Los peores genocidios del siglo XX

Los japoneses perpetraron en Nanking una de las más atroces masacres del siglo XX. (AP Photo/Ng Han Guan)
Los japoneses perpetraron en Nanking una de las más atroces masacres del siglo XX. (AP Photo/Ng Han Guan)

La pasada centuria abundó en crímenes contra la humanidad. Además de dos guerras mundiales, los conflictos entre países vecinos, las guerras civiles y las llamadas “limpiezas étnicas” convirtieron el planeta en un enorme cementerio. Algunos exterminios suelen citarse con frecuencia en las antologías del horror, mientras otros desaparecen de los recuentos históricos lejos de las regiones donde sucedieron.

Este texto presenta los genocidios que acumularon más víctimas en el siglo XX, con la excepción del Holocausto, cuya historia ha sido tratada extensamente en las páginas de Yahoo Noticias en Español.

Crímenes de guerra de Japón

Se estima que entre 1937 y 1945 el ejército japonés asesinó a entre tres y 10 millones de personas en Asia. Aunque menos célebres que sus colegas nazis, los nipones ejecutaron también experimentos en seres humanos y utilizaron armas biológicas contra prisioneros de guerra y la población civil de los territorios ocupados.

La peor masacre cometida por los militares japoneses sucedió en la ciudad de Nanking, en China, entre diciembre de 1937 y marzo de 1938. Alrededor de 300.000 personas, la mayoría mujeres y niños, fueron ultimados, luego de que las tropas chinas abandonaran la ciudad. A pesar de los años transcurridos y las pruebas halladas, una parte de la clase política y la sociedad nipona aún niega la implicación de su país en crímenes contra la humanidad durante la Segunda Guerra Mundial.

Niños víctimas de la hambruna que diezmó a Ucrania entre 1932 y 1933 (Wikimedia Commons)
Niños víctimas de la hambruna que diezmó a Ucrania entre 1932 y 1933 (Wikimedia Commons)

Holodomor, la hambruna en Ucrania

José Stalin jamás fue juzgado por sus innumerables crímenes. Sin embargo, en sus más de 30 años en el poder de la Unión Soviética ordenó personalmente el asesinato de miles y organizó la aniquilación de millones de personas. Uno de estos sombríos episodios del estalinismo sucedió en Ucrania, entre 1932 y 1933. Los historiadores locales bautizaron este genocidio como Holodomor, “exterminio por hambre”.

La hambruna se desató como consecuencia de la colectivización forzosa de los campesinos, cuyas cosechas fueron confiscadas por agentes de los cuerpos de seguridad soviéticos. Según historiadores ucranianos, el Kremlin trató de impedir la emigración desde las zonas rurales hacia las ciudades, para condenar a las familias campesinas. Moscú aspiraba de esta manera a destruir la cultura tradicional y el creciente nacionalismo en la entonces república soviética. Quienes se negaban a acatar las restricciones eran enviados a los gulags.

¿Cuántos murieron? La cifra varía entre más de dos millones y 10 millones. El Holodomor aún divide a los ucranianos. Si bien la mayoría reconoce que las autoridades soviéticas provocaron la hambruna, las opiniones difieren sobre la intención de Stalin. Para algunos Ucrania padeció como el resto de la Unión Soviética, mientras otros creen que el líder comunista se ensañó con la vecina república.

En 2006 el parlamento de Kiev reconoció el Holodomor como un genocidio contra el pueblo ucraniano. Asimismo calificó de ilegal la negación pública del exterminio, considerada como un insulto a la memoria de las víctimas.

Armenios marchan escoltados por soldados otomanos a una prisión en Armenia.
Armenios marchan escoltados por soldados otomanos a una prisión en Armenia.

El primer genocidio del siglo

Quizás ningún otro crimen contra la humanidad sea aún tan disputado como la muerte de más de un millón de armenios entre 1915 y 1918 a manos del Imperio Otomano (actual Turquía). Ankara niega que el deceso de tantas personas de ese origen se haya ejecutado de manera premeditada. Más bien, alegan las autoridades turcas, los habitantes del Este de Anatolia perecieron a consecuencia de la violencia interétnica y la Primera Guerra Mundial.

