Unitarios: ¿los "perdedores" de la historia argentina?

Juan Brodersen_
Históricos | Sudamericana | 224 páginas | 149 pesos
Históricos | Sudamericana | 224 páginas | 149 pesos

Siempre, en cualquier ciudad argentina, sin excepción, está su nombre presente. Plazas, colegios, avenidas principales, hospitales, bibliotecas y demás, recuerdan al primer presidente de la República Argentina: Bernardino Rivadavia. Sin embargo, la facción política que representaba en el prematuro país de principios del siglo XIX quedó relegada en la historia al lugar de la derrota y el olvido: los unitarios. Pero, ¿fue tan así o, más bien, sus ideas permearon el futuro de la nación para siempre?


No es menor recordar su breve paso por el poder: "Más allá de la figura de Rivadavia, los unitarios no tuvieron una gestión larga de gobierno que permitiera reivindicar gestiones y funcionarios implicados en ella", explica el historiador Ignacio Zubizarreta, que acaba de lanzar un libro que pretende contarnos un poco más sobre esta facción política. Ya desde el título, se percibe la ambiciosa apuesta: invertir el paradigma según el cual el federalismo le "ganó" la batalla al proyecto político unitario.

Sin embargo, su idea de país fracasó: aunque en 1826 intentaron establecer una constitución unitaria, no fue sino hasta 1853 que el federalismo se impuso por sobre la concepción centralista, de la mano de una constitución que declaró la República federal.

Quizás por estas razones quedaron en el olvido, o sólo en el recuerdo como un contrapunto para entender a qué se oponían los ganadores de la historia, los federales. Aquí, el autor cuenta su nueva investigación que, quizás, nos ayude a reveer un poco todo eso que nos contaron en los primeros años de la escuela primaria: los unitarios fueron más importante que lo que creíamos.

- ¿Por qué quedaron los unitarios relegados en la historia?

- Las corrientes historiográficas revisionistas, influidas por el pensamiento nacionalista, comenzaron a ver a los unitarios como un grupo político de ideología liberal que atentó contra los intereses de una "nación" que existía en sus imaginarios. Sin embargo, lo curioso es que la renovación en las investigaciones históricas producida luego de la caída de la última dictadura, distante tanto de la historiografía liberal como la revisionista -en muchísimos aspectos estas dos últimas ya superadas- no han dado lugar, y admito que no conozco bien el motivo, a un interés que promoviera numerosas investigaciones sobre la agrupación unitaria, más bien han surgido en cuentagotas. Finalmente, la historia de las elites políticas ha despertado, a nivel editorial -y con el objeto de "desacartonar" a sus más reconocidas figuras- mayor interés en sus vidas privadas, en sus anécdotas, infortunios, asuntos familiares, que en cuestiones evidentemente más complejas, pero que explican mucho mejor por qué esos hombres quedaron en la historia y participaron del poder.
 
- ¿Qué proyecto de país tenían los unitarios y por qué fracasó a nivel institucional?

- El proyecto de país era modernizador para los parámetros de la época, europeizante. No discordaba en términos muy generales de lo que plantearía Alberdi en sus "Bases": apertura y promoción del comercio, tanto interno como externo. Inmigración, fomento de la educación, de la agricultura, de la ganadería. En términos actuales, fue un proyecto liberal de país. Pero también, ya diferenciándose de Alberdi, muy centralizado a nivel de la toma de decisiones. Y esa centralización estaba proyectada desde Buenos Aires, lo que en algún punto explica parte de su postrero fracaso, puesto que las provincias no simpatizaban con ceder una porción muy importante de su soberanía en una ciudad de la que tenían francamente motivos para desconfiar.

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- ¿Por qué decís que era lógico desconfiar de Buenos Aires?

Plazas, monumentos, calles: Rivadavia, siempre presente (Flickr: lu6lu6)
Plazas, monumentos, calles: Rivadavia, siempre presente (Flickr: lu6lu6)

- Por la simple razón de que cada pueblo o provincia velaba principalmente por sus intereses. Buenos Aires no se encontraba exenta de esa lógica, y las otras jurisdicciones lo sabían. Pero también porque la misma coyuntura en que se dictó la Constitución de 1826, la que aglutinaba las principales ideas de su proyecto, era muy compleja no sólo por la inestabilidad de muchas provincias en diversas materias, sino porque en paralelo se estaba sosteniendo una gravosa campaña militar contra el Imperio del Brasil por la tenencia de la Banda Orienta, hoy República Oriental del Uruguay. Lo paradójico es que si bien algunos unitarios -como Julián Agüero- creyeron que ese contexto bélico facilitaría o aceleraría la unión, de hecho, la situación de dio totalmente a la inversa.
 
- ¿Cuáles fueron las principales reformas que impulsaban los unitarios rivadavianos, y cuáles de ellas prosperaron?

- Sin duda la Legislatura, es decir un parlamento, que reemplazó en el ámbito de la provincia de Buenos Aires y durante la gestión de Martín Rodríguez al viejo cabildo colonial. Pienso que todas las reformas que implicaron una separación más neta entre Iglesia y Estado, aquellas que promovieron la educación, el progreso económico y el fortalecimiento de las instituciones -como por ejemplo la implementación de una Carta Magna, aunque no lograsen imponerla- se transformarían en "axiomas políticos" que se buscarían materializar en la segunda mitad del siglo XIX, y sin dudas, aunque los unitarios fracasaron en implementarlas, constituyeron un antecedente muy importante. De allí el título de mi libro.
 
