¿Bloqueado, agotado, estresado, depresivo? Tranquilo, todos estamos igual

Sarah Lyall
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Todos estamos bloqueados. (Adam Maida/The New York Times).
Todos estamos bloqueados. (Adam Maida/The New York Times).

Como a muchos de nosotros, a la escritora Susan Orlean le cuesta concentrarse estos días. “Buenos días a todos”, tuiteó recientemente, “pero especialmente a la frase que acabo de reescribir por décima vez”.

“Me siento como en arenas movedizas”, dijo por teléfono desde California, donde ha estado casi bajo arresto domiciliario durante el último año. “Estoy muy agotada todo el tiempo. Hago mucho menos de lo que hago normalmente —no viajo, no me entretengo, solo me siento delante de la computadora— pero logro hacer mucho menos. Es una dinámica completamente nueva. Tengo más tiempo y menos obligaciones, pero hago mucho menos”.

Podemos llamarla crisis pandémica de productividad, de voluntad, de entusiasmo, de propósito, o un ataque de hastío existencial relacionado con el trabajo, provocado en parte por la constatación de que sentarse en la misma silla, en la misma habitación, mirando la misma computadora durante doce meses seguidos (¡y contando!) ha hecho que muchos de nosotros nos sintamos como zombis, aproximaciones poco inteligentes de nuestro antiguo yo productivo. 

Y es que parece que, el tema de la salud mental, en medio de esta pandemia, cobra más importancia que nunca. 

Cansados de todo

¿Qué hora es? ¿Qué día es? ¿Qué hemos hecho en octubre? ¿Por qué estamos delante del refrigerador mirando un viejo diente de ajo? Hace poco me pasé media hora luchando para recordar una palabra del defectuoso sistema de memoria que ha sustituido a mi cerebro prepandémico. A veces, cuando intento escribir un simple correo electrónico, siento que solo estoy hilando palabras inconexas, como guisantes en un plato, con la esperanza de que acaben formando frases. ¿Estoy entusiasmada con mi trabajo diario en este mes de abril de 2021? Debo decir que no.

“El malestar, el agotamiento, la depresión y el estrés han aumentado considerablemente”, afirmó Todd Katz, vicepresidente ejecutivo y responsable de prestaciones colectivas de MetLife. El estudio más reciente de la compañía sobre las tendencias de las prestaciones a los empleados, realizado en diciembre y enero, reveló que los trabajadores en general se sentían notablemente peor que el pasado mes de abril.

El estudio se basó en parte en entrevistas con 2651 empleados. Estos fueron los resultados más llamativos: 

  • El 34% de los encuestados declaró sentirse agotado, en comparación con el 27 por ciento del pasado mes de abril. 

  • El 22% dijo estar deprimido, en contraste con el 17 por ciento del pasado abril. 

  • El 37% dijo sentirse estresado, frente al 34 por ciento.

La gente dice que es menos productiva, que está menos involucrada, que no se siente tan exitosa”, dijo Katz.

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¿Te sientes deprimido, ansioso, estresado? Pues no eres el único. (Adam Maida/The New York Times).
¿Te sientes deprimido, ansioso, estresado? Pues no eres el único. (Adam Maida/The New York Times).

Afortunados por tener trabajo, pero...

No es una broma. Por supuesto que, en este año tan malo, hay gradaciones de pérdida: pérdida de hogares, de salud, de ingresos; la muerte de familiares y otros seres queridos; la ausencia de seguridad. En la última Encuesta del Pulso de los Hogares, realizada por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, el 37 por ciento de los encuestados declaró sentirse ansioso o deprimido (en 2019, la cifra fue del 11 por ciento). Considerando la situación en general, las personas que tienen trabajo son afortunadas. Pero eso no significa que el trabajo en sí sea fácil, o divertido.

