Las inquietantes cifras del sistema penitenciario de Estados Unidos

EEUU necesitaría reducir su población carcelaria en 50.000 para eliminar el hacinamiento (California Department of Corrections)
EEUU necesitaría reducir su población carcelaria en 50.000 para eliminar el hacinamiento (California Department of Corrections)

¿Cuántos presos encierran las cárceles estadounidenses? Probablemente ningún departamento u organización pueda ofrecer una cifra exacta. Pero críticos del sistema penitenciario, dentro y fuera del gobierno, coinciden en una apreciación: hay demasiados.

El crecimiento vertiginoso del número de reclusos en las últimas cuatro décadas apenas se justifica con los vaivenes de la criminalidad. La decisión de mantener a más de dos millones de norteamericanos tras las rejas responde más bien a un pacto social, que los políticos han utilizado hábilmente: para reforzar la seguridad se necesitan leyes rigurosas y estas solo llegarán tras el apoyo a determinado partido. El miedo, ataviado con los viejos ropajes de la discriminación, ha empujado a los votantes a aceptar un sistema de justicia cada día menos efectivo.

¿Cuántos?

Un estudio estadístico publicado en marzo pasado por la Prison Policy Initiative estimaba en más de 2,4 millones las personas privadas de su libertad. Esa enorme masa permanece recluida en 1.719 prisiones estatales, 102 centros penitenciarios federales, 2.258 cárceles para jóvenes, 3.283 presidios locales y 79 en reservas indias. A esa retahíla de números habría que añadir prisiones militares, centros de detención migratoria, instalaciones civiles de detención y otros en territorios administrados por Washington.

Louisiana exhibe la peor tasa de encarcelamiento de EEUU: 1.341 presos por cada 100.000 habitantes (Wikimedia Commons)
Louisiana exhibe la peor tasa de encarcelamiento de EEUU: 1.341 presos por cada 100.000 habitantes (Wikimedia Commons)

La matemática aislada poco revela en cuestiones sociales. Sin embargo, los guarismos se tornan legibles cuando sabemos que EEUU exhibe la mayor tasa de prisioneros del mundo. Según el Departamento de Justicia, en diciembre del año pasado había 478 presos sentenciados por cada 100.000 habitantes. La Prison Policy Initiative, una organización no partisana y sin fines de lucro, eleva esa proporción a 716. El top 10 de las naciones-cárceles la completan Cuba, Ruanda, la Federación Rusa, El Salvador, Azerbaiyán, Panamá, Tailandia, Bielorrusia y Lituania, todas por debajo de 600.

Celdas para negros y pobres

La altísima tasa de encarcelamiento no afecta a todos por igual. En su reporte de finales de 2013 el Departamento de Justicia reconoció que el tres por ciento de todos los hombres afroamericanos guardaban prisión. Eso representa 2.805 presos por cada 100.000 habitantes, es decir, la más elevada proporción del planeta. Los hispanos siguen con 1.134, frente a apenas 466 entre los blancos.

"Las personas encarceladas en Estados Unidos provienen sobre todo de los segmentos más desfavorecidos de la población", aseguran los autores del libro The Growth of Incarceration in the United States: Exploring Causes and Consequences, publicado en 2014. Ese sector comprende a los miembros de las minorías, jóvenes con una educación y experiencia laboral deficientes, que suelen caer en adicciones al alcohol y las drogas, o sufren de limitaciones físicas.

La mayoría de los reclusos son padres de niños y adolescentes. Alejados geográficamente de sus familias o aislados por un sistema que entorpece la comunicación, apenas pueden ocuparse de la educación de los menores. Esa ruptura familiar afecta a uno de cada 28 niños en EEUU (uno de cada nueve entre los afroamericanos). Como consecuencia, muchos de ellos seguirán el camino de sus progenitores. 

Barrotes para sentirse seguros

Hace medio siglo las tasas de encarcelamiento en Estados Unidos no se diferenciaban del resto de los países industrializados. Las revueltas en torno al movimiento por los derechos civiles en los años 60 y el alza en la criminalidad en los 70 convencieron a muchos norteamericanos de que era necesario endurecer las leyes para garantizar la seguridad. 

El Fiscal General, Eric Holder, ha reconocido que hay demasiados estadounidenses en prisión (EFE/Jim Lo Scalzo)
El Fiscal General, Eric Holder, ha reconocido que hay demasiados estadounidenses en prisión (EFE/Jim Lo Scalzo)

Ese consenso coincidió con las ideas sobre la inutilidad de la rehabilitación, impulsadas por autores como el criminólogo Robert Martinson. A partir de 1975 todos los estados adoptaron legislaciones que obligaban a imponer una sentencia mínima. Esas leyes luego fueron reforzadas para castigar a los reincidentes y a quienes cometieran faltas menores. La guerra contra las drogas lanzó a las cárceles a miles de estadounidenses condenados por crímenes no violentos, mientras aumentaba la cantidad de reclusos sentenciados a cadena perpetua.

Durante cuatro décadas los políticos en Washington han respaldado esta estrategia de combate a la criminalidad. A juicio de expertos independientes, la reclusión de millones de estadounidenses ha tenido un impacto marginal en el descenso de los delitos, al tiempo que ha absorbido miles de millones de dólares de los contribuyentes. Según el Hamilton Project, el sistema penitenciario requiere más de 80.000 millones de dólares anuales, sin contar la protección policial y los servicios legales. 

Otros países como Alemania y los Países Bajos prefieren, por el contrario, reducir las penas de prisión y dedicar más recursos a la reintegración social de los infractores. Con una tasa de encarcelamiento de 79 y 82 por cada 100.000 habitantes, respectivamente, la situación de ambos sistemas penitenciarios dista años luz de EEUU. ¿Cuál modelo ofrece los mejores resultados? La respuesta no parece demasiado difícil.

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