Martín Sivak: “Ningún país de América Latina tuvo la magnitud de las reformas de Bolivia”

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Biografías | Debate | 352 páginas | 189 pesos

Por @juanbrodersen

Era un pastor. Un simple guía para las llamas. Luego fue jefe sindical de los productores cocaleros. Sin la frecuentada autopista por la que suelen transitar los políticos, que arranca en la intendencia de algún pueblo, alguna gobernación mayor y finalmente la presidencia, Evo Morales logró algo único: se convirtió en el primer mandatario indígena del Estado Plurinacional de Bolivia allí por 2006. Y ahora enfrenta una elección crucial para el Movimiento al Socialismo: ¿podrá sobrevivir el movimiento político más allá de su figura como presidente?

Jefazo es una biografía personal y política de Evo Morales, aquel hijo humilde de Dionisio Morales Choque y María Ayma Mamani que terminó sentado en el Palacio Quemado, no sin incomodar a la élite oriental dominante de Bolivia. Para contar su historia, Martín Sivak cumplió el sueño de todo periodista político: vivió con él durante varios años, compartiendo desde reuniones de gabinete hasta cenas, cuartos de hotel, helicópteros, conversaciones con ministros y hasta partidos de fútbol. Evo es fanático de la número cinco.

Simple, cálido, confidente y a veces con un temperamento difícil de tratar, Evo logró sintetizar el lugar de lo indígena en una verdadera revolución política: “Una vieja elite dirigente fue reemplazada por un heterogéneo grupo de sindicatos, organizaciones, profesores e intelectuales”, explica Sivak, en lo que fue la Bolivia de Evo Morales.

Relanzado con un nuevo capítulo, el “Regreso a La Paz” del presidente (período 2012-2014), Jefazo narra lo que el periodista pudo retratar a partir de los viajes por el país andino, el continente africano, los Estados Unidos, África y las reuniones más importantes de la alta dirigencia boliviana. Aquí, Sivak cuenta un poco de qué se trata el libro y analiza las elecciones del próximo domingo.

- A lo largo del libro contás algunas cuestiones de tu adaptación a la vida en Bolivia, pero más que nada, a las altas esferas del poder como es el entorno presidencial. ¿Cómo funcionan las cosas en este ámbito?

- Hay una suerte de improvisación, un caos creativo de improvisación permanente muy presente en toda la cotidianeidad del presidente. Esto lo vi muy notablemente en los primeros dos o tres años de Evo y, ahora, en mis últimos viajes, hay un poco más de organización, es diferente. Por ejemplo, en la primera parte del libro se ve que los helicópteros y los aviones con los que se movía el Presidente eran de Venezuela. Ahora se mueven con un avión que es del Gobierno boliviano.

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- ¿Por qué pasaban estas cosas antes?

- Bueno, pensá que a diferencia de otras fuerzas, el MAS no había tenido ninguna experiencia previa de gestión de una gobernación o una alcaldía importante. Entonces no había hecho esa acumulación de experiencia que sí había hecho el PT en Brasil o el Frente Amplio en Uruguay. Entonces, tenían un estado muy desfinanciado, precario, dirigentes sindicales, universitarios y miembros de ONGs que no tenían ningún conocimiento previo. La conjunción de ambas cosas explica un poco esto que describías. Y también es cierto que por eso había grandes alarmas en relación, sobre todo, al manejo de la economía. Este grupo, que no tenía, experiencia política, se fue formando durante la gestión de gobierno.

- Y esa escuela, que se fue formando en el mismo Gobierno, ¿logró constituir una institucionalidad estable?

El Palacio Quemado: una escuela para Evo y su gabinete

- En la conformación de los gabinetes donde acuerdos sectoriales con determinados sindicatos, organizaciones sociales, no aparece una organicidad. Al contrario, por eso hay tanta rotación de ministros y viceministros: son acuerdos coyunturales, estratégicos, que se van armando y desarmando. La institucionalización también es uno de los principales déficits del nivel de concentración de las funciones en el Palacio de Gobierno. Evo Morales, como intento contar en el libro, es una persona que decide desde el menú de los custodios hasta la ropa que van a usar en el picadito del fútbol, pasando por la estrategia con Estados Unidos o el gobierno de Chile. Así es Evo. Esa concentración en la tomad e decisión, ese estado de permanente decisión sí es una debilidad.

- Te ofreció la embajada, y le dijiste que no tenías la nacionalidad boliviana. ¿Fue una especie de proposición discrecional? ¿Cómo se maneja Evo con su entorno?

- Sí, pero no acepté no sólo por eso, sino porque no estaba preparado para ser embajador. Eso lo cuento, básicamente, para reflejar ese momento de él y del MAS en 2002, cuando se presenta a elecciones y cree que va a sacar el 5 por ciento de los votos y de repente sale segundo y con posibilidades de ser presidente. Ahí hay un nivel de precariedad e improvisación que lo llevan a eso: necesitamos un senador, un ministro, un embajador. Pero esas invitaciones las hacía a todos los que conocía, a su círculo cercano. Evo es una persona bastante desconfiada.

- Y a vos te conocía hace varios años ya, desde 1994.

- Claro, ahí lo conocí y traté con él en varias entrevistas. Escribí sobre el asesinato de Juan José Torres, y ahí me empezó a tomar confianza, porque hablaba con otros ministros, su entorno. Y las personas que él conoce y con los que ha tratado hace muchos años, las cuida, les retribuye la confianza. Tiene una cosa que es fundamental, que es la desconfianza y la confianza plena con sus cercanos. Sin eso, yo no hubiese podido nunca presenciar reuniones de gabinete. En ningún momento él me dijo “quiero leer lo que estás escribiendo”, confió plenamente. Lo que yo dejé de lado en la edición son cosas que tenían que ver con su vida privada, cosas con las que me topaba, porque no las buscaba.

