Abusos sexuales en la Iglesia Católica, la tozuda mala hierba

Francisco ha prometido tolerancia cero contra los abusos sexuales (AFP | Vincenzo Pinto)
Francisco ha prometido tolerancia cero contra los abusos sexuales (AFP | Vincenzo Pinto)

Los escándalos crecen como champiñones en la huerta de la Iglesia Católica. A pesar de las buenas intenciones del Papa Francisco, el camino hacia la transparencia de esa milenaria institución parece sembrado de piedras corrompidas. Las denuncias por los abusos sexuales de sacerdotes atraviesan América Latina desde Chile hasta México, como eco de lo que ocurre en el resto del planeta.

Barros, solo la punta del lodazal

La designación del obispo Juan Barros al frente de la diócesis de Osorno, 930 kilómetros al sur de Santiago de Chile, pone a prueba la voluntad del Sumo Pontífice de borrar la sombra de los excesos lascivos de los sacerdotes católicos. Barros ha sido relacionado con el caso de Fernando Karadima, culpable de abuso sexual y condenado en 2011 a pasar el resto de su vida en clausura, en un convento del país suramericano.

Según los denunciantes del caso Karadima, Barros asistió a los episodios de violencia sexual y psicológica protagonizados por su tutor en la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús, en Santiago. El prelado, de 58 años, encubrió entonces y aún niega su implicación en los hechos, en contra de la afirmación de al menos tres de las víctimas de Karadima.

El cura chileno Fernando Karadima fue condenado al ostracismo por su implicación en abusos sexuales (AP/La Tercera)
El cura chileno Fernando Karadima fue condenado al ostracismo por su implicación en abusos sexuales (AP/La Tercera)

Aunque sobre Barros no pesan acusaciones criminales, un parte de sus colegas y miembros de la comunidad católica de Osorno ha rechazado públicamente su designación. Las protestas no han hecho cambiar de opinión a Francisco, quien confirmó el nombramiento a principios de marzo.

La Iglesia Católica en Chile pasa por tiempos revueltos. Además del descenso marcado de la feligresía en los últimos 20 años, los escándalos se suceden sin que se avizore la calma. En noviembre pasado el Tercer Tribunal en lo Penal de Santiago condenó a cuatro años y un día de libertad vigilada al sacerdote John O’ Reilly, por haber abusado de una menor del Colegio Cumbres. El irlandés perdió también su nacionalidad chilena por decisión unánime del Senado.

La caída de O’Reilly, líder de la orden de los Legionarios de Cristo en Chile, refrescó la memoria de los crímenes cometidos por el mexicano Marcial Maciel, fundador de esa congregación ultraconservadora. Maciel abusó de dos de sus hijos, concebidos a pesar del celibato, y de varios seminaristas de los Legionarios entre 1941 y 1970. La protección del papa Juan Pablo II le permitió mantener el silencio hasta que Benedicto XVI le ordenó retirarse a una vida de penitencia en 2006. Maciel murió en 2008, dos años antes de que el Vaticano reconociera los delitos y la falta de escrúpulos del religioso.

Bajo la protección de Juan Pablo II, el mexicano Marcial Maciel cometió graves crímenes (AP/Plinio Lepri)
Bajo la protección de Juan Pablo II, el mexicano Marcial Maciel cometió graves crímenes (AP/Plinio Lepri)

En México la tormenta tampoco cesa. En mayo de 2014 la Santa Sede suspendió al sacerdote Eduardo Córdova, mientras la Arquidiócesis de San Luis Potosí presentó cargos criminales contra el pesbítero por abuso sexual y violación de una menor. Córdova huyó y desde junio la Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE) extendió una orden de captura internacional en vigor en 180 países, que cuenta con la cooperación de Interpol.

La lista de los casos graves más recientes la completa el ex Nuncio en República Dominicana, Josef Wesolowski. El sacerdote polaco podría recibir una condena de hasta siete años de prisión en el proceso penal por pedofilia. Wesolowski pagaba a jóvenes dominicanos para tener relaciones sexuales y frecuentaba una zona de Santo Domingo conocida por los casos de prostitución infantil. Según ACI Prensa, se trata del primer obispo arrestado en el Vaticano en la historia moderna de la Iglesia.

¿Cómo extirpar la mala hierba?

Francisco ha prometido una política de tolerancia cero hacia los abusos sexuales. Sin embargo, su cruzada será ardua pues si bien la recogida de mala hierba comenzó hace más de una década, aún los escándalos brotan por doquier en el trigal católico. Fuentes de la Santa Sede aseguran que desde 2004 más de 3.000 sacerdotes han sido procesados por casos de pederastia. De ellos, 848 habían sido expulsados hasta mayo de 2014.

Las víctimas se enfrentan en muchos casos con el sistema de justicia de la Iglesia, que descansa en el Derecho Canónico. En la mayoría de los casos los culpables, aunque sean apartados del sacerdocio y excluidos del estado clerical, no pasan por procesos penales en los tribunales civiles y conservan en consecuencia su libertad. Esa paradoja pone en duda la efectividad de la campaña de Francisco contra la pedofilia.

Si conscientes de su crimen no temen al castigo divino, o superan ese miedo para reincidir, ¿por qué habrían de contenerse ante una punición tan leve? Por otra parte, el castigo terrenal de los abusadores no garantiza la erradicación de hechos similares tras los muros de templos y colegios. La Iglesia Católica tendrá que realizar un doloroso ejercicio de autocrítica si desea recuperar su maltratada credibilidad.   

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