Boleta Única, un sistema que mejoraría la legitimidad electoral

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Recorrida por Escobar
Alejandro Guyot

En estos días se instala la discusión sobre la posibilidad de modificar la forma en que la ciudadanía vota, proponiendo pasar a un sistema conocido como Boleta Única de Papel. La discusión es sana. Este es el momento para llevarla adelante y no en medio de procesos electorales. Reglas de juego claras, con tiempo para aplicarlas. Pero más allá de la oportunidad estamos ante todo frente a una decisión más compleja de lo que parece, con un mayor impacto del que a simple vista se observa.

Existen buenos argumentos a favor y en contra de pasar a votar con la Boleta Única Papel. Me encuentro más cerca de adoptar este sistema, pero los argumentos a favor del sistema actual son atendibles. Quizás el primero de ellos es que nuestro sistema de votación viene ratificando representaciones desde el año 83 sin mayores inconvenientes. Es cierto que en varios de los procesos aparecieron denuncias sobre robo de boletas, boletas apócrifas, marcas en las boletas, “voto cadena”, y otras supuestas trampas. Sin embargo, debemos pensar en la magnitud del proceso y a veces no tanto en maniobras ilegales que dudosamente puedan cambiar un resultado electoral. Con esto no se avalan esas acciones que tienen que ser reprimidas, pero pensemos que tenemos 100 mil mesas de votación en el país y cuánto pueden llegar a incidir este tipo de trapisondas. Y quizás lo más importante: la Justicia nunca demostró que algo de esto se consuma en un fraude. Es más, las denuncias nunca prosperan más allá de las primeras semanas posteriores a las elecciones. Y la Justicia Electoral Nacional goza de envidiable prestigio en nuestro sistema institucional.

Nuestro sistema de votación se apoya en cuatro pilares que terminan protegiendo nuestro voto en forma directa o colateral. Autoridades de mesa elegidas por la justicia; fiscales elegidos por los partidos políticos; ciudadanos que vamos a votar y exigimos derechos; Justicia Electoral. Todas esas manos al mismo tiempo en el plato generan un proceso confiable, y el mutuo control entre ellos garantiza hace muchos años buenas elecciones en Argentina.

Entonces, por ejemplo, para que el robo de boletas sea un problema el votante debería ser indiferente y no reclamar ; y/o el presidente de mesa debería no cumplir con su función de solucionarle el reclamo al votante -desde hace varias elecciones existen boletas de contingencia-; y/o los fiscales no deberían tener boletas de repuesto para cuidar a su partido/alianza.

Una respuesta constante a estos argumentos es: “Vos no conocés a los punteros políticos que aprietan a los fiscales, al presidente de mesa, y a los votantes”. Lo cierto es que ese nivel de violencia institucional no se soluciona con la Boleta Única. Los presidentes de mesa, fiscales y votantes van a seguir siendo apretados. Y si tienen la posibilidad de obligar a alguien a usar mal un instrumento de votación, también los pueden obligar a usar mal otro.

Existen también otros temas que no tienen que ver con la transparencia sino con el impacto de cambiar el sistema de votación. Este tipo de cambios siempre incide en los resultados electorales, por lo tanto, en la distribución de poder. Eso no es bueno ni malo si lo que se logran son los objetivos buscados. Desde mi opinión y en breve la justificaré no se trata de Boleta Única sí o no, sino de qué Boleta Única y qué diseño institucional queremos construir.

Uno de los argumentos, reales, es que la aplicación de la Boleta Única puede llegar a afectar la composición del Congreso Nacional. No opino sobre si esto es bueno o es malo, simplemente puede suceder. Y lo que sucede en este caso es bueno si se lo busca o si se sabe que puede suceder. La Boleta Única dependiendo su diseño puede afectar por ejemplo el corte de boleta, y puede redundar en gobiernos con una presencia más débil en el Congreso. Para algunos eso puede ser bueno, para otros malo. Lo que pido aquí es profundizar el análisis de la discusión y no quedarnos solamente con el argumento del robo de boletas.

Habiendo complejizado la discusión creo que hay argumentos sólidos para adoptar la Boleta Única. El sistema propuesto termina con el negocio del financiamiento político vía impresión de boletas. Habrá boletas para cada uno de los votantes, impresas por el Estado, sin la participación de los partidos políticos que en muchos casos suelen financiar las campañas con el dinero de las papeletas partidarias.

Por otro lado, si bien nunca hay que afectar la calidad de una elección por su costo, si se puede hacer más barato y más seguro, mejor. Lo mencionado, se terminaría con el robo, ocultamiento, rotura, o falsificación de boletas, lo cual he considerado que raramente podría cambiar el resultado de una elección, pero es molesto e innecesario si hay una buena solución para ello.

También la Boleta Única facilitaría el trabajo de las autoridades de mesa y fiscales. Lápiz y papel. No más sobres, no más revisar a cada rato el cuarto oscuro para ver el material electoral. También podría pensarse en sistemas para contar los votos o transferirlos más fácilmente a partir de la Boleta Única Papel.

En cuanto al cuarto oscuro este podría simplificarse o hasta eliminarse reemplazándolo con pequeñas mesas que garanticen el secreto del voto. Inclusive se genera la posibilidad de que varias personas voten al mismo tiempo en una mesa agilizando el momento de la votación.

Finalmente, y quizás lo más importante, si la ciudadanía así lo cree un nuevo sistema puede darle mayor legitimidad a la elección. Siempre insisto en que las elecciones son nuestra mejor institución, pero todo se puede mejorar, y la legitimidad en materia electoral es un punto fundamental.

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