Los volcanes que alumbrarán al Caribe

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Volcanes activos y apagados definen la geografía caribeña (Gunthram - Wikimedia Commons)

El Caribe ha temido a los volcanes desde hace siglos. Esas montañas de fuego pueden hundir una ciudad en la ceniza y vedar la existencia humana en la mitad de una isla, como ocurrió en Montserrat en 1997. Pero esa perenne amenaza se transformará en desarrollo económico, si los países de la región acceden a las enormes reservas de energía geotérmica contenidas en el subsuelo.

Para las pequeñas naciones del Arco de las Antillas Menores no se trata de una fuente alternativa, de un antojo ecologista. La energía generada por las fuentes termales les permitiría reducir el costo de las facturas de electricidad, un respiro para los hogares y un nuevo atractivo para las empresas. Además, podrían invertir lo ahorrado en combustible, en medidas para aliviar los efectos del cambio climático.

La planta geotérmica de Bouillante, en Guadalupe (LPLT / Wikimedia Commons)

Redescubriendo el agua caliente

Aunque el potencial geotérmico del Caribe se conoce desde hace décadas, la única planta en funcionamiento se localiza en Guadalupe, territorio francés de ultramar. Las dos centrales eléctricas de Bouillante tienen una capacidad de 15 megavatios, que cubren el seis por ciento de las necesidades de las islas de Basse-Terre y Grande-Terre. La instalación aprovecha un depósito natural de agua hirviente, producto del escurrimiento de la lluvia y las filtraciones del mar.

La vecina Dominica espera convertirse exportadora de energía en los próximos años, cuando concluya la construcción de dos centrales geotérmicas en el Valle Roseau. En esa zona, un destino popular para el ecoturismo, han concluido ya los estudios cuyos resultados garantizan la viabilidad de ambas plantas: una de alrededor de 20 megavatios dedicada al consumo interno y otra de 100 megavatios para exportar a Guadalupe y Martinica.

Los recientes avances en Dominica, como en San Vicente y las Granadinas, rompen con el prolongado estancamiento del desarrollo geotérmico en el Caribe. “Quienes determinan las políticas en el Caribe no parecen entusiasmados por la idea de resolver sus necesidades energéticas con fuentes alternativas”, afirmó Albert Ramdin, asistente de la Secretaría General de la OEA en una reunión del Foro Caribeño de Energía Renovable, celebrado en Aruba en octubre pasado.

La falta de voluntad política, y los altos costos de la prospección y explotación de las fuentes geotérmicas han retrasado proyectos como la construcción de una central en San Cristóbal y Nieves. A juicio de Ramdin, existe una desconexión entre la comprensión del impacto de las energías renovables y la capacidad de traducir ese entendimiento en estrategias concretas.

El primer ministro de San Vicente, Ralph Gonsalves, tiene muy claros los beneficios de un proyecto en el que ya trabajan especialistas islandeses, con el respaldo financiero adicional de la Fundación Clinton y de una empresa de Barbados.

“A medida que nuestros costos de energía bajen, es de esperar que vengan más hoteles y fábricas que ahora no quieren instalarse aquí debido al alto costo de la electricidad. Y a medida que lleguen más turistas vendrán otros efectos en cadena”, aseguró el mandatario a la agencia IPS.

Islas sobre volcanes

El Arco de las Antillas Menores se tensa sobre el encuentro entre la Placa Tectónica del Caribe y la Placa Tectónica Norteamericana. Esa superposición ha engendrado una zona donde abundan los volcanes, aunque su actividad sísmica y las erupciones no sean tan frecuentes como en el llamado Anillo de Fuego, que se extiende por toda la costa del Pacífico de América, Asia y Oceanía.

De acuerdo con estudios de la Universidad de las Indias Occidentales, en la región caribeña hay 19 volcanes potencialmente activos, seis de los cuales han despertado en los últimos 400 años. Esa particularidad geológica ha creado condiciones ideales para los recursos geotérmicos. Los cálculos actuales van desde un potencial de 3.500 megavatios en Guadalupe y Martinica, hasta alrededor de 700 megavatios en Santa Lucía. Esa energía posible alcanzaría para desbordar las necesidades de la población y las economías locales.

Sin embargo, la resistencia al cambio de la matriz energética –de los combustibles fósiles a la geotérmica—, la falta de marcos legales para iniciar la explotación, las elevadas inversiones iniciales y las limitaciones del mercado doméstico, han obstaculizado el desarrollo de estas fuentes.

El famoso géiser de Strokkur, en Islandia (Dheerav2 - Wikimedia Commons)

La energía de la Tierra

De acuerdo con la Asociación de Energía Geotermal (GEA), hasta 2012 la capacidad de las plantas geotérmicas instaladas en el mundo rondaba los 11.224 megavatios. Estados Unidos encabezaba la lista de productores de ese tipo de energía renovable, con alrededor de 3.200 megavatios, distribuidos en los estados del oeste, fundamentalmente California y Nevada. No obstante, esa electricidad cubría apenas el 0,3 por ciento de la demanda nacional. Al menos 24 países han construido plantas para aprovechar el calor interno del planeta.

La energía geotérmica utiliza el calor proveniente del magma, generado por la descomposición natural de materiales radiactivos como el potasio y el uranio.

En regiones de actividad sísmica y volcánica, los movimientos tectónicos facilitan la circulación del agua desde lo profundo de la Tierra hacia la superficie, donde se forman géiseres y manantiales. Las plantas geotérmicas emplean el vapor proveniente de ese líquido hirviente para mover los generadores eléctricos.

Otro método, el más antiguo, toma directamente el agua caliente para elevar la temperatura en invernaderos y edificios, descongelar carreteras y hacer más eficiente la extracción de petróleo. En Islandia casi la totalidad de los hogares se beneficia de los manantiales hirvientes. Esa isla del Atlántico Norte cubre alrededor del 25 por ciento de las necesidades de electricidad y el 66 por ciento de la energía en general con sus fuentes geotérmicas.

La temperatura estable de la Tierra a decenas de metros de profundidad sirve también para los sistemas de calefacción en invierno y de refrigeración en verano, mediante las llamadas bombas de calor geotérmicas.