La fiebre de las reelecciones en América Latina

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Evo Morales había prometido no postularse para un tercer período (La Nación)

Las democracias latinoamericanas parecen vivir un retorno a los tiempos del caudillismo, una era de liderazgos autoritarios nacida luego de la independencia en el siglo XIX. En las últimas dos décadas el continente ha sido el escenario de una cadena de reformas políticas y reelecciones presidenciales, la mayoría conducidas por gobiernos de izquierda, que muestran una renovada avidez por mantenerse en el poder.

Sin embargo, la continuidad de algunos presidentes no siempre ha transcurrido sin incidentes. Los cuestionamientos recientes a un posible tercer período consecutivo de Evo Morales en Bolivia han reavivado polémicas ya vistas en otros países como Nicaragua –con la reelección de Daniel Ortega en 2011—y Venezuela –a raíz de la reforma de Hugo Chávez para abolir los límites de mandatos.

Por otra parte, los regímenes sustentados en el carisma de sus líderes podrían dejar como herencia sociedades altamente polarizadas e inestables, como ha ocurrido en Venezuela tras la muerte de Chávez y la elección de Nicolás Maduro, impugnada por el candidato opositor Henrique Capriles.

Hugo Chávez lideró la corriente reeleccionista de la izquierda (EFE)

Reformas y reelecciones a diestra y siniestra

Aunque el panorama electoral de América Latina exhibe hoy una preponderancia de los gobiernos de izquierda, algunos politólogos apuntan al peruano Alberto Fujimori como el iniciador de la nueva época caudillista. El ahora encarcelado líder de derecha gobernó Perú entre el año 1990 y el 2000, cuando huyó a Japón para escapar de las acusaciones de corrupción que ensombrecieron su brevísimo tercer período presidencial.

Fujimori había impulsado una reforma constitucional en 1993 para incrementar los poderes de la presidencia, reducir el control del Congreso y permitir la reelección consecutiva. Tres años después se valió de una maniobra legal, la llamada Ley de Interpretación Auténtica de la Constitución, para autorizar su postulación a un tercer mandato, que finalmente obtuvo pero no terminó.

Inspirado por su vecino suramericano, el argentino Carlos Saúl Menem cambió la Constitución argentina en 1994 con el fin de reducir la duración de los mandatos a cuatro años y abrir la puerta a la reelección consecutiva, que aprovechó para gobernar hasta 1999. Menem se presentó nuevamente en 2003, pero fue derrotado por Néstor Kirchner.

La victoria de Kirchner inició la era del “kirchnerismo” en Argentina. Su presidencia dio paso a la de Cristina Fernández, su esposa y sucesora política, quien ante la muerte de su compañero en 2010 decidió presentarse para la reelección al año siguiente. Fernández debe concluir su mandato en 2015, sin embargo sectores dentro del oficialismo han expresado interés en convocar a una consulta popular que avale un tercer mandato consecutivo de la presidenta.

El máximo exponente de la fiebre reeleccionista en América Latina fue Hugo Chávez. El exmandatario venezolano habría concluido una presidencia de 20 años –con posibilidades de extenderla por otro sexenio-- si no hubiese fallecido en marzo pasado. Chávez, derrotado por primera vez en las urnas en el referéndum constitucional de 2007, lanzó en 2009 una nueva propuesta de reforma para permitir la reelección ilimitada, que finalmente fue aprobada por los votantes.

Victorioso nuevamente en los comicios de octubre pasado, Chávez aspiraba a mantenerse en el poder por un cuarto período, pero la inminencia de su fallecimiento lo obligó a designar como sucesor a Nicolás Maduro. A pesar de la recomendación expresa del líder bolivariano, Maduro apenas rebasó el 50 por ciento de los votos en las elecciones del 14 de abril. La legitimidad de su mandato ha sido cuestionada por el opositor Henrique Capriles quien presentó una demanda de impugnación de los resultados de las urnas ante el Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela.

Chávez ha sido emulado por otros políticos de izquierda: el nicaragüense Daniel Ortega –reelecto en 2011, a pesar las críticas de la oposición sobre la inconstitucionalidad de su candidatura--; Rafael Correa de Ecuador –que debe de concluir su segundo y último mandato en 2017; Luiz Inácio Lula da Silva –presidente de Brasil entre 2003 y 2011--; y Evo Morales, el líder indígena cuya candidatura a las elecciones de 2014 ha despertado el rechazo de los partidos de oposición, que han anunciado reclamaciones en instancias internacionales para impedir la continuidad en el poder del Movimiento al Socialismo (MAS).

En el otro lado del espectro político, el colombiano Álvaro Uribe reformó la Constitución y consiguió la reelección en 2006. Un intento de sus partidarios por extender su presidencia a un tercer mandato fue rechazado por la Corte Constitucional de ese país suramericano. En Brasil el eterno rival de Lula da Silva, Fernando Henrique Cardoso, también disfrutó de dos períodos consecutivos en el poder.

En la actualidad solo cuatro de los 18 países democráticos de América Latina prohíben la reelección: Guatemala, Honduras, México y Paraguay. En otros seis países –Chile, Costa Rica, El Salvador, Panamá, Perú y Uruguay-- los presidentes deben esperar un período intermedio para volver a postularse.

¿El retorno del caudillismo?

La tendencia reeleccionista de la nueva generación de líderes latinoamericanos de izquierda recuerda la era del caudillismo que predominó en el continente durante el siglo XIX y parte del XX. Los nombres de Juan Manuel Rosas, en Argentina y el mexicano Porfirio Díaz, el dominicano Rafael Leónidas Trujillo y la familia Somoza en Nicaragua, entre otros, marcaron la historia del continente por su explícita avidez autoritaria.

Ajenos en gran medida a los métodos represivos de aquellos caudillos y de las dictaduras militares de la pasada centuria, los gobiernos de Chávez, Correa, Morales, Ortega, Fernández y Lula han sido catalogados como populistas, por su discurso a favor de cambios sociales contrarios a las políticas neoliberales de la década de 1990. Esos líderes carismáticos encarnan en la práctica los movimientos que bajo diferentes denominaciones han realizado reformas económicas y políticas en sus respectivos países: la revolución bolivariana en Venezuela, el modelo en Argentina, la revolución ciudadana en Ecuador, el sandinismo en Nicaragua y la revolución plurinacional en Bolivia.

La ola reeleccionista suma detractores y defensores en el continente. Según el politólogo Daniel Zovatto, “los críticos sostienen que la reelección expone al sistema político al riesgo de una ‘dictadura democrática’ y refuerza la tendencia hacia el liderazgo personalista y hegemónico inherente al presidencialismo". Mientras las voces favorables "argumentan que ésta permite aplicar un enfoque más ‘democrático’, en tanto posibilita a la ciudadanía elegir con mayor libertad al presidente y responsabilizarlo por su desempeño, premiándolo o castigándolo según el caso", señala el experto en su artículo "La reforma político-electoral en América Latina 1978-2009: evolución, situación actual, tendencias y efectos", publicado por la revista Democracias, de la Universidad Autónoma del Estado de México.