Los volcanes de lodo de Azerbaiyán

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En la primavera del 2001 sucedió algo inusual en el país más grande del Cáucaso. El suelo comenzó a moverse, "como si un animal intentara salir de la tierra", relató un testigo al periódico local, quien luego vio una llamarada de casi 300 metros de altura rodeada de un denso humo negro y un montón de barro que se desprendía por el aire. En el momento de la explosión, el fuego se podía ver fácilmente a 15 kilómetros de distancia, y tres días más tarde el volcán seguía ardiendo, aunque a un ritmo mucho menor.

Lo que había ocurrido en Azerbaiyán no era una erupción de magma, sino de barro. Conocidos como “volcanes de lodo” y “volcanes sedimentarios”, son parientes cercanos de los magmáticos, pero en lugar de desprender lava y gran calor a la superficie, arrojan millones de metros cúbicos de hidrocarburos y toneladas de lodo frío, a menudo cerca de cero grado. 

Los volcanes de lodo son un signo visible de la presencia de reservas de petróleo y gas escondidas en las profundidades terrestres de la región del Caspio, en la zona costera de Azerbaiyán, donde se encuentra la mayor concentración en el mundo (más de 300 volcanes). Aunque también existen volcanes de lodo en el fondo del mar y sus erupciones pueden formar islas y bancos que alteran la topografía y la forma de la costa.

Debido a su evidente suavidad, en una escala de tiempo geológico se consideran casi efímeros; el barro se erosiona rápidamente con el viento y la lluvia —en el mar, por supuesto, se erosionan a más velocidad con la acción de las olas. Si a esto se añade el hecho de que las erupciones ocurren alejadas de los centros poblados, que entran en erupción de forma inesperada y que son relativamente de corta duración, es raro poder captar una explosión de principio a fin. Entre los volcanes de lodo más grandes del mundo están Boyuk Khanizadagh y Turaghai, y ambos se encuentran en Azerbaiyán.


Los argumentos acerca de sus orígenes se mezclan con el aura de misterio que siempre rodea a estos fenómenos inusuales y enigmáticos; los geólogos siguen discutiendo el nacimiento de estos caprichosos volcanes y mientras algunos creen que se forman durante el mismo proceso de sedimentación, otros tienden a pensar que hay otros factores en juego, como la actividad sísmica.


Químicamente, el lodo volcánico está compuesto en su mayoría de sílice y como la solución de barro no contiene sustancias tóxicas relevantes, es común ver a turistas y locales tomando baños terapéuticos en los cráteres de estos volcanes. Por esto, unido al burbujeante y casi lunar paisaje de esta región de Azerbaiyán, los volcanes de lodo deberían formar parte del itinerario de cualquier visitante, ya que muchos de ellos se encuentran muy cerca de Bakú, la capital.

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