en la reducción de más o menos la misma cantidad de dióxido de carbono, alrededor de 1,2 gigatoneladas.

“Es un nuevo compromiso de antaño”, explicó Marcelo Ramos, representante del estado de Amazonas y vicepresidente de la Cámara Baja de Brasil. “Una vez más, Brasil no muestra ambición”.

Además, está la cuestión del historial de Brasil. Por ley, se suponía que el país ya había empezado a reducir sus emisiones. En cambio, las emisiones crecieron a niveles no vistos desde 2006, convirtiéndose en una de las pocas naciones donde las emisiones aumentaron durante la pandemia.

El aumento se debió en gran medida a un incremento de la deforestación. Entre agosto de 2020 y julio de 2021, la parte brasileña de la Amazonia perdió 10.878 kilómetros cuadrados de cobertura arbórea, según las últimas cifras publicadas por el Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales. Si Brasil hubiera seguido sus compromisos de deforestación anteriores, la tasa sería cerca de un tercio de lo que es en la actualidad.

Sin embargo, el calendario publicado por el gobierno a tiempo para la cumbre de Glasgow haría que el país cambiara de manera brusca el rumbo y redujera la deforestación en un 15 por ciento a partir del próximo año, una disminución que Brasil no ha visto en casi una década.

La falta de credibilidad en los compromisos de Brasil ya está perjudicando su economía. Decenas de grupos ecologistas y de derechos humanos escribieron una carta en la que instaban a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico a tener en cuenta el pobre historial medioambiental del país antes de aceptarlo como miembro de su club de naciones desarrolladas. También ha llevado a los líderes políticos de Europa a retrasar la conclusión de un tratado de libre comercio entre la Unión Europea y el bloque sudamericano Mercosur.

Muchos de los otros líderes de Brasil están ansiosos por mostrar que hay más en el país que la visión de Bolsonaro. Ejecutivos de algunas de las principales empresas de Brasil y más de la mitad de los gobernadores estatales del país están en Glasgow presentando sus propios planes.

“Es difícil hacer mucho sin el gobierno federal”, señaló Marcello Brito, portavoz de la Coalición Brasileña sobre Clima, Bosques y Agricultura, una organización sin fines de lucro que reúne a las principales empresas de negocios en el área de la agricultura y ecologistas. “Pero daremos la cara y encontraremos la forma de atraer parte de la financiación ecologista disponible en el mundo”.

© 2021 The New York Times Company

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