El bochornoso Brasil - Argentina: el señor de jeans, las falsas verdades y la cruz de Messi

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El anónimo más notorio del domingo discute con Nicolás Otamendi y Marcos Acuña en el comienzo del clásico entre Brasil y Argentina en el Corinthians Arena, en San Pablo. El principio del fin
NELSON ALMEIDA

El juego ahora es saber quién fue. Jeans un tanto grandes, remera azul al tono y papeles blancos enrollados a los apuros en el bolsillo trasero izquierdo del pantalón. ¿No tenía una carpeta, al menos, para parecer más prolijo? ¿O el apuro era parte de la puesta en escena? Algunas versiones lo señalan como policía federal, otras, como un funcionario más de Anvisa, el organismo que presidió el escándalo. Uno puede imaginar los títulos periodísticos: “Quién es el intruso que se metió en la cancha y desató un bochorno mundial”. También se puede ir por el lado de “El anónimo que se plantó ante Messi de jeans y zapatillas”. O, en unos días: “Cómo cambió la vida del hombre que suspendió el clásico Brasil-Argentina”. Todas valen, y harán entretenidas estas horas alrededor de un episodio tristemente inolvidable. Pero no despejará las dudas centrales, las reales. Las de fondo...

Como suele ocurrir en episodios de tanta magnitud, solo el tiempo ayuda a encontrar la llave entre la maleza. En estas horas prevalecen las sospechas. ¿Hubo una interna entre Anvisa -el organismo de control sanitario de Brasil-, el Gobierno nacional y el estado de San Pablo que escaló hasta el césped del estadio de Corinthians? ¿Por qué la Anvisa, tan celosa en cuidar a la población brasileña de la pandemia, tomó una medida tan violenta? ¿No hubiera sido lógico que accionara el viernes a la mañana, cuando el chárter con los jugadores de la selección argentina aterrizó en el aeropuerto de Guarulhos y se verificó la procedencia británica de cuatro de los viajeros? Y si hubieran estado en la cancha los nueve futbolistas brasileños que juegan en la Premier League, ¿habría pasado lo mismo?

Neymar habla con sus compañeros mientras las autoridades sanitarias ya habían entrado en escena...
Andre Penner

Neymar habla con sus compañeros mientras las autoridades sanitarias ya habían entrado en escena... (Andre Penner/)

Como sea, mientras el mundo se hacía una fiesta entre la incredulidad, la burla y el sarcasmo (“Eso en Europa no pasa”, no tardaron en aparecer los propaladores de falsas verdades), Brasil y Argentina perdían el mismo partido. Eso sí que es novedoso. No importará demasiado lo que se decida en los escritorios de la FIFA, motivo de concienzudos análisis de expertos en legislación deportiva a esta hora. Porque, al cabo, Brasil y Argentina marchan cómodos hacia la clasificación al Mundial de Qatar. Entonces, tres puntos más o menos no parecen cambiar su recorrido. Sí, en cambio, se perdieron la oportunidad de jugar uno de los partidos de selecciones más atractivos del planeta. De poner el fútbol por encima de las sospechas. Los colores tan característicos de uno y otro, el antecedente inmediato de una final tan grande, la presencia de Neymar y Messi, un campo de juego excelente. Todo invitaba. Hasta el horario era ideal: las 4 de la tarde un domingo, para que se vea por TV en Sudamérica… y en la cena europea.

En el terreno de la sospecha, ¿quién queda a salvo? ¿Por qué, si es real lo que argumenta Anvisa, los jugadores argentinos apuntados omitieron que habían estado en Inglaterra en los últimos 14 días? ¿Quizás porque la AFA era consciente de lo que marcaba la reglamentación local, más allá de las burbujas que Conmebol pactó desde que se resolvió que la pelota volviera a rodar en estas latitudes? Y los jugadores y el entrenador de Brasil, ¿se enteraron de bochorno mientras sucedía? ¿O estaban avisados de que algo así iba a pasar? ¿Por qué se quedaron en la cancha cuando ya no estaba ni el árbitro? ¿Para hacerle ver a la FIFA su voluntad de jugar como fuere?

Lautaro Martínez pelea por el balón con Danilo: una imagen de juego, toda una rareza del domingo
Alexandre Schneider

Lautaro Martínez pelea por el balón con Danilo: una imagen de juego, toda una rareza del domingo (Alexandre Schneider/)

No se le está haciendo sencillo a Messi completar aunque sea un tiempo en el precioso estadio de Corinthians. El dato es tan curioso como real: dos años atrás, allí mismo, el capitán de la selección argentina fue eje de un escándalo que también dio la vuelta al mundo. Entonces, un par de pechazos con Gary Medel terminaron con los dos expulsados cuando iban 36 minutos de la primera etapa entre Argentina y Chile, en el partido que definía el tercer y cuarto puesto de la anterior Copa América. Esta vez, su rol fue secundario, claro. Ofició casi de espectador de una escena inverosímil, montada por otros y cuyas difusas responsabilidades tal vez se borren detrás de caras ignotas. Como la del señor del jeans y el papel enrollado. A él, justamente, Messi le dijo, portando una pechera de fotógrafo y ya sin camiseta, la frase más sensata de la tarde. “Hace tres días estamos acá, ¿esperaron a que empiece el partido para venir?”.

Messi, con el chaleco del fotógrafo de la AFA, y una sonrisa amarga
Messi, con el chaleco del fotógrafo de la AFA, y una sonrisa amarga (NELSON ALMEIDA/)NELSON ALMEIDA

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