Por qué el gobierno de EEUU congeló la perforación petrolera en el Ártico

El presidente Barack Obama ha congelado, literalmente, las posibilidades de que, al menos durante su mandato, se realicen actividades de perforación de hidrocarburos en aguas del Océano Ártico, frente a la costa norte de Alaska. La medida ha sido celebrada ampliamente por grupos ambientalistas (la página web de la organización Sierra Club, por ejemplo, muestra un llamativo título que dice “Victoria” y lo mismo muestran tuits de organizaciones como GreenPeace) e implica, como lo relata el periódico The Hill un giro de la política de la actual administración en la materia.

La enorme plataforma de perforación Polar Pioneer de Shell, a su paso por Seattle rumbo a Alaska. (AP)
La enorme plataforma de perforación Polar Pioneer de Shell, a su paso por Seattle rumbo a Alaska. (AP)

Con todo, la decisión de Obama –que incluye no emitir nuevas licencias para perforación en lo que queda de su gobierno y no renovar las ya existentes, que expiran entre 2017 y 2020– tendría varias razones además de la protección de los ecosistemas (que es desde luego un argumento mayor). En primer término, la baja de los precios del petróleo –que de estar por encima de 100 dólares por barril de crudo se hayan ahora por debajo de los 50 dólares– hace menos rentable la costosa labor de exploración y operación de pozos petroleros en aguas marinas. Como indicó The Washington Post, con los actuales precios del petróleo la explotación de nuevos campos de hidrocarburos en el Ártico es menos atractiva. El dinero de las grandes petroleras les sería más redituable en otra parte, al menos por ahora.

Pero, además, a esto se le añade el anuncio de la petrolera Shell de que dejará sus labores de exploración en las regiones marinas de Beaufort y Chukchi, para las que ya cuenta con licencias, por los desalentadores resultados de sus perforaciones recientes. El asunto no sería menor si se considera que Shell invirtió unos 7,000 millones de dólares en su proyecto en el Ártico y concitó airadas protestas y reproches cuando movilizó una enorme plataforma con rumbo a las costas de Alaska, que generó fuertes protestas ambientalistas durante su recorrido.

Y si a todo esto se le suma que la operación petrolera en aguas del Ártico es difícil por lo hostil del medio, incierta en sus resultados y compleja por sus enormes necesidades financieras y tecnológicas, la decisión del gobierno de Obama sería congruente no solo con la necesidad de preservar el medio ambiente del área y su gran riqueza en flora y fauna, sino con el contexto económico y energético global del momento.

Así, como lo mencionó la revista Newsweek, el freno a la actividad petrolera en el Ártico estadounidense responde tanto a un desinterés de las compañías petroleras como a un redireccionamiento del gobierno de Obama en sintonía con su discurso de lucha contra el cambio climático y protección del medio ambiente.

Activistas protestaron en Seattle contra las perforación petrolera en el Ártico de Alaska. (Reuters)
Activistas protestaron en Seattle contra las perforación petrolera en el Ártico de Alaska. (Reuters)

Con todo, el tema no está para nada cerrado. Como lo indica el portal Think Progress, las razones por las que Shell y luego el gobierno de Obama determinaron poner un alto a la perforación petrolera en el Ártico podrían cambiar, pues la baja de los precios del crudo, el énfasis político y regulatorio de la Casa Blanca y el empuje de los ambientalistas no son permanentes ni existen a todo lo largo y ancho del Ártico.

Rusia y Noruega, por ejemplo, tienen una muy intensa actividad de exploración y extracción en la zona que no tiene visos de disminuir. Más si se considera, como señaló la BBC, que las aguas del Ártico contendrían el 30% de todas las reservas aún no descubiertas de gas natural del mundo y el 13% de las de petróleo.

Así, el resultado de las elecciones presidenciales de 2016 en Estados Unidos, y las fluctuaciones de la economía mundial y sus impactos en el precio del petróleo, serán clave para el destino de la exploración petrolera en aguas de Alaska.

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