Sin embargo, 22 países han reconocido el genocidio, entre ellos Canadá, Francia y Rusia, además de la Asociación Internacional de Investigadores sobre Genocidio. Muchos historiadores en Europa y Norteamérica afirman que la matanza de los armenios se perpetró como represalia por las derrotas otomanas frente a los rusos, que contaban con el apoyo de los primeros. La confesión cristiana de la comunidad armenia también representaba un obstáculo para la constitución de un estado islámico.

En consecuencia el ejército turco organizó el asesinato y la deportación de miles de familias. Pocos sobrevivieron a las difíciles condiciones del desierto en Siria e Irak. Los sobrevivientes fundaron la diáspora armenia, que todavía lucha por el reconcomiendo internacional de la tragedia.

Turquía niega también su responsabilidad en la muerte de cientos de miles de griegos y asirios, que según fuentes académicas cayeron víctimas de la persecución contra los cristianos, ejecutada por el régimen de los Jóvenes Turcos.

El sueño comunista de Pol Pot apagó la vida de cerca de dos millones de camboyanos REUTERS/Damir Sagolj
El sueño comunista de Pol Pot apagó la vida de cerca de dos millones de camboyanos REUTERS/Damir Sagolj

La pesadilla comunista de Camboya

La utopía agraria de Pol Pot concluyó con la muerte de más de 1.7 millones de personas en Camboya entre 1975 y 1979. Al tomar el poder, el líder de los comunistas Jemeres Rojos declaró el “Año cero”, un nuevo comienzo para ese país asiático que sufrió desde entonces una cruzada contra todos los “rezagos” de la religión, las influencias extranjeras, la vida urbana, la familia y otros “vicios” de la vieja sociedad capitalista. En su lugar, el seguidor de las ideas de Mao Zedong y José Stalin propuso construir un sistema igualitario de campesinos que exigía absoluta obediencia.

Para acceder al gobierno, Pol Pot había aprovechado el sentimiento antiestadounidense en las zonas rurales de Camboya, a causa de los bombardeos de Estados Unidos durante la Guerra de Vietnam. Pero sus milicias de jóvenes aldeanos instauraron un régimen de terror que aniquiló a uno de cada cinco camboyanos en los campamentos de trabajo forzado y los macabros campos de exterminio. Al contrario de otros genocidios, los Jemeres Rojos asesinaron también a personas de su misma etnia porque la “purificación” incluía a todos los habitantes.

Una invasión vietnamita provocó la caída de Pol Pot en 1979. Sin embargo, los Jemeres Rojos se mantuvieron operando como guerrilla hasta 1998.

Una mujer consuela a Bizimana Emmanuel en el aniversario del genocidio. (Chip Somodevilla/Getty Images)
Una mujer consuela a Bizimana Emmanuel en el aniversario del genocidio. (Chip Somodevilla/Getty Images)

El genocidio en Ruanda

El derribo del avión donde viajaba el presidente Juvenal Habyarimana, el 6 de abril de 1994, desencadenó la masacre de la población tutsi en Ruanda. En un centenar de días el ejército, milicias paramilitares y en general integrantes de la etnia hutu asesinaron a cerca de un millón de personas, la quinta parte de la población total de ese país africano. La matanza solo concluyó cuando los guerrilleros del Frente Patriótico Ruandés derrotaron a las fuerzas gubernamentales en julio.

Esa explosión de odio interétnico marcó el clímax de un siglo de rivalidad entre tutsis y hutus. Los colonizadores belgas, tras su arribo en 1916, concedieron privilegios a los primeros. Cuando la pequeña nación alcanzó su independencia en 1962, la mayoría hutu tomó el poder e inició tres décadas de venganza contra sus compatriotas.

Las Naciones Unidas y, en particular, Bélgica y Francia, cargan con una parte de la responsabilidad por el exterminio de centenares de miles de tutsis. En medio de la carnicería, el Consejo de Seguridad de la ONU votó por retirar el contingente de cascos azules, que apenas pudo proteger a unos pocos miles de refugiados.

La crisis en Ruanda se expandió a los países vecinos. Las milicias hutus, desplegadas en los campos de refugiados en la República Democrática del Congo, han protagonizado dos décadas de guerra civil en el antiguo Zaire, con un saldo de cinco millones de muertos.