¿Sonríen los animales?

Ciencia curiosa
Salir a dar un paseo, no hay nada mejor para lograr la sonrisa de este pastor alemán. A. Davey/Flickr

Sarah B. Weir & Trystan L. Bass/ Yahoo! Green

Quizás Pavlov llamó ‘reflejo condicionado’ a ese aire de felicidad en la cara de tu perro, pero ahora la ciencia parece haber descubierto algo que los amantes de los animales siempre han sabido.

De acuerdo con el profesor Nicholas Dodman, quien preside el equipo que investiga la conducta animal en la Escuela de Veterinaria Cummings de la Escuela de Medicina Tufts, y  Dogs 101 y Cats 101 de Animal Planet, hasta hace muy poco los científicos habían subestimado la gama de emociones de los animales. Dodman afirma que en la actualidad los científicos comprenden con claridad que los mamíferos experimentan emociones primarias como el miedo, la tristeza, la ira y la felicidad, y hasta emociones secundarias como los celos y la vergüenza – y también son capaces de comunicar esas emociones. Dodman dice que los perros hasta tienen sentido del humor y se ríen con una especie de chiflido. El científico describe un estudio que examina como la grabación de este sonido logra calmar a los perros recluidos en un refugios para animales. 

En cuanto a la sonrisa de los perros, Dodman señala una foto en nuestra galería: “Noten que los labios se pliegan horizontalmente en lo que se pudiera llamar una ‘sonrisa sumisa’ – una señal de que el perro no constituye una amenaza. Es una expresión que desarma a un posible agresor, al igual que la sonrisa humana”. Los chimpancés, como los que aparecen en la galería de abajo, muestran lo que se llama una ‘cara de juego’, o una invitación a divertirse.





La sonrisa de los gatos es la más difícil de determinar. Phelyan Sanjoin/Flickr

Los gatos tienen la boca curva por naturaleza, como el gato en la foto, por lo que Dodman asegura que es algo confuso definir si realmente están sonriendo, pero son emocionalmente sensibles, domesticables y afectuosos. Entre otras mascotas, Dodman disfruta compartiendo su casa con las ratas, quienes dice son “muy afectivas e inteligentes”.  Dodman aclara que quizás tu mascota no entienda el detalle exacto de que has tenido un mal día, pero probablemente sientas que es lo suficientemente empático como para acurrucarse a tu lado y escuchar.

Marc Bekoff, Profesor Emérito de Ecología y Biología Evolutiva en la Universidad de Colorado y autor de  The Animal Manifesto: Six Reasons for Increasing our Compassion Footprint (El Manifiesto Animal: Seis razones  para incrementar nuestra huella de la compasión) coincide con Dodman. “Las personas son a menudo agudos observadores de la conducta animal, mucho más de lo que se dan crédito por ello” afirma el experto en las emociones de los animales. Bekoff  señala que las investigaciones científicas, en su gran mayoría, eventualmente confirman lo que los amantes de los animales intuyen y observan. Parte de la laguna científica se debe al hecho de “estudiar a un animal en una caja”, como lo llama Dodman. El científico, quien imparte actualmente una serie de lecturas sobre la conducta de perros y gatos, explica que  la comprensión de la riqueza y la profundidad de la vida animal ha mejorado con investigadores como Jane Goodall, quien vive con los animals en su ambiente natural.

Bekoff señala que tiene sentido biológico y evolutivo que los animales experimenten  una amplia gama de emociones y sean capaces de demostrarlas, igual que sucede en los humanos. En un artículo publicado por investigadores de la Universidad de Washington sobre ratas, la risa y la alegría, los autores describen como las ratas jóvenes vocalizan cuando se les hace cosquillas.  Los científicos explican que esta risa “puede  tener una relación evolutiva con la alegría de la risa en los niños cuando juegan en grupos”. Bekoff aclara que nuestras emociones pueden no ser exactamente análogas a las de los animales, pero ni siquiera las emociones humanas son todas iguales. “El modo en que dos hermanos experimentan la muerte de un padre puede no ser exactamente  igual, pero ambos sienten tristeza”.

Bekoff  cree que nuestra creciente aceptación de los animales como seres sensibles basadas en investigaciones científicas necesita motivar legislaciones que provean una mayor protección a los animales usados en los laboratorios, los circos y la industria del entretenimiento. Por ejemplo, un estudio del 2011 sobre los chimpancés y  los trastornos del humor concluyó que “los chimpancés mostraron conductas similares al estrés postraumático y  la depresión  (en los humanos) en su principal criterio de diagnóstico, revelando la importancia de las consideraciones éticas sobre el uso de chimpancés en la experimentación científica y otras condiciones de cautiverio”.  Y sobre cómo este conocimiento afecta a los humanos, Bekoff señala que “aumenta el conocimiento de las personas sobre su lugar en el mundo de los mamíferos –como mamíferos únicos- pero mamíferos al fin y al cabo”. 

¿Están sonriendo los animales en esta galería? ¿Qué opinas?