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- ¿Cómo fue eso de presenciar reuniones de Gabinete, o hasta dormir en el mismo cuarto con un ministro por cuestiones de organización?

Sivak compartió gran parte de la vida cotidiana de Evo Morales

- Fue muy extraño, como periodista político había reconstruido reuniones de gabinete, pero nunca había estado. Pero prioricé la narración más descriptiva que las preguntas a él o a los ministros. Lo importante era eso, percibir qué pasaba en ese día a día. Para mí fue un mundo totalmente desconocido, nuevo. Y muy impactante.

- Contás, en más de una ocasión, que a Evo no le caen muy bien las críticas. ¿Cómo dirías que es su temperamento?

- Evo es muy reflexivo ante las críticas, en general. Lo que sucede es que él mismo asume la posición del dirigente sin experiencia de Gobierno, sin muchos supuestos saberes que hay que tener para ser Presidente. Yo cuento en el libro que en una reunión del Consejo de las Américas que en la cual le preguntan la inflación, no lo sabía. Hay un sinceramiento de su parte de que no tuvo una formación, él reconoce que sus compañeros lo ayudaron a terminar el colegio secundario. Y también sabe usar esa particularidad a su favor. Pero es una persona reflexiva, y sí tiene cambios abruptos de humor, aunque creo que es algo lógico, para una persona que se levanta todos los días a las 4 y media de la mañana. Obviamente que a las 5 de la tarde el humor es otro, ye s cambiante.

- ¿Qué dirías que le dio Evo Morales a Bolivia?

- Muchas cosas. Primero, el mejor momento económico de la historia del país. Eso no se explica sólo porque las commodities subieron de precio, la política económica tuvo que ver. Segundo, un período inesperado, inédito de estabilidad política, en un país que tiene tanta dependencia de los Estados Unidos, le dio un nuevo tipo de soberanía y un aumento de la autoestima. Que Bolivia tenga ese nuevo lugar en esa discusión latinoamericana ha sido un empujón de autoestima importante. Y, lo más importante, la idea de la inclusión social. La constitución ha incluido a muchísimas personas que estaban totalmente fuera. Bolivia es un claro ejemplo de una revolución política, una vieja elite política que ha sido reemplazada por este heterogéneo grupo de sindicatos, organizaciones, profesores, intelectuales. Fueron cambios muy importantes. Ningún país de América Latina tuvo la magnitud de las reformas que tuvo Bolivia en estos últimos ocho años.

- ¿Le devolvió una identidad a los bolivianos?

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- Sí, y eso que es una identidad de la cual hay toda una caricatura. Una vez yo estaba charlando con un periodista del Washington Post y me preguntaba “¿Por qué Evo Morales usa las Nike?”. Piensan que un presidente de origen indígena tiene que estar con plumas. Por eso es interesante esta situación de la modernización indígena. Hace un acuerdo con China para tener Internet en las escuelas y el satélite se llama Túpac Katari, que es el líder de una de las revueltas anticoloniales más grandes de la historia. Es decir, ¿qué es eso? Es una idea de lo indígena que ha ido en contra de ciertos estereotipos. La relación con las organizaciones indígenas no ha sido siempre armoniosa. La carretera del Tipnis es muy significativa. Los reclamos indígenas no querían bajo ningún punto de vista la construcción de una carretera, y allí Evo priorizó el desarrollo económico. Ahora la constitución se las dio, son 36 naciones reconocidas por el Pluriestado de Bolivia.

- ¿Por qué creés que hoy, aún tiene tanto apoyo, que se perfila como un cómodo ganador para las elecciones del domingo?

- Primero, no hay que perder de vista la dispersión opositora. La derecha o centro derecha ha tenido y tiene candidatos competitivos en casi todos los países de América del Sur.En el caso de Bolivia, salvo Tuto Quiroga que tiene el 9 por ciento de los votos, son candidatos que son moderados. No discuten “hidrocarburos sí, hidrocarburos no”, o volver a una alianza con EE.UU, sino todo lo contrario. Pero claramente la oposición no puede conformar un frente más o menos coherente. Por otro lado, la estabilidad económica. Bolivia es el país que, este año, más va a crecer en la región. La pobreza bajó del 64 al 32 por ciento, hay pleno empleo, mayor infraestructura. Todas las variables mejoraron, por eso, una economía así es otra de las razones. Tercero, la estabilidad política, que no es menor.

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- ¿Qué se juega en las elecciones del domingo?

- Yo creo que lo más importante que se juega es ver si Evo Morales se impone en el oriente del país. Eso sí sería un dato extraordinario, porque hasta 2008 ni siquiera podía aterrizar con su avión en oriente por la oposición regional. Si él se impone allí, como indican las encuestas, es un punto de inflexión. Pensá que Bolivia es un país muy regional. Ahora, el segundo tema, que es uno de los problemas de este proceso de cambio, es la personalización. Una victoria con los dos tercios podría orientar a los grupos del MAS a, en el futuro, querer cambiar la constitución y encarar una reelección indefinida. Eso, para mí, sería muy problemático.

- ¿Por qué sería un problema el hiperpresidencialismo?

- Porque me parece que al principio del gobierno la personalización era inevitable: el primer presidente indígena, en un país donde el 61 por ciento –según el censo de 2001- era de condición indígena, es un dato saliente. Ahora, pasado tanto tiempo, es muy importante que empiece a despersonalizarse. Que el proceso no gire en torno a Evo Morales, o que Evo empiece a perder ese protagonismo. Me parece que este va a ser un tema central para la Bolivia de los próximos años: ¿es posible despersonalizar el poder de la figura de Evo?

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