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La decisión de Paul: dejar morir a su padre o salvarse él

La playa de Tregardock en un día soleado (Phil Jolliff)La playa de Tregardock en un día soleado (Phil Jolliff)Paul Sleeman, inglés de 27 años, fue a pescar con su progenitor a las seis de la mañana del domingo a la playa de Tegardock, al norte del condado de Cornwall (Inglaterra) sin saber no ya que sería lo último que harían juntos, sino que tendría que poner fin a la vida de su padre para salvar la suya propia.

Todo fue culpa de una ola gigante, la que atizó la roca en la que estaban padre e hijo. Paul perdió el equilibrio y cayó al mar, donde la marea, furiosamente viva aquella mañana, le tuvo dando vueltas como si estuviera en el interior de una lavadora.

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El padre, Peter, intentó rescatarle lanzándole una boya salvavidas a la que el chico pudiera aferrarse, pero entonces apareció otra ola que lanzó al sexagenario progenitor directo al mar.
Conectados únicamente por los extremos de la cuerda atada a la boya, los dos lucharon con todas sus fuerzas contra la corriente durante media hora. Entonces fue cuando, por fin, llegaron tres vigilantes de la playa a bordo de un bote.

Uno de ellos era Damien Bolton, un voluntario de 31 años, que recuerda: "La marea estaba muy alta, el agua estaba rompiendo directamente contra las rocas. Vimos a padre e hijo muy cerca de un acantilado; tanto que la corriente estaba golpeando al hijo una y otra vez contra las piedras. El padre estaba boca abajo, luchando todavía, pero con muchas menos fuerzas. Nos dirigimos al hijo y le dijimos que nadara en nuestra dirección. Pero para ello, tendría que soltar la boya que le conectaba con su padre. Evidentemente, no quiso, pero le recordamos que si no lo hacía, él moriría. Había estado pendiente de su padre, con mucho valor, durante una media hora, pero luego tuvo que tomar la dura decisión de dejarlo morir".

Prosigue Bolton: "Cuando subió al barco, se volvió mustio y perdió la fuerza de todos sus músculos. Otros 30 segundos en el agua y sospecho que hubiera muerto. Había tragado muchísima agua y tenía cortes en los brazos tras colisionar con las rocas. Era bastante obvio que llegamos literalmente justo a tiempo, pero sin duda, sin las acciones de su padre, él tampoco estaría con nosotros".

Efectivamente, remolcaron el cuerpo de Peter en su huída de la escena; cuando lograron alzarlo a bordo del barco, pensaban que estaba sin vida. Afortunadamente, Peter pasó la noche en el hospital y pudo recibir el alta al día siguiente.

Gillian Davey, un familiar lejano de los Sleeman, recuerda: "Me llamaron por la tarde para decirme que Peter había muerto y que Paul se había puesto críticamente enfermo. Es terrible lo que ha ocurrido. No es una playa a la que vayamos muchos. Mi marido, por ejemplo, es pescador y no suele ir allí. Hay pocos guardacostas. De hecho fue un golpe de suerte que hubiera gente que viera lo que estaba pasando y lanzaran una voz de alarma".

Fuente: Daily Mail

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