Mientras Boris Johnson hace las veces de Scrooge, los británicos alimentan a los hambrientos

Rory Smith
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LEEDS, Inglaterra — Al final de un turno ajetreado, Ali Moghadam se sentó durante el almuerzo y trató de calcular cuánta comida acababa de regalar.

Sin pensarlo mucho, estimó que fueron unos cuarenta almuerzos en bolsa, cada uno contenía un sándwich, una bebida, una fruta y algo dulce. Todo eso provenía de su propio inventario. Los salarios del personal adicional que buscó para lidiar con la demanda también saldrían de su bolsillo.

No conocía a muchas de las personas que habían llegado, con sus hijos, para obtener uno. Algunos habían dejado un mensaje en Facebook. Otros habían llamado con antelación. Unos cuantos simplemente habían llegado y gentilmente lo solicitaron en el mostrador. Moghadam no hizo ninguna pregunta. Con una sonrisa, solo les entregó una bolsa.

Como le ha sucedido a todos los negocios pequeños, este ha sido un año difícil para Yorkshire Crust, la compacta tienda de exquisiteces con mesas relucientes y una iluminación expuesta de manera artística que Moghadam administra en Horsforth, un suburbio de Leeds. Se vio obligado a cerrar durante ocho semanas debido al confinamiento y, al principio, solo reabrió como servicio para llevar.

La flexibilización de las reglas sobre las reuniones sociales en el Reino Unido durante el verano ofreció un respiro, dijo, pero ahora enfrenta límites más estrictos: se espera que Inglaterra inicie de nuevo un confinamiento el jueves, lo que significa que solo las tiendas esenciales tendrán permiso de abrir. Si Moghadam desea continuar sus operaciones, deberá regresar al servicio para llevar.

Aun así, cuando un cliente le llamó recientemente para alertarlo de una campaña que estaba ganando impulso en las redes sociales, Moghadam no dudó en unirse al esfuerzo. Escribió en Facebook para anunciar que Yorkshire Crust ofrecería almuerzos gratis a los niños durante el receso vacacional de otoño. “Me volví algo viral, creo que alrededor de 8000 personas lo vieron en el Reino Unido”, dijo sobre su publicación.

Esta historia se ha vivido y contado miles de veces en el Reino Unido recientemente: no solo en cafeterías, restaurantes, pubs y bares, sino también en firmas de abogados y talleres de costura, así como particulares.

Es una historia que, incluso en una época de grandes divisiones en la sociedad y la política británicas, generó un desprecio generalizado hacia el primer ministro, Boris Johnson, y su gobierno conservador. Y es una historia que tiene, en su origen, a una figura unificadora poco común: Marcus Rashford, un futbolista de 23 años que es una estrella del Manchester United y la selección inglesa.

Durante el confinamiento, Rashford comenzó una campaña con el fin de donar alimentos para 1,5 millones de niños en Inglaterra que califican para almuerzos escolares gratuitos. El deportista explica que el cierre de las escuelas para prevenir la propagación del coronavirus, ha hecho que esos niños se queden sin lo que probablemente sea su fuente más confiable de alimentos. Él recibió almuerzos escolares gratuitos durante la infancia, dijo, así que sabía lo valiosos que eran.

En junio, obligó al gobierno, que inicialmente se había rehusado, a retractarse de manera vergonzosa, lo que condujo a que el programa fuera extendido para cubrir seis semanas de las vacaciones de verano. En los últimos días, solicitó a los legisladores que extiendan la medida durante seis meses más para que abarque el receso de otoño, así como las vacaciones escolares de la época decembrina y de Semana Santa.

No obstante, a pesar de que más de un millón de personas ha firmado una petición para exigir que el gobierno extienda el programa y las advertencias de al menos un miembro del partido de Johnson sobre que rehusarse a cambiar el curso era “interpretar erróneamente el sentimiento nacional”, la propuesta fue votada en el Parlamento este mes.

Un legislador conservador dijo que estaba en contra de “nacionalizar a los niños”. Otro fue acusado de parecer que sugería que dar cupones de comida canalizaba recursos “de manera efectiva” a “lugares donde se consume crack y prostíbulos”.

Anne Longfield, comisionada de la Infancia de Inglaterra, sugirió que sostener un debate sobre si “niños hambrientos y vulnerables deberían tener lo suficiente para comer” era “sorprendemente similar a lo que esperaríamos leer en los capítulos de ‘Oliver Twist’”.

No obstante, después de la votación para rechazar el plan de Rashford, primero decenas, luego cientos y finalmente miles de negocios, pequeños y grandes, se ofrecieron como voluntarios para cubrir el vacío que el gobierno había dejado.

La mayoría de los donantes han tomado grosso modo el mismo enfoque que Moghadam para entregar los almuerzos. Algunos solicitan un mensaje de Facebook o una llamada telefónica simplemente para medir la demanda; nadie hace ninguna pregunta. “Existe un estigma vinculado a los almuerzos escolares gratuitos”, dijo Simeon Brown, propietario de Simplery, una pastelería y cafetería en Harehills, Leeds. “Las personas llaman por teléfono porque se sentirían avergonzadas de venir y preguntar”.

Tony Grice, propietario de Fika, una cafetería estilo escandinavo en Liverpool, se preocupaba de lo mismo. Para resolverlo, envía cupones a cualquiera que pregunte en Facebook o por teléfono. “Pueden venir con una captura de pantalla o una impresión y podemos preguntarles directamente qué les gustaría”, dijo. “El primer día, el lunes, nos preguntamos si tal vez las personas eran demasiado soberbias para venir, pero el martes fue diferente”.

Ese día, él y su personal sirvieron sesenta desayunos gratuitos y prepararon cien almuerzos en bolsas; para mitad de la tarde, tres cuartas partes de estos se habían ido. “Es desagradable, en 2020, que tengamos este nivel de desempleo y tantas personas con hambre”, dijo Grice.

Rashford dice que no tiene la intención de rendirse y muchas de las personas que se han unido a su campaña piensan lo mismo. A pesar de todos los costos involucrados, Grice dijo que pretende hacer la misma oferta en Navidad: desayunos y almuerzos gratuitos para cualquier niño que los necesite, sin hacer preguntas.

“Lo haremos de nuevo, por supuesto”, dijo él. “Lo seguiremos haciendo hasta que el gobierno cambie de parecer”.

This article originally appeared in The New York Times.

© 2020 The New York Times Company