Brasil, frente a otro desafío ambiental por el petróleo en las playas del norte

Alberto Armendáriz

El petróleo tiñó de negro la playa de Pontal do Coruripe, en el estado de Alagoas

SAN PABLO.- Luego del pésimo impacto en la imagen internacional de Brasil que tuvieron los recientes incendios en la Amazonia, el gobierno de Jair Bolsonaro intensificó ayer sus esfuerzos por contener otro desastre ambiental causado por la misteriosa contaminación de las paradisíacas costas del nordeste con petróleo posiblemente originario de Venezuela.

El muy cuestionado ministro de Medio Ambiente, Ricardo Salles, acudió a la Comisión de Medio Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Cámara de Diputados, donde aseguró que más de 1500 efectivos de la Marina, junto a equipos del Instituto Brasileño de Medio Ambiente y Recursos Naturales Renovables (Ibama) y del Instituto Chico Mendes de Conservación de la Biodiversidad (ICMbio), trabajan sin descanso para limpiar las 138 playas en las que desde principios de septiembre han aparecido manchas de crudo.

"Ese petróleo, muy probablemente de Venezuela, es crudo que vino por un barco extranjero navegando cerca de la costa brasileña, con derrame accidental o no", dijo el funcionario, que confirmó así la información filtrada la noche anterior de un informe de Petrobras que había examinado 23 muestras del hidrocarburo recogidas de los nueve estados afectados hasta ahora: Maranhão, Pauí, Ceará, Rio Grande do Norte, Paraíba, Pernambuco, Alagoas, Sergipe y Bahía.

La víspera, en otra audiencia en el Congreso, el presidente de Petrobras, Roberto Castello Branco, se había limitado a señalar que los análisis bioquímicos llegaron a la conclusión de que no se trata de ningún tipo de petróleo producido y/o comercializado en Brasil. Apuntó que aunque aún no era posible indicar de dónde venía el crudo, se descartaba que hubiese brotado de una fisura en el fondo marino o que fuera resultado de la limpieza del tanque de algún barco.

Las tres hipótesis que se manejan hasta el momento son: un tanquero hundido, un accidente durante el traspaso de petróleo de un navío a otro en alta mar o un desecho criminal.

Ya el lunes, el presidente Bolsonaro había dejado abierta la posibilidad de que la contaminación se tratara de un acto criminal, pero evitó ahondar en esa conjetura hasta que no se terminen las investigaciones.

En su presentación en Diputados, el ministro Salles informó que hasta ahora se han limpiado 133 toneladas de petróleo y que de acuerdo con datos del Centro Integrado de Seguridad de la Marina (Cismar) ya se identificaron 140 tanqueros que pasaron por la costa del nordeste brasileño desde agosto. Los legisladores que interpelaron al funcionario exigieron profundizar las investigaciones y aumentar la limpieza de las paradisíacas playas, que son uno de los principales atractivos turísticos del país.

"Estamos pecando en el aire, en la tierra y en el mar. Y todo está relacionado con la cuestión ambiental", le reclamó el diputado opositor Julio Delgado, del Partido Socialista Brasileño (PSB), al hacer referencia a las llamas que devastaron gran parte de la selva amazónica en los últimos meses y generaron fortísimas críticas internacionales.

Según los especialistas ambientales, esta contaminación con petróleo no tiene precedente en la historia brasileña.

"Sin dudas, es el mayor desastre ambiental en el litoral del nordeste de Brasil", resaltó el biólogo Flavio Lima, coordinador del Proyecto Cetáceos de la Universidad Estatal de Rio Grande do Norte, que ha estado involucrado en la atención de animales afectados por el crudo, entre ellos tortugas marinas, manatíes, peces y aves, muchos de los cuales ya han aparecido muertos por la contaminación.

Los expertos temen que si no se halla la causa del derrame y se la detiene, el petróleo podría provocar daños irreparables en los corales y toda la vida marina de la zona.