Bolsonaro sigue libreto de Trump, habla de fraude electoral

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Manifestantes marchan por la Avenida paulista de Sao Paulo el 3 de julio del 2021, portando un cartel que dice "impeachment ya", que pide un juicio político al presidente Jair Bolsonaro. (AP Photo/Nelson Antoine, File)

BRASILIA (AP) — Faltan 15 meses para las elecciones presidenciales de Brasil, pero no pasa un día sin que el presidente Jair Bolsonaro hable de la posibilidad de un fraude y advierta que tendrá derecho a rechazar los resultados si el Congreso no reforma el sistema electoral.

En los últimos dos meses mencionó más de 20 veces el posible fraude e incluso dejó flotando la idea de cancelar las elecciones.

“No me importa entregar el gobierno el año que viene, a quien sea, pero si hay un voto honesto, no con un fraude”, declaró a sus partidarios el 1ro de julio frente a la residencia presidencial. Ese mismo día insistió en el tema. “Dicen que no tengo pruebas de un fraude. ¡Pero no hay pruebas tampoco de que no habrá fraude!”.

Los cuestionamientos incesantes del sistema electoral causaron enorme revuelo y encuentros a puertas cerradas entre legisladores y jueces de la Corte Suprema para defender el sistema. El tribunal electoral, por su parte, ordenó al presidente presentar las pruebas del fraude que dice poseer, pero hasta ahora no las ha presentado.

Bolsonaro está muy rezagado en las primeras encuestas y hay quienes dicen que sigue el libreto de Donald Trump y prepara el terreno para su propia versión del alzamiento del 6 de enero, cuando una turba trumpista tomó el Capitolio en Washington.

“Su estrategia parece ser que, si logra enturbiar los resultados de la elección diciendo que hubo fraude o que estuvo arreglada, tiene mejores posibilidades de que no se reconozcan los resultados”, expresó Robert Kaufman, profesor de ciencias políticas de la Universidad de Washington que estudia las democracias y las dictaduras de América Latina.

El tribunal electoral organiza y supervisa la votación, no la rama ejecutiva. La oficina de prensa del presidente no dijo por ahora si el mandatario presentará pruebas de que hubo fraudes electorales en el pasado. El plazo para que lo haga vence en agosto.

Bolsonaro ordenó a la policía federal que investigue denuncias de fraudes en los últimos 25 años que puedan sustentar sus afirmaciones, según uno de sus ministros, que habló a condición de no ser identificado porque no estaba autorizado a hablar en público. Es parte también de su respuesta a los opositores a una propuesta de reforma constitucional que haría que se haga una copia impresa de cada voto electrónico, señaló el ministro.

De implementarse esa propuesta, el votante podrá ver un recibo de su voto antes de que sea introducido en una caja sellada. De haber irregularidades con el recuento electrónico del voto, según el mandatario, se podrían corroborar los resultados con las copias impresas.

Los opositores a la propuesta, incluidos el actual y los futuros presidentes del tribunal electoral —los tres miembros de la Corte Suprema— dicen que el sistema electrónico empezó a tomar forma en 1996 y ya permite hacer una auditoría. El cambio propuesto por Bolsonaro, arguyen, solo abriría las puertas a denuncias de fraude sin fundamento.

El presidente del tribunal, el juez Luis Roberto Barroso, resiste a pie firme la propuesta en la comisión legislativa que estudia el tema y que se espera se pronuncie la semana que viene. El mes pasado, Barroso y otros dos jueces de la Corte Suprema se reunieron con más de 40 políticos de todos los sectores para impedir que la propuesta sea aprobada.

El voto impreso es “una solución arriesgada a un problema que no existe”, declaró Barroso a la Associated Press. Expresó que la iniciativa aumenta el peligro de coerción y violación del voto secreto por parte de traficantes de drogas y grupos armados. Es sabido que hay organizaciones delictivas que obligan a votar por ciertos candidatos y que compran votos.

El juez de la Corte Suprema Gilmar Mendes, expresidente del tribunal electoral, dijo por teléfono que hay que manejarse con cautela.

“Allegados al gobierno dicen que, si no se hace como ellos quieren, no puede haber una elección”, manifestó Mendes. “Es un tema pensado para provocar una crisis. Ya vimos lo que pasó en Estados Unidos”.

El pedido de una reforma electoral de Bolsonaro precede su victoria en los comicios del 2018, después de los cuales denunció que algunos votos suyos fueron atribuidos al candidato del Partido de los Trabajadores. Se espera que el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, del PT, se postule contra Bolsonaro en el 2022.

En las últimas semanas, el mandatario de extrema derecha ha intensificado sus denuncias de un posible fraude.

“O limpiamos las elecciones en Brasil o no tenemos elecciones”, afirmó ante partidarios el 8 de julio. Al día siguiente, les dijo que “corremos el riesgo de no tener elecciones el año que viene. Es su futuro lo que está en juego”.

Los hijos de Bolsonaro --Eduardo, Flavio y Carlos--, todos políticos, se unieron a la campaña a partir de sus cuentas en las redes sociales, que tienen muchos seguidores.

La escalada coincide con encuestas que le dan a Bolsonaro la popularidad más baja de su gestión, manifestaciones de protestas en su contra, presiones de una investigación legislativa del manejo que hizo su gobierno de la pandemia del coronavirus y denuncias de corrupción en la compra de vacunas. Las primeras encuestas dan a Lula como gran favorito para los comicios del año que viene.

Alentar las dudas sobre los resultados electorales en estas circunstancias “puede tener el objetivo de hacer que la gente piense que no son necesarias las elecciones”, según Diogo Rais, profesor de jurisprudencia electoral de la Universidad Mackenzie de Sao Paulo.

Si la comisión especial de la cámara de diputados aprueba la reforma electoral la semana que viene, pasará a la cámara en pleno, marcando el inicio de un prolongado proceso, que incluiría varias votaciones. De completarse para octubre, el sistema podría ser usado en los comicios de octubre del 2022. Pero completar todo este proceso para entonces es una empresa cuesta arriba, sobre todo tomando en cuenta que los líderes de 11 partidos políticos se unieron el mes pasado para expresar su oposición a la reforma.

Lo más probable es que pase algo parecido a lo que sucedió en Estados Unidos, donde un importante porcentaje de la gente cree que la elección del año pasado no fue libre ni justa, de acuerdo con Anya Prusa, del Instituto Brasil del Centro Wilson de Washington.

“En algunos sentidos, esto es más peligroso para un sistema democrático que una toma del poder, porque es más fácil defenderse” ante una toma del poder, expresó Prusa. “Mermará más todavía la confianza de los brasileños en su sistema democrático en momentos en que hay mucha polarización y desconfianza”.

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Jeantet informó desde Río de Janeiro.

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