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África: el continente de las guerras interminables

Soldados nigerianos se preparan para combatir a los rebeldes (EFE)Soldados nigerianos se preparan para combatir a los rebeldes (EFE)

Las noticias sobre los combates en Nigeria entre grupos islamistas y el ejército de Lagos no sorprenden a nadie. Los relatos sobre las sucesivas guerras civiles en África han ocupado los titulares durante las últimas cinco décadas, desde que la mayoría de los países del continente obtuvo la independencia.

¿Por qué la paz parece una quimera en esta región del planeta? Las respuestas difieren de un lado al otro del espectro ideológico. La riqueza del suelo africano y su accidentada historia confluyen con los intereses geopolíticos de las potencias mundiales, una esquiva estabilidad política y los desvaríos criminales de los señores de la guerra. En ese remolino de causas han perecido millones de personas.

Joseph Kony, líder del ERS, uno de los más sanguinarios señores de la guerra (AFP)Joseph Kony, líder del ERS, uno de los más sanguinarios señores de la guerra (AFP)

Un drama con muchos autores

No hay un consenso sobre el origen de la tragedia africana. Testigos de los hechos, analistas políticos, historiadores y periodistas han publicado infinitos análisis sobre una realidad demasiado compleja para ser comprendida por una visión excluyente.

En un controversial artículo, el ex corresponsal de The New York Times en África del Este, Jeffrey Gettleman, apunta al fin de la Guerra Fría y el caos posterior como causa principal de los interminables conflictos armados en África. A su juicio el colapso del bloque comunista de Europa del Este habría abierto las compuertas a un flujo descontrolado de pertrechos baratos hacia cualquier país y grupo armado, sin importar el signo ideológico.

El texto “Africa’s Forever Wars”, publicado en la edición de marzo-abril de 2010 de la revista Foreign Policy, también destaca cómo la guerra se ha convertido en un jugoso negocio para las facciones rebeldes, que suelen operar en zonas donde abundan los recursos naturales.

Gettleman, quien trabajó durante 12 años en la región, considera que la guerra civiles africana no son tales, “al menos no en el sentido tradicional”. “Lo que estamos presenciando es el declive de los clásicos movimientos de liberación africanos y la proliferación de algo más salvaje, sucio, violento y difícil de comprender”, sostiene el periodista. “Lo que se ha extendido a través de África como una pandemia es en realidad un bandolerismo oportunista y fuertemente armado”, afirma.

Otra visión proponen los expertos cercanos a la izquierda. En un análisis titulado “Las guerras de Occidente contra el desarrollo africano continúan”, el periodista Dan Glazebrook responsabiliza a las compañías financieras y a los gobiernos de Europa y Norteamérica por la debacle en África. Glazebrook explica cómo los préstamos a corruptos dictadores africanos han contribuido al endeudamiento de los países de la región, mientras las empresas de procesamiento de minerales occidentales se aprovechan del caos para comprar preciadas materias primas a un bajísimo precio.

Glazebrook considera que las potencias conspiran contra la estabilidad en África para perpetuar la debilidad de los gobiernos y las economías, al tiempo que sacan partido de los salarios irrisorios y la explotación de los recursos naturales bajo condiciones muy ventajosas.

Otra visión, expuesta en el Journal of African Economies, de la Universidad de Oxford, atribuye la cadena de guerras civiles a los fracasos económicos y políticos en el continente. Según esta opinión de los economistas Ibrahim Elbadawi y Nicholas Sambanis, la pobreza y la falta de instrucción que afecta a la mayoría de los jóvenes africanos los empuja a enrolarse en los grupos rebeldes.

El sistema colonial europeo, vigente en muchos países hasta la década de 1960, dejó también una pesada herencia. El trazado de las fronteras africanas, acordado básicamente por las metrópolis en la Conferencia de Berlín entre 1884 y 1885, estableció divisiones sin tomar en cuenta la composición étnica de los territorios. Esa fractura planificada en Europa ha sido otra de las fuentes de los incesantes conflictos interétnicos.

Tropas francesas desplegadas en Mali (EFE)Tropas francesas desplegadas en Mali (EFE)

El tablero de la geopolítica

Aunque a los ojos del gran público África aparezca como un continente olvidado por sus incontenibles epidemias, hambrunas y el estado calamitoso de muchas economías, en el ajedrez de la política internacional se disputa con intensidad el destino de la región.

La crisis en Mali representa para algunos analistas el ejemplo perfecto de la puja entre las potencias mundiales. Según el no gubernamental Centro de Investigaciones sobre la Globalización, con sede en Montreal, el combate a grupos afines a Al-Qaeda en el norte de Mali “ha proporcionado la cobertura perfecta para que Estados Unidos y sus aliados occidentales continúen su estrategia de contención de China. Y con la competencia creciente de China a través de África, se entiende el repentino impulso neo-colonial en Occidente.”

Los negocios de Beijing en África preocupan a Washington. En declaraciones ante el Comité de Relaciones Exteriores del Congreso en enero pasado, el Secretario de Estado, John Kerry, apuntó a China como el competidor más poderoso de Estados Unidos en África.

“China está por todas partes en África”, advirtió Kerry “y están adquiriendo contratos a largo plazo de explotación de minerales o lo que sea.” El diplomático lamentó la ausencia estadounidense en algunas zonas, mientras los intereses chinos avanzan. “Tenemos que estar preparados porque creo que nuestras ofertas son mucho más atractivas que las de otros países”, confió el ex candidato demócrata a la presidencia.

El comercio entre China y los países africanos se ha disparado en la última década hasta alcanzar la fabulosa cifra de 200.000 millones de dólares. El gigante asiático se ha convertido de esta manera en el principal socio del continente, por encima de Estados Unidos y la Unión Europea. La economía china importa grandes volúmenes de materias primas esenciales para sus industrias como petróleo, algodón y minerales.

Otro jugador en el tablero africano es Rusia. De acuerdo con reportes del diario británico The Guardian, Moscú ha reforzado su cooperación militar con varios gobiernos africanos que antes contaban con el respaldo de la Unión Soviética. Las ventas de pertrechos rusos representaron el 11 por ciento de las importaciones del África Subsahariana entre 2006 y 2010, según cifras del Instituto Internacional de Investigaciones sobre la Paz, con sede en Estocolmo. Los otros dos principales proveedores de armamentos fueron China y Ucrania.

El costo económico de la guerra

En la actualidad al menos una docena de países africanos padecen los efectos de guerras civiles de mayor o menor intensidad: Somalia, Sudán y Sudán del Sur, Mali, Nigeria, Sahara Occidental y Marruecos, Senegal, Uganda, República Democrática del Congo, República Centroafricana y Libia. En ciertas zonas –como en el Magreb y el área de actividad del llamado Ejército de Resistencia del Señor (ERS)—los grupos rebeldes se desplazan a través de las fronteras y sostienen escaramuzas contra los ejércitos nacionales, las tropas enviadas por Estados Unidos o la Unión Europea y las misiones de Naciones Unidas.

Cálculos de la organización no gubernamental Oxfam Internacional y la Red de Acción Internacional sobre las Armas Ligeras (RAIAL) sitúan en alrededor de 300.000 millones de dólares las pérdidas sufridas por África a causa de los conflictos armados entre 1990 y 2005. La estimación no comprende el impacto económico de esas guerras en los países vecinos, ni los costos posteriores al fin de los combates en naciones cuyas economías han sido devastadas. El estudio abarcó 23 naciones implicadas en conflagraciones internas.

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