¿Boom económico pospandémico? Una montaña de dinero espera ser gastado en cuanto el virus brinde un respiro

Ben Casselman
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Cualquier demora en la vacunación podría congelar la recuperación económica.
Michael Ciaglo

WASHINGTON.- La economía de Estados Unidos sigue sumida en un invierno pandémico de locales cerrados, elevado desempleo y poca creación de puestos de trabajo. Pero en Wall Street y en Washington, el foco de atención está virando hacia una posibilidad tan interesante como difusa: un boom post-Covid.

Los pronosticadores siempre auguraron que a la pandemia la sucedería un periodo de fuerte crecimiento, con la reapertura de los comercios y la vuelta a la normalidad. Pero hace un par de semanas que los economistas ya hablan de algo mucho más fuerte: un rebote vertiginoso que hará bajar el desempleo, hará subir los sueldos y hasta podría inaugurar un periodo de varios años de fuerte crecimiento económico.

Ya hay señales de que la economía pegó el giro: el mes pasado, cuando el gobierno norteamericano depositó la última ronda de ayuda en las cuentas bancarias de los consumidores, las ventas minoristas se dispararon. Además, los nuevos pedidos de seguro de desempleo vienen cayendo sostenidamente desde los primeros días de enero, aunque siguen siendo altos. Y los índices de inversión empresaria han reaccionado, señal de confianza de los líderes corporativos.

Los economistas encuestados este mes por la Reserva Federal de Filadelfia predijeron que este año la producción en Estados Unidos aumentará un 4,5%, lo que representaría la mejor marca desde 1999. Y algunos esperan un rebote aún más pronunciado: los economistas de Goldman Sachs anticipan que este año la economía crecerá un 6,8%, y que para diciembre el desempleo habrá bajado al 4,1%, un nivel que tardó 8 años en alcanzarse después de la última gran recesión.

“Es sumamente probable que la tasa de crecimiento de este año sea muy alta”, dice Jan Hatzius, economista en jefe de Goldman Sachs. “No sé si será un boom, pero definitivamente será una recuperación en V”, agrega Hatzius en referencia a la curva de una abrupta caída seguida de un pronunciado rebote.

El presidente de los Estados Unidos, Joe Biden, llega al Comedor Estatal de la Casa Blanca, el 5 de febrero de 2021, para dar su discurso
El presidente de los Estados Unidos, Joe Biden, llega al Comedor Estatal de la Casa Blanca, el 5 de febrero de 2021, para dar su discurso


El presidente de los Estados Unidos, Joe Biden, llega al Comedor Estatal de la Casa Blanca, el 5 de febrero de 2021, para dar su discurso

El creciente optimismo de los economistas responde a una confluencia de factores. Para empezar, los casos de coronavirus en Estados Unidos están bajando, y la campaña de vacunación, aunque más lenta que lo esperado, va ganando impulso. Además, y debido mayormente a los billones de dólares de ayuda estatal, la economía parece haber sobrevivido al año pasado con menos daños estructurales que lo que se temía, sobre todo en términos de quiebra de empresas, ejecuciones hipotecarias y bancarrotas personales.

Finalmente, y como resultado de meses de ahorro forzoso por la cuarentena y de las sucesivas rondas de ayuda directa del Estado, los consumidores norteamericanos están sentados encima de una montaña de cientos de miles de millones de dólares. Y eso montaña puede seguir creciendo si el Congreso aprueba el paquete de ayuda directa a los hogares que propone el flamante presidente Joe Biden.

Cuando termine la pandemia, el dinero empezará a circular como la nieve derretida en primavera: liberados de su encierro, los consumidores competirán por habitaciones de hotel y mesas en los restaurantes, las empresas competirán por los mejores empleados y por el abastecimiento para satisfacer la demanda, y los trabajadores que quedaron relegados por sus obligaciones parentales o por temor al virus se reincorporarán a la fuerza laboral, atraídos por los mejores sueldos y la repentina abundancia de oportunidades.

“Se producirá un gran boom por demanda contenida a medida que se abra la economía”, dice Ellen Zentner, economista en jefe de Morgan Stanley para Estados Unidos. “Hay un inmenso poder de compra acumulado en los hogares.”

Pero esa visión dista mucho de ser una certeza. Cualquier demora en la vacunación podría congelar la recuperación, al igual que la aparición de nuevas cepas del virus que no sean vulnerables a la vacuna. Una parálisis política en Washington también podría frenar la ayuda para los desempleados y las empresas en problemas. Incluso si la economía logra sortear todas esas trampas, es improbable que haya un momento específico en que las autoridades sanitarias den “vía libre”, y podrían pasar años hasta que la gente vuelva a apretujarse en los bares y estadios deportivos como lo hacían antes de la pandemia.

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Además, un boom también entraña riesgos. En las últimas semanas, importantes economistas, como Lawrence H. Summers, secretario del Tesoro durante el gobierno de Clinton, advirtió que la propuesta de alivio financiero de Biden es demasiado abultada y podría recalentar la economía, empujando la inflación y obligando a la Reserva Federal a apagar la luz en medio de la fiesta. Las autoridades monetarias desestiman mayormente ese riesgo y señalan que el problema constante de las últimas décadas ha sido una inflación demasiado baja, y no demasiado alta.

Otros economistas temen que el rebote beneficie principalmente a los ricos, profundizando las inequidades propias de la pandemia.

“Puede haber un boom, pero tal vez solo sirva para que algunos saquen todavía más ventaja, o tal vez sea un goteo, cuando lo que se necesita en un diluvio”, dice Tara Sinclair, economista de la Universidad George Washington.

Pero para muchos negocios y hogares que han tenido problemas para mantenerse a flote durante la pandemia, esas preocupaciones empalidecen ante las oportunidades que podría ofrecer un boom de la economía.

Así que a pesar de todas las desventajas que pueda tener, un boom económico sería la mejor y tal vez única posibilidad para que los trabajadores recuperen terreno perdido. Antes de la pandemia, el mercado laboral era tan sólido que ya empezaba a repartir ganancias entre los trabajadores de menores sueldos y podía brindar oportunidades para gente con discapacidades, antecedentes delictivos, y otras barreras que les impedían conseguir empleo. Una súbita caída del desempleo no curará todas las heridas causadas por la pandemia, pero al menos frenará la sangría.

“Hay que impulsar un boom económico”, dice la economista Sinclair. “Pero tampoco hay que creer que va a curar todos nuestros males.”

Traducción de Jaime Arrambide