“Me siento frita”, dijo Erin H., coordinadora de redes sociales y eventos en una universidad del medio oeste de Estados Unidos, cuyo trabajo antes la inspiraba y entusiasmaba, pero actualmente parece un cóctel desagradable de aburrimiento, pavor y agotamiento. (Pidió que no se utilizara su apellido para no molestar a sus empleadores). Tarda más en terminar las cosas, dijo, en parte porque no quiere hacerlas.

“Me he quedado sin ideas y no tengo ninguna motivación para siquiera llegar a un punto en el que me sienta inspirada”, escribió en respuesta a una petición de The New York Times para que la gente describiera sus retos relacionados con el trabajo en el mes trece de la pandemia. “Cada vez que suena la llegada de un correo a mi bandeja de entrada, siento una sensación de temor”.

Un mundio en blanco y negro o en tonos grises

Nada de esto es sorprendente, dijo Margaret Wehrenberg, experta en ansiedad y autora del libro “Pandemic Anxiety: Fear, Stress, and Loss in Traumatic Times”. Un año de incertidumbre, de ser azotadas entre la ansiedad y la depresión, de ver cómo se marchitan las predicciones de los expertos y se atrasan los objetivos, ha dejado a muchas personas con la sensación de que existen en una especie de niebla, con el mundo coloreado de gris.

“Cuando las personas están sometidas a un largo periodo de estrés crónico e imprevisible, desarrollan anhedonia conductual”, explicó Wehrenberg, es decir, la pérdida de la capacidad de sentir placer en sus actividades. “Y así se vuelven letárgicos, y muestran una falta de interés, y obviamente eso influye muchísimo en la productividad”.

Casi 700 personas respondieron a las preguntas del Times, y el panorama que describieron fue el de una fuerza de trabajo al límite de su capacidad colectiva. Leímos el testimonio de un clérigo, un pastelero, una enfermera de la unidad de cuidados intensivos, un agente de libertad condicional y un trabajador de comida rápida. Analistas de presupuestos, bibliotecarios, directores, estudiantes universitarios encerrados en sus habitaciones de la infancia, gestores de proyectos, becarios, agentes inmobiliarios: su estado de ánimo era sorprendentemente similar, aunque sus circunstancias fueran diferentes. Como dijo una de las encuestadas, sin importar cuántas listas haga, “siempre regreso a la costumbre de estar en piyama todo el día”.

El tiempo se deforma y los recuerdos también

Natasha Rajah, profesora de Psiquiatría de la Universidad McGill, especializada en la memoria y el cerebro, dijo que la duración de la pandemia —la monotonía interminable unida a la ansiedad aguda— había contribuido a una sensación de que el tiempo avanzaba de forma diferente, como si este último año fuera una experiencia larga, nebulosa y agotadora que durara para siempre y fuera atemporal. El estrés y el tedio, dijo, han entorpecido nuestra capacidad de formar nuevos recuerdos significativos.

“Definitivamente, hay un cambio en la forma en que la gente relata sus recuerdos y experiencias cognitivas”, dijo Rajah. “Tienen menos detalles alegres sobre sus recuerdos personales, y más contenido negativo en sus recuerdos”. Esto significa, dijo, que la gente quizá ahora tiene más dificultades para formar recuerdos funcionales y prestar atención, con “una capacidad reducida para retener las cosas en sus mentes, manipular los pensamientos y planificar el futuro”.

Si a esto se añade una soledad generalizada, aislamiento social, ansiedad y depresión, dijo, no es de extrañar que tengan problemas para concentrarse en su trabajo.

En nuestro cuestionario, preguntamos cómo han intentado las personas combatir sus sentimientos de malestar. Algunos meditan, recurren al “alcohol o a los alimentos con marihuana”, caminan, hacen la cama o retoman una práctica espiritual. (“He estado recurriendo mucho a la historia del Éxodo”, escribió un clérigo).

Sin embargo, en general, nadie sabe cómo hacer más fácil este extraño periodo. “No lo sé”, escribió una persona. “Si lo descubren, díganmelo”.

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This article originally appeared in The New York Times.

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