Bolsonaro prometió orden, atacar la corrupción y erradicar el socialismo

Alberto Armendáriz

BRASILIA.- Con la promesa de inaugurar un nuevo paradigma político, económico y social en el mayor país de América Latina , Jair Bolsonaro asumió ayer como el 38º presidente de Brasil, cargo desde el cual tendrá un gran impacto en toda la región como representante de una ultraderecha victoriosa por la vía democrática.

El excapitán del Ejército de 63 años, nostálgico de la dictadura y provocador de polémicas, reafirmó su compromiso con las reglas democráticas. En su primer mensaje ante el Congreso, se mostró conciliador y exhortó a los parlamentarios a trabajar juntos para impulsar la economía, combatir la corrupción y la inseguridad, y restituir valores éticos y morales que transformen el país. Citó a Dios como fuente de sus decisiones y dijo que actuará sin reparar en ideologías para realizar acuerdos y cambios. Luego, desde el Palacio del Planalto, volvió al discurso combativo al afirmar que se propone terminar con el socialismo en su país.

Ante una ferviente multitud de simpatizantes reunidos en la Plaza de los Tres Poderes, volvió a adoptar su duro mensaje divisorio, belicoso, condenatorio de las políticas del izquierdista Partido de los Trabajadores (PT), que durante 13 años (2003-2016) marcó los rumbos de esta nación.

"Convoco a cada uno de los legisladores para que me ayuden en la misión de restaurar y de reerguir nuestra patria, liberándola definitivamente del yugo de la corrupción, de la criminalidad, de la irresponsabilidad económica y de la sumisión ideológica. Tenemos delante de nosotros una oportunidad única de reconstruir nuestro país y de rescatar la esperanza de nuestros compatriotas", sostuvo al proponer un "pacto nacional" en el plenario del Congreso, tras un desfile por el centro de una Brasilia blindada por inéditas medidas de seguridad.

"Reafirmo mi compromiso de construir una sociedad sin discriminación o división", llegó a decir en un trecho muy aplaudido en el recinto del Senado. Allí faltaban los congresistas de las bancadas del PT y de sus aliados del Partido Socialismo y Libertad (PSOL), que habían decidido no participar de la ceremonia como forma de protesta hacia quien ven como un peligro para la democracia.

Poco después de recibir la banda presidencial de manos del saliente Michel Temer , desde el "parlatorio" del Planalto prefirió exaltar al núcleo de su base de apoyo, que decepcionada por la experiencia petista le garantizó el triunfo en los comicios de octubre. Confiados en sus promesas de acabar con el socialismo, con la ideología de género y de imponer una línea dura contra la criminalidad, sus seguidores lo aclamaban al grito de "¡Mito! ¡Mito!" y "¡El capitán llegó!".

"Por mucho tiempo, el país fue gobernado atendiendo intereses partidarios que no son los de los brasileños. Vamos a restablecer el orden en este país", afirmó, y celebró este histórico día "en el que el pueblo comenzó a liberarse del socialismo, de la inversión de valores, del gigantismo estatal y de lo políticamente correcto".

En un guiño a los sectores religiosos conservadores, sobre todo evangélicos, que lo respaldaron, en varias oportunidades agradeció a Dios el haberle permitido sobrevivir al atentado con cuchillo del 6 de septiembre, durante la campaña, que lo hizo renacer y darle una misión a su vida.

"Estoy aquí para responder y, una vez más, comprometerme con ese deseo de cambio", dijo en referencia al resultado de las urnas. "No podemos dejar que ideologías nefastas vengan a dividir a los brasileños. Ideologías que destruyen nuestros valores y tradiciones, nuestras familias, cimiento de nuestra sociedad -agregó-. Podemos, yo, ustedes y nuestras familias, todos juntos, restablecer patrones éticos y morales que transformarán nuestro Brasil. Es urgente acabar con la ideología que defiende bandidos y criminaliza a los policías".

Antes, en el Congreso, había expresado: "Vamos a valorar la familia, respetar las religiones y nuestras tradiciones judeocristianas, combatir la ideología de género, conservando nuestros valores".

Entre los vítores, el vicepresidente, el general de reserva Hamilton Mourão, le alcanzó una bandera brasileña, que él extendió delante de la muchedumbre. "Esta es nuestra bandera, que jamás será roja (color del PT). Solo será roja si es necesaria nuestra sangre para mantenerla verde y amarilla", concluyó aguerrido.

Normalmente con su figura relegada a un segundo plano en estas solemnidades, la nueva primera dama, Michelle Bolsonaro, sorprendió al dirigirse al público antes que su marido, y en lengua de señas, una de sus causas sociales predilectas. "Las elecciones dieron voz a quien no era oído y la voz de las urnas fue clara: el ciudadano brasileño quiere seguridad, paz y prosperidad; un país en el que todos seamos respetados", señaló mientras sus gestos eran traducidos en el micrófono por otra mujer.

La tercera y última parte de las actividades del día se centraron en el Palacio de Itamaraty, la cancillería, donde el nuevo gobierno ofreció una recepción para dignatarios extranjeros e invitados especiales.

Diez jefes de Estado y de gobierno participaron de la asunción, entre ellos, los primeros ministros de Israel (Benjamin Netanyahu), de Hungría (Viktor Orban) y de Marruecos (Saadedinn Othmani), así como los presidentes de Portugal (Marcelo Rebelo de Sousa), Chile (Sebastián Piñera), Bolivia ( Evo Morales ), Uruguay ( Tabaré Vázquez) , Paraguay ( Mario Abdo Benítez ) y Honduras (Juan Orlando Hernández).

En un principio, el argentino Mauricio Macri había dicho que viajaría a Brasil, pero luego prefirió quedarse de vacaciones en Villa La Angostura y agendó una visita a Brasilia para el 16 de enero; el canciller Jorge Faurie estuvo ayer en su representación. Por su parte, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump , envió a su secretario de Estado, Mike Pompeo.

Entre las delegaciones internacionales, el consenso mayoritario era que la suerte de Bolsonaro dependerá de su habilidad política para negociar con el Congreso y de la capacidad de su equipo económico, encabezado por el neoliberal Paulo Guedes, en reactivar un crecimiento sostenido del PBI, que genere nuevos empleos (actualmente el desempleo se ubica en el 11,6%). La pieza clave en este rompecabezas será la confianza de los inversores, y para ello, el reclamo de los mercados es que se apruebe cuanto antes una reforma previsional para reducir el creciente déficit fiscal. Luego, se espera una reforma tributaria.

"Realizaremos reformas estructurantes, que serán esenciales para la salud financiera y sustentabilidad de las cuentas públicas, transformando el escenario económico y abriendo nuevas oportunidades", destacó Bolsonaro.