El BoE aplica una subida récord de tasas pese a unas perspectivas "muy difíciles"

FOTO DE ARCHIVO. Vista general del edificio del Banco de Inglaterra (BoE), en Londres, Reino Unido

Por David Milliken y Andy Bruce

LONDRES, 3 nov (Reuters) -El Banco de Inglaterra elevó el jueves las tasas de interés del 2,25% al 3%, su mayor subida desde 1989, al tiempo que advertía de un panorama "muy difícil" para la economía.

El banco central británico prevé que la inflación alcanzará un máximo de 40 años, en torno al 11%, durante el trimestre actual, pero que Reino Unido ya ha entrado en una recesión que podría durar dos años, más que durante la crisis financiera de 2008-09.

El incremento del jueves —el mayor en 33 años, aparte de un intento fallido de apoyar a la libra en el "miércoles negro" de 1992— estuvo en línea con las expectativas de los economistas en una encuesta de Reuters, pero la decisión no fue unánime.

Dos responsables de la política monetaria del Banco de Inglaterra (BoE, por sus siglas en inglés), Silvana Tenreyro y Swati Dhingra, votaron a favor de aumentos menores, de un cuarto de punto porcentual y medio punto respectivamente, en el contexto de una economía en probable recesión.

Sin embargo, la mayoría del Comité de Política Monetaria dijo que las tasas tendrían que subir aún más, aunque probablemente no hasta el 5,2% que se había proyectado anteriormente en los mercados financieros.

"Es posible que se necesiten más aumentos de la tasa de interés bancario para que la inflación vuelva a alcanzar el objetivo de forma sostenible, aunque en un nivel más bajo que el que se había previsto en los mercados financieros", dijo el Banco de Inglaterra en una orientación inusualmente específica para los inversores.

Justo antes de la decisión de política monetaria del jueves, los mercados esperaban que las tasas alcanzaran un máximo en torno al 4,75%.

"El Comité sigue considerando que, si las perspectivas sugieren presiones inflacionistas más persistentes, responderá con fuerza, según sea necesario", añadió.

Los bancos centrales de todo el mundo occidental están respondiendo a retos similares. La inflación se ha disparado en el último año debido a la escasez de mano de obra disponisble y a los cuellos de botella en la cadena de suministro tras la pandemia del COVID-19 y —en el caso de Europa— a un gran aumento de la factura energética desde que Rusia invadió Ucrania en febrero.

La Reserva Federal de Estados Unidos subió su tasa de interés principal en 75 puntos básicos el miércoles, hasta una horquilla de entre el 3,75 y el 4%, y el Banco Central Europeo aumentó su tasa de interés de depósito en la misma cuantía la semana pasada. La Fed dijo que las futuras subidas de tasas podrían producirse en pasos más pequeños.

El Banco de Inglaterra se ha enfrentado a semanas de agitación política y de los mercados financieros desde su última subida de tipos el 22 de septiembre, ya que sólo un día después el Gobierno de la ex primera ministra Liz Truss lanzó un paquete de recortes fiscales sin financiación de 45.000 millones de libras (52.000 millones de dólares) que recibió una respuesta condenatoria por parte de los inversores.

El objetivo de esta política era evitar la recesión y estimular el crecimiento a largo plazo, pero en su lugar llevó a la libra esterlina a un mínimo histórico frente al dólar estadounidense, obligó al Banco de Inglaterra a intervenir en el mercado de bonos y provocó la dimisión de Truss.

Los mercados están ahora más estables y los costes de los préstamos del Gobierno británico han vuelto a su nivel anterior a la crisis. El martes, el Banco de Inglaterra pudo empezar a vender bonos de su reserva de flexibilización cuantitativa de 838.000 millones de libras.

Sin embargo, los problemas fundamentales a los que se enfrenta la economía británica persisten. La inflación de los precios al consumo volvió a alcanzar un máximo de 40 años, el 10,1%, en septiembre, y es probable que haya aumentado aún más el mes pasado, cuando los precios regulados de la energía subieron, a pesar de los costosos subsidios para limitar el aumento.

Al mismo tiempo, la economía se está desacelerando bruscamente, ya que el aumento de la inflación limita el gasto de los consumidores en artículos no esenciales.

El Banco de Inglaterra estima que la economía británica entró en recesión en el tercer trimestre de 2022 y que la recesión durará hasta mediados de 2024, provocando una contracción de la economía del 2,9%. El desempleo aumentaría de forma constante hasta el 6,4% a finales de 2025, frente al 3,5% actual, el más bajo desde mediados de la década de 1970.

Si el Banco de Inglaterra no sube más los tipos, la recesión sería más corta, con un trimestre de crecimiento positivo en el medio y una pérdida acumulada de producción de alrededor del 1,7%.

Pero la inflación caería ligeramente más despacio, manteniéndose justo por encima del 2% dentro de dos años, en comparación con algo menos si el BoE sube las tasas tanto como los mercados esperan.

La formulación de la política monetaria del BoE es especialmente complicada por la falta de claridad sobre la futura política gubernamental.

Mientras la mayoría de los recortes fiscales de Truss han sido revertidos, el nuevo primer ministro, Rishi Sunak, ha indicado que será necesario un recorte del gasto público y potencialmente un aumento de los impuestos, cuya magnitud no estará clara hasta la declaración fiscal del 17 de noviembre.

Los subsidios a la energía dejarán de existir en su forma actual en abril, pero el Banco de Inglaterra asumió en sus previsiones que continuarían en aproximadamente la mitad de su tamaño actual, evitando un fuerte aumento de la inflación el próximo año.

(Información de David Milliken y Andy Bruce; editado en español por Benjamín Mejías Valencia)