- ¿Qué lectura hacés del papel de los proyectos de raigambre centralista de la época de crisis borbónica de 1808, en relación con el unitarismo posterior?

- Evidentemente la Independencia fue fruto de una combinación de factores tanto endógenos como exógenos. Es imposible saber cuándo se hubiese llevado a cabo si la monarquía española no hubiese caído en poder del influjo napoleónico. Por eso pensar que sólo fue producto del heroísmo "nacional" sería una explicación muy parcial cuando no errónea, pues no existía por ese tiempo una identidad nacional que permitiera impulsar una voluntad de concretizar una soberanía acorde a ella. Pero sí es interesante observar que existió cierto recelo y resentimiento por parte de los criollos a las reformas borbónicas del último periodo colonial, y que se hizo luego extensible a los españoles peninsulares. También es claro que ese clima de ideas favoreció el movimiento de insurgencia. Pero si la centralización que promovieron las reformas borbónicas quedaría trunca, el unitarismo, muy influido por las propias reformas, intentaría continuar de algún modo con esa senda modernizadora y centralizadora.

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- ¿Qué fue el levantamiento de Juan Lavalle, y cómo fue el asesinato de Manuel Dorrego?

- El levantamiento de Lavalle significó el fracaso del proyecto unitario cívico, y un intento desesperado y poco reflexivo por llevarlo a cabo a través de las armas, en un proceso de espiralización de la violencia de la guerra faccional. El levantamiento, en sí mismo, no difiere enormemente de tantos otros que en esa época se daban a los timones del poder en las distintas provincias.

 - ¿Por qué trascendió, entonces? ¿Qué proyecto de país tenía Dorrego y por qué lo reivindica la izquierda?

Dorrego, el federal asesinado por Lavalle (Wikimedia Commons)
Dorrego, el federal asesinado por Lavalle (Wikimedia Commons)

- Lo que pasa es que por haber transcurrido en Buenos Aires, y por el asesinato posterior a Dorrego, tuvo para la historiografía gran visibilidad y poder simbólico. Dicho magnicidio (y no el levantamiento en sí), efectivamente se escapó, de algún modo, de las vías normales y esperables. En general, en la época, se permitía escapar a los líderes de los gobiernos que eran depuestos, para algo más tarde indultarlos. El fusilamiento a Dorrego se llevó a cabo pues debía, para sus promotores, cortar de raíz con lo que se pensaba era la causa de todos los males, el sinónimo y promotor del desorden, la anarquía y la barbarie, el aliado de los "caciques" de provincia. Se trató de un error de cálculo enorme. Y fue el factor histórico que fortaleció definitivamente a la figura de Rosas dentro del federalismo bonaerense. La reivindicación de la figura de Dorrego por la izquierda es mucho más tardía, y se efectuaría lógicamente por el magnetismo que logró despertar, éste último, entre los sectores populares y con la defensa de muchos de sus intereses.
 
-¿Es Argentina un país federal en los papeles, pero unitario en sus prácticas?

- Creo que un politólogo podrá responder mejor a la pregunta. En mi humilde opinión hay una mezcla de ambas formas de gobierno desde la Constitución de 1853. Considero que nuestro país, actualmente, es menos federal de lo que, a mi criterio, correspondería que fuese. Y eso se nota, entre tantas otras manifestaciones, en la coparticipación federal, gradualmente en desmedro de las provincias. Los intentos de mover la Capital a la Patagonia como quería Alfonsín en su momento, o al Chaco como la actual presidente lo insinuó hace poco, no revertiría per se el centralismo del Estado Nacional, si no se modifican previamente las instituciones y la distribución más federal de poderes y recursos. Pero ese centralismo también es cultural y mediático.

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- ¿Se piensa en el país de modo maniqueo, encerrado en términos binarios, o es más bien que la política tiende a las polarizaciones por su propia dinámica?

- Es una pregunta muy interesante para la cual no tengo ninguna respuesta ni concluyente ni satisfactoria. Pero hay que admitir que es cierto que si uno analiza nuestro pasado, pareciera que siempre existe una fuerza política muy preponderante que intenta anular al adversario y en gran medida lo logra por el alcance de su poder presupuestario, físico u ambos. Y esa situación frustra al adversario relegado y lo invita a conspirar o a intentar derrotar a quien detenta el gobierno. Lo que también sucedió a menudo. Esa lógica parece repetirse, lamentablemente, demasiadas veces tanto en el siglo XIX como en el XX. Mi libro tal vez pueda servir para ayudarnos a reflexionar sobre un periodo histórico donde evidentemente esa fue la dinámica política que despuntaba en aquel entonces y que predominaría luego. Son los historiadores que trabajan los periodos posteriores los que tendrán que ayudarnos a responder porqué la lógica partidaria de alternancia en el poder, que prosperó en otros países, no ha logrado arraigar aquí con fuerza.

@juanbrodersen